Tal y como se esperaba dada la magnitud de la serie a la que busca dar continuidad, Peaky Blinders: El hombre inmortal está triunfando en Netflix. La película protagonizada por los irlandeses Cillian Murphy y Barry Keoghan ha logrado hacerse con el número uno en 82 países donde la plataforma está disponible, y pocos dudan de que su cifra de visualizaciones será muy abultada. También parece estar gustando bastante a la audiencia, pero yo, sin embargo, tengo algunas dudas sobre si esta era la historia que quería encontrarme.
No voy a hacer spoilers del final del drama de gánsteres de la BBC, aunque si estás leyendo este texto es porque te interesa saber de qué va una película que, en mi opinión, arruina ese cierre. Y sí, has leído bien: se lo carga. Era de esperar; había que darle una nueva aventura a Tommy Shelby, a su linaje, y eso no era posible sin obligar al personaje a salir de la situación en la que se encontraba en aquel magnífico episodio bautizado como Lock and Key. La pregunta, por tanto, no es si lo estropea, sino si justifica hacerlo. Y ahí siento decir que no estoy conforme con el resultado que muestra la película por mucha explicación pausible.
Ahora te das cuenta de la importancia de Arthur
En primer lugar, por las ausencias. Ya sabíamos que, por motivos aparentemente creativos, no íbamos a ver a Paul Anderson, el actor encargado de dar vida a Arthur Shelby, y este es uno de esos casos en los que no te das cuenta de cuán importante es un personaje hasta que lo echas en falta. Peaky Blinders no era solo la serie de Cillian Murphy, como decía el tercero de los hermanos en la ficción, y no contar con la fuerza en pantalla de Arthur junto al implacable, frío y calculador Tommy le resta potencia al relato, y también una pizca de variedad. No me convence la explicación que dan sobre por qué no está aquí, ni tampoco me parece acertado que se olviden de una vendetta.
En su lugar, lo que tenemos es una historia monopolizada por Duke, el hijo de Tommy, que se presenta de una forma quizá realista en el contexto de la serie, pero que no es el desarrollo narrativo que más apetecía ver. Todo ello está rodeado por un contexto bélico que no termina de integrarse tan bien como parecía. Me da la sensación de que esta es más una película de relevo generacional que un verdadero punto final para uno de los personajes más importantes de la ficción del siglo XXI. Pero, a pesar de todo, no puedo negarlo: es entretenida, tiene rostros conocidos y, además, no se adentra demasiado en el lore de la franquicia como para resultar pesada para un recién llegado.
Peaky Blinders: El hombre inmortal presenta así una historia en la que Tommy debe salir de su autoexilio impuesto para hacer frente a una conspiración nazi que involucra a su propio hijo y que amenaza tanto a su familia como al país. Es una excusa suficiente para ofrecernos algunos momentos desgarradores, varios tiroteos y, en definitiva, mucho de lo que convirtió a este relato en una de las mejores producciones sobre gánsteres jamás escritas. No dudes en darle al play en Netflix y así garantizar que la saga continúe, algo que de hecho ocurrirá con el anuncio de hasta dos series ambientadas en una Birmingham en reconstrucción tras los devastadores bombardeos de la Segunda Guerra Mundial aquí vistos.
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