Hay una peli sobre Vietnam que llevo años recomendando cada vez que sale el tema, y cada vez me toca decir el título dos veces porque casi nadie la conoce. Se llama La colina de la hamburguesa (Hamburger Hill), la dirigió John Irvin en 1987 y la tienes disponible en Filmin, por si quieres un planazo cinematográfico para esta noche. El caso es que este fin de semana mis compañeros de FilmStarts publicaron un artículo defendiendo algo en lo que yo coincido, que es superior a la ganadora del Óscar, y me dio una alegría tonta leerlo: no estoy solo. Uno se acostumbra a sostener ciertas cosas en solitario y da gusto encontrarse acompañado en la trinchera.
El problema de esta película nunca fue la película, fue el calendario. Llegó a los cines norteamericanos el 28 de agosto de 1987, cuando Platoon ya había arrasado en los Óscar de aquella primavera con cuatro estatuillas, entre ellas película y dirección, y cuando La chaqueta metálica llevaba desde junio acaparando la conversación seria. Detrás venía todavía Good Morning, Vietnam. Cuatro películas sobre el mismo conflicto en catorce meses son demasiadas incluso para un público hambriento de acción militarista, y la que se quedó sin sitio fue la más humilde de todas ellas. Se fue de la taquilla con 13,8 millones de dólares sobre un presupuesto de 6,5. Una pena.
La colina no servía absolutamente para nada
La Colina de la Hamburguesa se basa en hechos reales, no solo en su contexto, sino en una batalla real, y la ficción de Irvin no exagera ni un gramo. En mayo de 1969, dentro de la operación Apache Snow, la 101 Aerotransportada recibió la orden de tomar la cota 937 del valle de A Shau, un montículo pegado a la frontera con Laos que los locales llamaban Dong Ap Bia. Hicieron falta once asaltos y diez días de barro y violencia para conseguirlo. Las cifras bailan según la fuente, entre 56 y 72 estadounidenses muertos y en torno a 370 heridos, con más de 600 bajas norvietnamitas. Los soldados la bautizaron colina de la hamburguesa porque aquello funcionaba como una picadora de carne.
Y aquí viene lo que pocas producciones norteamericanas sobre Vietnam se atreve a poner en el centro: ocho días después de tomarla, el ejército estadounidense la abandonó. No había nada que conquistar porque no se estaba peleando por territorio, se estaba peleando por una estadística, y una guerra que se mide en cadáveres enemigos por semana es una guerra donde una colina vale exactamente lo mismo tomada que perdida. El senador Edward Kennedy subió al Senado a llamar insensata e irresponsable a la operación y aquello se convirtió en uno de los momentos en que la opinión pública norteamericana empezó a ver que haberse metido en semejante berenjenal tal vez no era la mejor de las ideas… ¿Pero cuando ha detenido eso a los Estados Unidos, verdad? Los que ordenaron subir la colina no la subieron, y los que la subieron tenían diecinueve años y no votaban todavía.
Platoon te cuenta una tragedia moral; esta te cuenta un día en la guerra
Vamos con la comparación. Platoon es una gran película y no pienso decir lo contrario: tiene una fuerza narrativa casi bíblica. Pero es también una película con estructura de thriller, con un dilema moral limpio y con un protagonista que aprende algo. El cazador, otro peliculón sobre el mismo conflicto que puedes ver en Filmin, Movistar Plus y Prime Video, funciona en realidad como un retrato de una comunidad obrera de Pensilvania partida en dos, con la ruleta rusa como metáfora del azar puro, y os confieso que también me usta más que Platoon. La Chaqueta Metálica es tremenda, está en Movistar Plus y HBO Max, y tiene detrás a uno de los mejores directores de cine de la historia, así que poco más se puede decir, más allá que de también ponen el dedo en la llaga moral del conflicto. Y Apocalypse Now, incontestable en su épica decadente, directamente se marcha al mito, a Conrad, a la ópera y al viaje río arriba hacia el corazón de las tinieblas. Apocalypse Now la puedes ver en Filmin y aquí sí que os digo que me parece la mejor. Hay más, claro, como Nacido el 4 de Julio, pero creo que estas son las mejores. Entre ellas se enmarca La Colina de la Hamburguesa y en comparación destaca precisamente por los elementos de los que carecen esos otros cuatro clasicotes.
Los soldados la bautizaron colina de la hamburguesa porque aquello funcionaba como una picadora de carne
Las 4 son enormes y las 4, cada una a su manera, te ofrecen un sentido. La colina de la hamburguesa se niega a hacerlo, y ahí está su trampa y su grandeza. No hay héroes, no hay discursos, no hay una escena que redima nada: hay hombres subiendo una cuesta, cayendo, y volviendo a subirla al día siguiente. Carabatsos, que escribió el guion y que había estado en la 1ª de Caballería Aérea, le dijo a Los Angeles Times en 1985 que ninguna película de los setenta, ni El cazador ni Apocalypse Now, contaba la guerra que él había vivido. Entiendo perfectamente que a mucha gente ese vacío se le haga bola, porque una película que se niega a darte una lectura te deja bastante solo al terminar: no es complaciente, no te acompaña y no te consuela. ¿Pero no es exactamente eso lo que sintió un país entero durante quince años? Por no hablar de lo que debió sentir Vietnam, claro.
Dos hombres que estuvieron allí
La autoridad de esta película viene de sus dos autores. Irvin rodó documentales en Vietnam en 1969, precisamente el año de los hechos, y lo que vio le empujó a dejar el documental y pasarse a la ficción. Carabatsos escribió desde su propia experiencia como soldado. Y después Irvin tomó la decisión más valiente de todo el proyecto: exigió catorce intérpretes que el público no reconociera, para que nadie viera una estrella donde tenía que ver a un chaval de tu barrio. Todos pasaron dos semanas de instrucción militar en la base naval de Subic Bay, en Filipinas, donde también se había rodado Platoon, y allí están Dylan McDermott y Courtney B. Vance debutando en cine a pelo, con un Don Cheadle todavía por descubrir al fondo del plano.
Irvin exigió catorce intérpretes que el público no reconociera, para que nadie viera una estrella donde tenía que ver a un chaval de tu barrio
El último detalle es la guinda del pastel. La partitura la firma Philip Glass, y su música hipnótica acompaña una apertura en la que la cámara sobrevuela la jungla mientras se intercalan planos del Memorial de los Veteranos de Vietnam en Washington. Tremendo. Empiezas la película viendo los nombres grabados en el muro y luego pasas dos horas conociendo a los chavales que acabarían ahí. No diré que la moralina sea mucho más fina o sutil que la de Platoon, porque no es así, pero sí que es mucho más elegante a la hora de dosificar su carga dramática. Y si te lo estás preguntando, sí, hay helicópteros haciendo pasadas rasantes, bombardeos de napal y soldados disparando balas de gran calibre como si fueran caramelos en la cabalgata de reyes. Por eso la sigo poniendo por encima de Platoon: Oliver Stone te cuenta cómo era estar allí, y lo cuenta de maravilla, ojo, pero John Irvin te cuenta para qué servía estar allí, que era para nada, y no existe derrota militar mejor explicada que esa.
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