La industria del cine está de luto. Michael Madsen, uno de los grandes secundarios del cine norteamericano y eterno rostro de tipo duro, ha fallecido a los 67 años el pasado jueves 3 de julio de 2025, en su residencia de Malibú. Según confirmó su representante, Liz Rodríguez, y también fuentes policiales a medios como The Hollywood Reporter, el actor sufrió un infarto. Su cuerpo fue hallado sin vida por los servicios de emergencia después de que se respondiera a una llamada al 911.
Hollywood pierde a uno de sus forajidos más auténticos
Con él desaparece un intérprete cuya presencia bastaba para alterar la atmósfera de cualquier escena. No necesitaba protagonizar una película para que el espectador supiera que "se va a liar parda". Su mera aparición significaba que la tensión iba a dispararse, que el drama se iba a intensificar o que el humor negro cortaría como una navaja de afeitar.
Nacido el 25 de septiembre de 1957 en Chicago, Madsen fue hijo de un bombero veterano de la Segunda Guerra Mundial y de una documentalista ganadora de un Emmy. Su infancia no fue fácil; sus padres se divorciaron cuando él tenía solo 11 años y pasó por varios trabajos humildes antes de lanzarse a la interpretación. Fue en el legendario Steppenwolf Theatre de Chicago, apadrinado por John Malkovich, donde descubrió su vocación.
Su debut cinematográfico llegó en 1983 con la legendaria Juegos de Guerra, y aunque arrancó con papeles secundarios, rápidamente consolidó una imagen de tipo duro con corazón, especialmente en los años noventa, donde apareció en títulos como Thelma & Louise (1991), Liberad a Willy (1993) y Donnie Brasco (1997). En esta última, junto a Al Pacino y Johnny Depp, interpretó a Sonny Black, un mafioso tan elegante como letal, en una de sus interpretaciones más celebradas.
El Sr. Rubio, Budd y el tándem con Tarantino
La leyenda de Madsen quedó grabada a fuego con Reservoir Dogs (1992), el debut como director de Quentin Tarantino. En ella interpretó al infame Sr. Rubio, un psicópata elegante que ha quedado grabado a fuego en el imaginario marcándose un sangriento bailecito al ritmo de Stuck in the Middle with You mientras torturaba a un policía. La escena, ya convertida en icono cultural, es una clase magistral de violencia con estilo, y fue el primer paso de una relación artística que duraría décadas.
Tarantino volvió a contar con él en Kill Bill Vol. 1 y 2 (2003–2004), donde encarnó a Budd, un asesino venido a menos y hermano del mismísimo Bill. Luego llegó Los Odiosos Ocho (2015), con su interpretación de Joe Gage, y un pequeño pero significativo papel en Érase una vez en... Hollywood (2019). Para el Tarantino, Madsen era algo más que un actor recurrente: era una figura con la que podía contar para aportar intensidad, amenaza o tragedia, siempre con una autenticidad visceral. Por su parte, Madsen Madsen declaró en una entrevista con The Hollywood Reporter que "Quentin es, en mi estimación, el mejor director de mi generación". Curiosamente Madsen rechazó el papel protagonista de Pulp Fiction, tal vez la película más conocida de Tarantino, que de rebote resucitó la carrera de John Travolta.
Donnie Brasco
Un tipo duro con alma de poeta
Aunque Hollywood lo encasilló como el "tipo duro de turno", Madsen insistía en que había mucho más detrás del rostro de forajido. "No soy ese tipo. Soy sobre todo un pensador, un observador de la sociedad", confesaba en una entrevista a El País en 2007. Añadía que llevaba una vida solitaria, en tránsito constante, y que escribía versos en bolsas de papel y servilletas.
De hecho, publicó varios libros de poesía y tenía en preparación Tears For My Father: Outlaw Thoughts and Poems, una obra donde reflexionaba sobre su vida, su paternidad y la figura de su padre. Tarantino escribió el prólogo de ese libro y lo describía como "un viaje sobre lo que significa ser hombre en un mundo que ha olvidado lo que es la hombría".
Su hermana lo definió como "un poeta disfrazado de forajido"
Su vida privada fue tan intensa como sus papeles. Tuvo siete hijos de tres matrimonios y vivió episodios marcados por el dolor, como el suicidio de su hijo Hudson en 2022. Su hermana, la también actriz Virginia Madsen, lo definió como "un poeta disfrazado de forajido, una leyenda a medias, mitad carne y hueso, mitad eco y fuego".
En lo personal, siempre me fascinó ese tipo de actores que podían adueñarse de la pantalla sin necesidad de gritar o sobreactuar. Michael Madsen era exactamente eso, Le bastaba con arquear las cejas por encima del puente de unas gafas de sol. Cuando aparecía en una escena, su sola presencia bastaba para activar todas las alarmas. Sabías que algo iba a pasar. Algo gordo. Algo violento. Algo memorable.
Los Odiosos Ocho
Y no solo por su aspecto, con ese físico de boxeador retirado, sino por cómo manejaba el tempo, cómo medía cada frase. Hay pocos actores capaces de medirse en un cara a cara contra bestias interpretativas de la talla de Pacino o Harvey Keitel. Había en él un tipo de autenticidad clásica, que no se estudia en ninguna escuela de interpretación. Era un actor con una brújula interior que apuntaba siempre hacia el conflicto, el riesgo y la violencia. Y por eso, aunque nunca fuera el protagonista, era imposible no recordarle.
Michael Madsen no necesitaba grandes discursos ni premios para ganarse un sitio en la historia del cine. En más de 300 producciones, dejó un legado que va más allá de los créditos: nos dejó momentos que son historia del cine moderno. Madsen fue siempre ese actor en el que podías confiar que iba a liarla parda. Su muerte deja un hueco difícil de llenar, pero también una lección: la de que hay artistas que, con o sin Oscar, logran poner cara una época, una estética y una actitud. Madsen fue uno de ellos. Un forajido que en pantalla mordía más que ladraba.
En 3DJuegos | Quentin Tarantino está harto de internet y afirma que le tacharon de "puto imbécil" solo por defender que le gustó Joker 2
Ver 3 comentarios