¿Hay algo más épico que un enano barbado y acorazado blandiendo un hacha doble? Si es que cierras los ojos, lo piensas y casi puedes puedes oír el The War of Wrath de Battlelore... Gimli, el enano más famoso de la mitología de Tolkien podría protagonizar perfectamente esa imagen mental, célebre por esa enorme hacha de doble hoja con la que reparte estopa desde Moria hasta el final de la Guerra del Anillo. Pero resulta que esa hacha no es suya.
Si te fijas en La Comunidad del Anillo, el enano baja a las minas con sus propias armas, un hacha de mano y otra arrojadiza, y las pierde luchando contra el Trol de las Cavernas en la Cámara de Mazarbul. Ahí, en plena refriega, agarra lo primero que encuentra: una gran hacha de guerra que había pertenecido a Balin, el Señor de Moria caído. Le debió de convencer el mango, porque se la lleva y la convierte en su arma para el resto de la trilogía. ¿Sabíais que el hacha más reconocible del personaje es, en realidad, un objeto recogido junto a la tumba de su antiguo dueño?
El Señor de los Anillos: Armas y Guerra es una guía ilustrada que profundiza en las batallas, ejércitos, armas, armaduras y criaturas de la trilogía cinematográfica dirigida por Peter Jackson.
Ahora bien, hay que explicar de dónde sale esto. No lo dice el texto de Tolkien: en la novela, Gimli usa su propia hacha y no hay ningún cambio de arma junto al sepulcro de Balin. Es una idea de las películas de Peter Jackson, un trasfondo que crearon los cineastas y que quedó fijado en el lore oficial de las pelis, en concreto en el libro Weapons and Warfare. Incluso hay una capa más profunda en ese mitología que sugiere que el arma sería nada menos que el hacha de Durin, una reliquia de la Primera Edad, aunque eso ya no está tan claro.
Técnicamente Gimli sale de Moria con un arma que no era suya, cogida al lado de un cadáver, y eso lo convierte en saqueador de tumbas. Pero Balin no era un desconocido cualquiera: era pariente cercano de Gimli, primo de su padre, y el enano llevaba toda la travesía deseando reencontrarse con él antes de descubrir que lo habían matado años atrás. Coger su hacha en mitad de la batalla, con los orcos encima y sus propias armas perdidas, se parece más a una herencia forzada por las circunstancias que al mero pillaje y saqueo.
Gimli con una de sus hachas originales en Moria
La literatura heroica lleva siglos llenando de sentido las armas heredadas de un muerto, espadas mágicas y amuletos protectores de todo tipo, y esta encaja en esa tradición: ese hacha que asocias a la ferocidad de Gimli guarda dentro una historia de duelo, de un pariente perdido, de resistencia épica y de un arma recuperada in extremis. Ese detalle no estaba en tu cabeza la primera vez que la viste blandirla (ni en la de Tolkien al escribir los libros de El Señor de los Anillos), y ahora ya no lo vas a poder olvidar. Es un añadido que Peter Jackson se sacó de la manga, cierto, pero es tan bueno que casi apostaría a que al propio Tolkien le habría encantado.
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