Máquinas mortales tenía ciudades ambulantes, distopías, romance juvenil, la magia que dio vida a El Señor de los Anillos en el cine detrás y cuatro novelas para levantar una franquicia cinematográfica sobre ellas. Lo único que no tenía era una forma de explicarle a nadie de qué iba en un tráiler. Ese fue uno de los motivos por los que Peter Jackson fracasó estrepitosamente a la hora de crear su propio fenómeno juvenil al estilo Harry Potter.
Me acuerdo perfectamente de la primera vez que vi a Londres salir de caza. Diciembre de 2018, sala grande, y durante los diez primeros minutos de Máquinas mortales (Mortal Engines) pensé que estaba ante el bombazo del año. Una ciudad entera montada sobre orugas, con la cúpula de San Pablo asomando por encima como un mascarón de proa, persiguiendo a un pueblucho minero por una llanura de barro. La puesta en escena me pareció tremenda y te digo más, me lo sigue pareciendo. Era incluso mejor a como me lo había imaginado al leer los libros…
No quedó estudio en Hollywood sin un becario rastreando literatura juvenil en busca del siguiente milagro. Se compró de todo, se estrenó casi de todo y funcionó muy poco
El problema es que mi emoción apenas duró esos primeros 10 minutos, en cuanto vi que los libros originales habían quedado relegados a una mera anécdota. Ese fue otro motivo del fracaso de este proyecto: quisieron crear un fenómeno al estilo Harry Potter, pero al contrario que las pelis del joven mago, con Máquinas Mortales se olvidaron bastante de lo que hacía especial la obra de Philip Reeve. Una pena. Si no has visto la peli, o leído las novelas, te cuento de qué va la vaina: En un futuro devastado, las ciudades ya no están ancladas al suelo: se han convertido en enormes máquinas que recorren el mundo persiguiéndose y devorándose unas a otras para sobrevivir. En medio de este peculiar apocalipsis, Tom Natsworthy y Hester Shaw se ven arrastrados a una aventura que destapa las guerras, secretos y ambiciones que mantienen en marcha este brutal mundo.
Todos los estudios buscaban su Harry Potter y a Jackson le tocó el libro más raro del montón
Conviene recordar cómo estaba el patio de las licencias cinematográficas en aquellos años. Después de que Warner y New Line se sacaran de la chistera las dos sagas simultáneas en 2001 de J. K. Rowling y Tolkien, no quedó estudio en Hollywood sin un becario rastreando literatura juvenil en busca del siguiente milagro. Se compró de todo, se estrenó casi de todo y funcionó muy poco. Jackson se hizo con los derechos de Máquinas mortales en 2009, y acto seguido se metió en El Hobbit y su aventura con Tintín, o sea, un no parar.
Jackson, en su faceta de productor, eligió a uno de sus colaboradores de confianza, Christian Rivers, para dirigir esta peli, y fue un encargo que tal le vino algo grande dada su inexperiencia como director. Cuando la peli llegó por fin a los cines habían pasado 17 años desde que Philip Reeve publicara la novela en 2001. En ese tiempo la distopía juvenil nació como categoría industrial, se hinchó, dio dos o tres taquillazos y se pegó el batacazo: Leal hundió la saga Divergente en 2016 hasta el punto de que la cuarta entrega no llegó a rodarse, La quinta ola murió ese mismo año y Mentes poderosas se estrelló en agosto de 2018, cuatro meses antes, con más pena que gloria. Universal salió a vender aventuras adolescentes en un mercado que ya estaba más interesado en los superhéroes de Marvel.
El Darwinismo Municipal es una gran idea, pero hay que querer explicarla
Reeve llevaba dándole vueltas a la idea desde finales de los ochenta, según cuenta él mismo, y la remató en 2001 con un concepto que a mí me fascina: siglos después de la Guerra de los Sesenta Minutos, las ciudades se han subido a unas orugas gigantescas y se devoran entre ellas. Lo bautizó Darwinismo Municipal y funciona de maravilla en el libro, entre otras cosas porque el libro tiene doscientas páginas para explicártelo y porque resuena con una citación económica real de lo más alarmante. Pero por algún motivo este contexto no parecía interesar especialmente a los responsables de la adaptación cinematográfica.
230 millones largos de desembolso total. Una recaudación de 83,9 millones en total. Lo que en Hollywood se llama pabernos matao
El espectador llega al cine y ve a Londres persiguiendo a un pueblo minero y no sabes si estás ante una metáfora, un chiste a lo The Crimson Permanent Assurance de Terry Gilliam o una idea demasiado extravagante. Jeff Bock, de Exhibitor Relations, lo resumió en un análisis de taquilla de Variety: un auténtico desastre navideño y un trozo de carbón para Universal. Entre un escenario confuso y una trama romántica de lo más sosa, Máquinas Mortales supuesto un tropiezo carísimo. Y ojo, que el concepto no es invendible por naturaleza: El mundo invertido de Christopher Priest es una de las novelas de ciencia ficción más interesantes de los últimos 50 años y tienen un punto de partida muy similar, el de una ciudad que se desplaza por un escenario apocalíptico en busca de recursos, y no hace mucho os recomendé Silent Jenny, uno de los mejores cómics que he leído últimamente y que también comparte algunas ideas urbanísticas.
En la novela, Hester Shaw no tiene nariz, y esa nariz era la película
En los protagonistas, además, está, para mí, el mayor problema de la adaptación de Máquinas Mortales. Reeve describe a su protagonista sin piedad ninguna: la boca torcida en una mueca permanente, la nariz convertida en un muñón destrozado y un único ojo mirando desde las ruinas de lo que ante era su cara, gris y frío como un mar de invierno. En la peli, Hera Hilmar luce una cicatriz discreta en la mejilla y conserva los dos ojos. Christian Rivers explicó en unas declaraciones recogidas por SlashFilm que en un libro puedes describir a alguien horrible porque el lector lo suaviza por su cuenta.
Creo que lo que Rivers quería decir en realidad es que cree que la gente no quiere ver a personas feas en el cine. Jackson matizó que una cicatriz literal habría distraído al espectador durante toda la proyección. Yo creo que dado como está el patio, donde el éxito de una peli (o un videojuego) depende de las opiniones en redes sociales de si la protagonista es o no atractiva, incluso meses antes del estreno o lanzamiento, les da la razón. Es una razón vergonzosa, eso sí.
Y lo entiendo, de verdad que lo entiendo. Pero el arco completo de Hester depende de que su cara sea insoportable de mirar, y en cuanto la haces mirable, la historia deja de ir sobre lo que iba. Imagina que Nolan en su Odisea, entre los muchos cambios que ha introducido, hubiera hecho que Odiseo no tuviera el más mínimo interés por regresar a Ítaca, o que su hijo Telémaco renegara de él por abandono familiar y no tuviera ningún interés en retomar la relación, o que Penélope hubiera elegido a alguno de los pretendientes porque 20 años para bajar a Troya a comprar tabaco son muchos en realidad. Hay cosas que si las cambias, ya son otra cosa completamente diferente.
Es lo mismo que le hicieron a La brújula dorada en 2007, cuando New Line limó la carga anticlerical y contra los modelos educativos actuales del la saga literaria juvenil de Pullman, generando otro tremendo fracaso para una saga cinematográfica que también quería ser la nueva Harry Potter. No aprendemos. Y no es solo la cicatriz. El libro es más seco, más cruel y bastante menos amable con sus personajes de lo que jamás llegó a ser la peli, que redondea el romance, ablanda el final y convierte una fábula áspera sobre ciudades caníbales en lucha por unos recursos cada vez más escasos en una aventurilla de lo más sosona.
110 millones de presupuesto, un responsable agotado y Spider-Man
Volvamos con el director. Rivers conoció a Jackson con 17 años y empezó dibujando storyboards para Braindead en 1992. De ahí salió una carrera impecable y siempre al servicio de la imagen y la narrativa visual: Criaturas celestiales, efectos visuales en Las dos torres y El retorno del Rey, el Óscar a los mejores efectos por King Kong en 2006, y segunda unidad en las tres de El Hobbit. Su debut como director de largometrajes fue una superproducción de 110 millones de dólares y un piñazo en taquilla tremendo.
Rivers no ha vuelto a firmar otro largometraje, por algo será
Jackson habló de ello en una entrevista con Empire cargándose con parte de la culpa en su responsabilidad como productor: no estaba en el estado mental adecuado, podía dirigir la peli agotado o dársela a alguien joven y con más energía y limitarse a echarle una mano. El resultado es que Rivers no logró hacer de la potente identidad visual del proyecto algo narrativamente interesante. El diseño de producción es soberbio y las persecuciones están construidas con mucho oficio, pero en cuanto los dos personajes aparecen en pantalla para dirigirse la palabra la película se queda sin impulso.
Vamos con los números: 230 millones largos de desembolso total. Una recaudación de 83,9 millones en total. Lo que en Hollywood se llama pabernos matao. El estreno del 14 de diciembre de 2018 fue un despropósito de calendario. Spider-Man: Un nuevo universo abrió ese fin de semana con 35,4 millones y a siete días esperaban Aquaman y Bumblebee. Máquinas mortales arrancó en quinto puesto. En diciembre, ejecutivos de estudios rivales calculaban una pérdida de entre 100 y 125 millones, pero la cifra buena llegó cuatro meses después: Deadline cerró la cuenta definitiva en su torneo anual de rentabilidad con 174,8 millones de pérdida neta, primer puesto del año.
Máquinas mortales (Mortal Engines 1) (Sin límites)
Rivers no ha vuelto a firmar otro largometraje. Weta se llevó un premio VES por unas maquetas increíbles que casi nadie fue a ver al cine, y que son testimonio de la cantidad de gente que se dejó tres años de vida en esta producción. Lo que más rabia me da no es que la peli sea mala, que lo es. Es que había ahí una historia muy interesante y alguien decidió maquillar y peinar para que entrara en un molde que en 2018 ya no interesaba a nadie. Os recomiendo los libros especialmente si tenéis el corazón de lector joven.
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