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Hoy en Netflix, Gerard Butler y Morgan Freeman protagonizan un thriller de acción tan imprevisible como vertiginoso

Objetivo: Washington D.C. demostró una vez más que nos encanta ver al actor de 300 al límite

Hoy en Netflix, Gerard Butler y Morgan Freeman protagonizan un thriller de acción tan imprevisible como vertiginoso
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Marcos Yasif

Editor - Cine y TV
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Marcos Yasif

Editor - Cine y TV

Periodista y apasionado de la industria del entretenimiento. He crecido con la ilusión de poder viajar por las estrellas como en Star Trek y salvar el mundo como Goku y Superman, dos pasiones que me han llevado a especializarme en cine y series de acción, ciencia ficción y superhéroes. Desde 2022 cuento en 3DJuegos todas las novedades de la pequeña y gran pantalla, con la intención de mantenerte al día con las historias que nos hacen soñar y escapar de la realidad, pero mi historia en la revista comenzó mucho años antes: en 2008.

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No me andaré con rodeos: Gerard Butler es, sin discusión, una de las grandes estrellas del cine de acción del siglo XXI, un actor que ha sabido combinar carisma, presencia física y una capacidad casi innata para liderar franquicias explosivas como la que hoy nos ocupa. La saga "Objetivo", iniciada hace 13 años con Objetivo: La Casa Blanca (Olympus Has Fallen, 2013) y continuada con Objetivo: Londres (London Has Fallen, 2016), culminó —al menos por ahora— con Objetivo: Washington D.C. (Angel Has Fallen, 2019), donde una vez más lo vimos convertidos en el agente Mike Banning, esta vez acusado de haber intentando asesinar a Morgan Freeman. Pero tú y yo sabemos que eso es imposible.

Y es que si algo dejaron claro las dos cintas anteriores de esta serie que mezcla conspiraciones, terrorismo internacional y un ritmo de acción clásico, directo y sin adornos, es que Butler puede ser muchas cosas, pero un traidor al Presidente de Estados Unidos —y menos aún a un Freeman ascendido al máximo poder— no entra en ninguna ecuación. Banning es, ante todo, un tipo leal, testarudo y dispuesto a sacrificarse, el tipo de héroe que sostiene una franquicia entera con su mera presencia. Y además lo hace muy a la vieja escuela, como llegó a afirmar Robert Downey Jr. en su día, dejándonos ver un héroe que no necesita discursos grandilocuentes para demostrar lealtad, que se mueve por instinto y convicción, y que siempre termina en el centro del caos porque, sencillamente, es el único capaz de resolverlo. Y esto, amigos, nos divierte mucho. Hay garantías.

Una película con ritmo y mucha tensión

He de reconocer que cuando se anunció Objetivo: Washington D.C. no las tenía todas conmigo. Objetivo: Londres había bajado el nivel respecto al impacto del filme original, y la idea de convertir ahora a Banning en el blanco de todas las agencias del país —y del criminal de turno— sonaba a giro fácil para justificar otra cacería presidencial. Pero la sorpresa llegó al verla: funciona mejor de lo esperado, recupera parte del pulso de la primera entrega y, sobre todo, aprovecha muy bien la tensión de ver a Banning acorralado, obligado a demostrar quién es cuando todo el sistema se vuelve contra él. Ese conflicto le da aire fresco a la saga y, aunque no reinventa nada, sí entrega exactamente lo que promete. De hecho, podría decir que es la mejor película de toda esta saga.

Morgan Freeman

Es decir, la primera siempre tiene su encanto: descubres al personaje, entiendes la dinámica que sostiene la franquicia y, además, pillas a Butler en pleno prime, con esa mezcla de fiereza y carisma que definió su salto definitivo al cine de acción. Y luego está el detalle curioso de que Objetivo: La Casa Blanca fuera una película gemela, estrenada apenas semanas antes de Asalto al poder (White House Down, 2013), aquel blockbuster con Channing Tatum y Jamie Foxx que ofrecía una versión más pulida y hollywoodiense del mismo ataque a la Casa Blanca. Pero lo interesante es que esta tercera entrega, con más conspiraciones, traiciones internas y un juego político más retorcido, consigue que la historia avance por caminos ligeramente menos previsibles —bueno, dentro de lo que permite el género— y sin perder un ápice de ese ritmo enormemente trepidante.

Y, por supuesto, el reparto suma mucho: tener a Morgan Freeman como presidente, igual que en Deep Impact (otra película gemela) 20 años antes, aporta una autoridad y una presencia que elevan cualquier escena. En conjunto, es una película que demuestra que la saga aún tenía gasolina, aunque por ahora seguimos esperando una cuarta entrega —he visto que en Francia se lanzó una serie de televisión que desconozco—, y que además entra muy bien en verano. Así que os invito a ir a Netflix y darle al play. Si no habéis visto las dos anteriores, también podéis hacerlo. ¿Y se puede ir directo a la tercera? Por supuesto: son propuestas muy fáciles de seguir, aunque cronológicamente todo suma más.

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