Su nombre es sinónimo de nostalgia pura y dura. Sean Astin, quien ahora mismo preside el Sindicato de Actores de Estados Unidos, nos ha acompañado durante 45 años de carrera y seguro que lo recordarás por El Señor de los Anillos, la multimillonaria producción que lo colocó en el radar de muchos espectadores en los años 2000. Sin embargo, y a pesar de que su papel como Sam Gamyi fue enorme, aplaudido y querido, estuvo muy lejos de ser tan lucrativo como muchos podrían imaginar. De hecho, el propio Astin ha destacado que, pese al enorme éxito de las películas, acabó viéndose obligado a vender su casa.
Como hemos mencionado, Astin comenzó a trabajar desde muy, muy joven. Su primera película fue la mítica Los Goonies, de Richard Donner, donde un Astin de 14 años se presentó al mundo. Desde entonces, su carrera ha sido tan irregular como reconocible, especialmente en películas de corte cómico o dramático, destacando Rudy. Incluso llegó a participar en la industria del videojuego dando voz a Hércules en Kingdom Hearts. También formó parte de la quintaesencia de la nostalgia ochentera con un papel secundario en Stranger Things.
No obstante, todos asociamos a Astin con Samsagaz Gamyi, el inseparable amigo de Frodo y, cómo no, gran amigo de Elijah Wood fuera de la pantalla. Él, como el resto del elenco, pasó más de un año rodando en la otra punta del mundo la trilogía de El Señor de los Anillos de Peter Jackson. Sin embargo, en una entrevista concedida a The Guardian reflexionó sobre lo curioso y, en ocasiones, desproporcionado que resulta el contraste entre la popularidad de un actor y la remuneración que recibe por su papel más icónico. Según explica, el fenómeno mundial que se generó alrededor de las tres películas le cogió completamente por sorpresa, especialmente porque el contrato que había firmado estaba muy por debajo de lo que terminaría representando la franquicia para el cine y la cultura popular.
"No estaba preparado para ese nivel de visibilidad y de reconocimiento", afirmó el actor, ganador, junto al resto del reparto, del Premio del Sindicato de Actores al Mejor Reparto por cada una de las películas de la trilogía. Tal fue la desconexión entre la atención que recibía y el dinero que tenía una vez terminó su trabajo en la saga que el actor estadounidense se sinceró: "Tuve que vender mi casa porque negocié una cantidad muy pequeña por la trilogía", añadió. Es más, el pasado 2025 mencionó que recibió un pago de 250.000 dólares por las tres cintas, aunque admite al diario británico que, hoy en día, disfruta de una situación financiera estable.
Aun así, no guarda malos recuerdos de su paso por la Tierra Media, e incluso no se mantiene reacio a volver al cine interpretando a Sam. En caso de que ese esperado regreso terminase produciéndose, Astin tiene claro que hay una condición que le gustaría cambiar respecto a hace 25 años. Al ser preguntado si esta vez negociaría un mejor contrato, respondió entre risas con un rotundo "Claro que sí". Cabe recordar, además, que está en desarrollo, aunque aún en fase de preproducción, The Lord of the Rings: Shadow of the Past, una cinta que apunta a ser la primera película con toque de terror de la saga, con la hija de Sam, Elanor Gamyi, como aparente protagonista.
El autor de The Witcher no esperaba el éxito de los juegos
El caso de Sean Astin no es extraño, ni mucho menos. Con contratos firmados con mucha anterioridad y con proyectos que no las tienen todas consigo, porque cabe recordar que El Señor de los Anillos fue un riesgo económico enorme para New Line Cinema y Peter Jackson, en ocasiones se firman acuerdos a la baja. Eso mismo pasó con Andrzej Sapkowski, reconocido autor de la saga de novelas The Witcher y, en última instancia, creador de este universo.
El escritor, aunque comenzó su vida laboral como economista, ha reconocido en varias ocasiones que negoció mal la venta de los derechos de la saga de fantasía a CD Projekt RED. Es un secreto a voces: el estudio polaco le ofreció a Sapkowski los royalties correspondientes a los juegos de la saga desarrollados por CD Projekt o un pago único de 9.500 euros al cambio. El autor, sin embargo, escogió el pago porque no tenía particular fe en el éxito de un juego basado en su mundo, algo que se le tornó agridulce años después e incluso le llevó a protagonizar ciertas polémicas tras exigir al estudio de desarrollo, con carácter retroactivo, un pago más suculento.
Vía | Espinof
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