¿Recuerdas la saga Este chico es un demonio? Pues la franquicia pegó el estirón, abandonó los estudios, se hizo el interrail, conoció gente rara pero interesante, probó cosas nuevas, se hizo un tatuaje y ahora ha vuelto convertida en La Momia de Lee Cronin. Se trata de una película de terror que sigue al pie de la letra el manual de Blumhouse Productions a la hora de abordar esta historia clásica. Y la verdad es que está bastante bien, lo suficientemente bien como para haberle gustado a alguien como yo, que no soporta este tipo de cine. Pero también tiene una escena que me ha parecido terrible y que, sinceramente, ojalá alguien hubiera evitado que llegara al metraje final. Es una sensación contradictoria, porque la película me ha atrapado más de lo que esperaba, pero al mismo tiempo me ha dejado con un poso incómodo difícil de ignorar. Esa dualidad define bastante bien lo que propone Cronin con esta reinterpretación.
Porque sí, estamos ante una película que no tiene prácticamente nada que ver con lo que muchos esperan cuando escuchan el nombre de La Momia. Aquí no hay aventuras pulp ni héroes carismáticos enfrentándose a una amenaza ancestral con más espectáculo que sustancia. Sí, sale El Cairo y supuestos arqueólogos que abren un sacrófago de hace 3000 años sin una mascarilla puesta, como si no hubieran oído hablar de Lord Carnarvon y Tutankamón. Lo que hay es una historia que busca incomodar y entretener, y que apuesta por un terror mucho más cercano, más doméstico, más reconocible. Y en ese cambio de enfoque es donde reside tanto su mayor virtud como su principal riesgo. Cronin no quiere reinventar la fórmula de la aspirina,y se resiste a abandonar ciertos patrones del terror contemporáneo, lo que hace que el resultado sea familiar y extraño al mismo tiempo.
La reinvención incómoda de un mito clásico
Hablar de esta película implica detenerse en la figura de Lee Cronin, un cineasta que ha demostrado en muy poco tiempo tener una voz bastante clara dentro del género. Su salto definitivo llegó con Evil Dead Rise, donde dejó claro que no le interesa tanto el susto fácil como el malestar prolongado. Su cine no busca el sobresalto inmediato, aunque tiene sus momentos de susto o muerte, sino esa incomodidad que se queda contigo cuando se encienden las luces. Y eso es exactamente lo que vuelve a hacer aquí, aunque con un envoltorio aparentemente más reconocible. Cronin no adapta la momia clásica, la desmonta y la reconstruye desde cero. ¿Es una buena idea? Bueno, creo que se pierde más de lo que se gana…
Ese enfoque se entiende mejor si lo comparamos con versiones anteriores del mito. La película se aleja por completo del espíritu aventurero de La Momia protagonizada por Brendan Fraser, que convirtió el concepto en una montaña rusa de acción y humor. También se distancia del intento más oscuro pero igualmente espectacular de Tom Cruise en 2017, que acabó diluyéndose en su propio exceso de ambición. Cronin opta por lo contrario: reducir la escala, centrarse en los personajes y convertir el horror en algo íntimo, familiar. Es una decisión valiente, pero también arriesgada en un género donde los niños con problemitas son el pan nuestro de cada día.
La premisa de la película es sencilla, pero está cargada de potencial dramático. Una niña desaparece en Egipto y, ocho años después, regresa a casa en circunstancias imposibles de explicar. Sus padres, interpretados por Jack Reynor y Laia Costa, intentan reconstruir una normalidad que hace tiempo dejó de existir. Sin embargo, esa niña que ha vuelto no es exactamente la que se fue. Y ahí es donde la película empieza a desplegar su verdadero juego. Cronin no tiene prisa por mostrar las cartas, y eso se agradece en una primera mitad que respira tensión. Luego, una vez desatado el bicho, la cosa fluye como uno puede esperar en un estreno de este tipo: sustos, gore y una desagradable exageración de lo grotesco.
A Cronic no le interesa tanto el susto fácil como el malestar prolongado
La interpretación de Natalie Grace es clave para que todo funcione. Su Katie es inquietante y su presencia en pantalla genera una incomodidad constante. Buena parte de la culpa es la de la puesta en escena y del tremendo maquillaje. Hay algo en su manera de moverse, de mirar, que remite inevitablemente a referentes como El Exorcista, peli de la que esta versión de La Momia toma mucho más que de su supuesto referente egipcio. La película juega con la ambigüedad de que estamos ante algo que no comprendemos del todo, exótico, legendario… Pero en realidad es un poco lo de siempre. Si su propuesta de terror funciona es porque se apoya en lo emocional tanto como en lo sobrenatural.
De las pirámides al salón: una momia con piel de posesión
Uno de los aspectos más interesantes de esta reinterpretación es cómo transforma el concepto clásico de la momia. Aquí no hay un monstruo vendado que camina torpemente en busca de venganza. Lo que hay es algo es una entidad que posee, que contamina, que se transmite de una forma casi orgánica. La película mantiene ciertos elementos del imaginario egipcio, pero los utiliza meramente como punto de partida. Egipto es el origen de este horror, pero no su escenario principal. El verdadero campo de batalla es el hogar familiar.
Aunque la idea general no es completamente original, sí está ejecutada con suficiente personalidad como para resultar interesante
En ese sentido, la película conecta directamente con ese subgénero de "niños poseídos" que tantas veces hemos visto en el cine de terror. Solo que aquí todo está revestido con una estética y una mitología que remite tímidamente a Egipto. Es, en cierto modo, una película de posesiones con una skin de pago egipcia, una especie de actualización que busca encajar el mito en las sensibilidades actuales y que personalmente no creo que funcione especialmente bien. Pero también creo que es lo de menos. Aunque la idea general no es completamente original, sí está ejecutada con suficiente personalidad como para resultar interesante. Cronin sabe cómo hacer que lo familiar se sienta incómodo, y eso es algo que no todos los directores consiguen.
A nivel técnico, la película resulta muy destacable. Cronin demuestra un control notable del ritmo y de la puesta en escena, especialmente en las secuencias más tensas. Hay un uso muy consciente de los efectos prácticos, algo que se nota en la textura de las escenas más desagradables. No es un terror limpio ni estilizado, sino algo más orgánico, más sucio, más cercano a lo físico. Ya sabéis, Blumhouse.Y eso contribuye a que el espectador se sienta incómodo de una forma constante. El reparto es la clave: Reynor y Costa aportan una base emocional muy sólida, haciendo creíble el dolor y la culpa que arrastran sus personajes. Esa dimensión dramática es fundamental para que el terror funcione, porque todo lo que ocurre tiene un impacto real en ellos. Además, hay momentos de auténtica locura que recuerdan al mejor cine de Sam Raimi, especialmente en una escena durante un funeral que mezcla lo delirantemente desagradable con un humor negro muy efectivo. Es una secuencia que demuestra que Cronin también sabe divertirse dentro del caos.
Cuando el terror se pasa de la raya
Sin embargo, no todo es positivo. Como decía al principio, hay una escena que me ha parecido especialmente problemática. La película aborda temas muy complejos como la responsabilidad de los padres, la culpa o el desgaste de las familias con miembros dependientes. Todo eso me parece no solo legítimo, sino necesario dentro del género. El terror siempre ha sido una herramienta muy potente para explorar realidades incómodas. Pero hay una línea que, en mi opinión, no se debería cruzar con tanta ligereza. Y aquí, en un momento muy concreto, creo que se cruza.
Esa escena apunta claramente hacia el tema de los abusos infantiles, y lo hace de una forma que, aunque no es explícita en el sentido tradicional, sí resulta profundamente perturbadora y gráfica. El problema no es tanto la intención como la ejecución. La película parece querer hacer una crítica, pero la forma en la que lo representa me ha generado una incomodidad que va más allá del terror y entra en un terreno moralmente delicado. Creo sinceramente que es una decisión cuestionable, y que alguien debería plantearse si era necesario llevarlo a la pantalla. Hay temas que requieren cierta responsabilidad moral y social, una sensibilidad especial, y aquí no estoy seguro de que se haya tenido en cuenta.
Una película efectiva en un género saturado
Más allá de ese momento concreto, la película funciona razonablemente bien dentro de sus propias reglas. Es entretenida, es tensa y, en muchos momentos, resulta incluso disfrutable, algo que no esperaba decir de una propuesta de este tipo. Sin embargo, también es cierto que no estamos ante una obra especialmente original. El terror contemporáneo lleva años explorando las mismas ideas, y esta película no rompe del todo con esa tendencia. Por muy bien hechos que estén hechos sus mejores momentos, se ven venir a la legua. Se mueve dentro de unos márgenes tan reconocibles que seguramente carezca de impacto para quienes estén más familiarizados con el género.
Aun así, hay que reconocerle el mérito de hacerlo con cierta personalidad y con cierta ambición temática. No es una película que se conforme con asustar, quiere decir algo, aunque no siempre acierte en cómo hacerlo. Y eso ya es más de lo que ofrecen muchas producciones similares. En un panorama saturado de propuestas que repiten fórmulas sin aportar nada nuevo, esta La Momia al menos intenta jugar con las expectativas. A veces lo consigue, otras no tanto, pero el intento está ahí y creo que en esta ocasión resulta bastante válido.
En conjunto, La Momia de Lee Cronin es una película irregular, pero interesante. Tiene momentos muy logrados, tanto a nivel técnico como interpretativo, y sabe generar una atmósfera incómoda que se mantiene durante buena parte del metraje. También tiene momentos muy divertidos y alguna que otra sorpresa escabrosamente costumbrista. Dicho esto, no puedo negar que me ha resultado entretenida e incluso disfrutable, algo que tiene mérito teniendo en cuenta que no soy especialmente fan de este tipo de cine. No es perfecta, ni mucho menos, pero tiene suficiente personalidad como para destacar durante algunas semanas en la cartelera actual. La Momia se estrena este 17 de abril en cines, y si te gusta el terror que incomoda más de lo que asusta, probablemente encuentres aquí algo que merezca la pena. Y no, no sale Brendan Fraser.
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