En 2004, tras el arrollador éxito de Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra, Johnny Depp decidió cumplir uno de los sueños que había tenido durante años: tener su propia isla privada. La encontró en las Bahamas, un lgar de aguas cristalinas como los que había conocido mientras rodaba el blockbuster que lo convertiría en una de las mayores estrellas de Hollywood, y por tanto una de las mejor pagadas. Le costó 3,6 millones de dólares, y parece que valió la pena.
Ubicado en el archipiélago de las Exumas y accesible únicamente por barco, hidroavión o helicóptero, Little Hall’s Pond Cay es un cayo que se convirtió de inmediato en el edén personal del actor y su familia: "De alguna manera, las matemáticas me trajeron aquí a mi isla. No creo haber visto jamás un lugar tan puro y hermoso. Puedes sentir cómo las pulsaciones de tu corazón bajan unas 20 latidos por minuto. Es una libertad instantánea. Y se puede tener esa rara criatura: la simplicidad. Y una pequeña dosis de anonimato", declaró en Vanity Fair.
Siguiendo los pasos de Marlon Brando
"Cuando me frustraba por ser el chico de moda y encadenar una película tras otra, me decía a mí mismo: 'Calma. Puedo venir aquí y desaparecer'", recordaba Depp en la entrevista. Aquella isla de las Bahamas era mucho más que una propiedad de lujo para el actor: era su refugio. De hecho, la idea de tener una isla propia le acompañaba desde la infancia, como decíamos al comienzo, cuando fantaseaba con vivir una aventura al estilo de Robinson Crusoe. Pero en verdad fue su mentor y amigo, el gran Marlon Brando, que había comprado su propio atolón décadas antes, a quien de verdad quiso emular con esta adquisición.
Lejos de la ostentación de los grandes complejos turísticos, seguimos leyendo en la entrevista, Depp apostó por preservar el entorno en un estado autóctono, adaptando solo una vivienda sencilla con estructuras de estilo tiki y bungalows de techo de paja. Sus días ahí transcurrían ahí entre baños en el océano, el envío de mensajes en botellas que flotaban hacia cayos vecinos para crear búsquedas del tesoro y la peculiar rutina de alimentar a los tiburones nodriza con perritos calientes desde la orilla, según relata en la publicación antes mencionada.
Se podría decir que Johnny Depp se sintió un poco como Jack Sparrow cuando quedaba abandonado en estas islas del Caribe en las películas. De hecho, varias escenas de El cofre del hombre muerto y de En el fin del mundo, segunda y tercera entrega de la franquicia disponible en Disney+, se rodaron en las Bahamas. Es más, una isla vecina, Little Pipe Cay, sirvió de escenario para una de estas películas y otros blockbusters de Hollywood como Casino Royale. Sabemos que en 2023 salió a la venta y se pedía 91 millones de dólares.
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