Me he enganchado a The Pitt, una serie estrenada hace dos años en HBO Max y construida con una narrativa en tiempo real que nos sumerge en el caos absoluto de la sala de urgencias de un hospital durante un día especialmente complicado. Su protagonista es Noah Wyle, que regresa a un entorno médico tres décadas después de su mítico papel como el Dr. John Carter en Urgencias junto a George Clooney. Pero, ¿qué ha hecho entre medias? Básicamente, intentar salvar el mundo de una invasión alienígena para nada menos que Steven Spielberg.
Antes de meterme en faena —y antes de que alguien venga a recordármelo—, sí, soy plenamente consciente de que Noah Wyle también fue el protagonista de The Librarian, ese universo de telefilmes y series de aventuras con un toque fantástico muy Indiana Jones que todos hemos visto alguna vez haciendo zapping en un canal de pago. Un proyecto que, pese a su presupuesto, acabó dando lugar a una franquicia muy entrañable gracias a su mezcla de humor ligero, misterio arqueológico y el carisma de su estrella. Pero aquí he venido a hablar de Falling Skies por una razón: el drama de acción sci-fi aterrizó en Netflix hace unas semanas y desde se ha colado en los top-10 de varios países como Polonia.
Siguiendo la estela de Galactica en tierra firme
¿Tú no? ¿A qué estás esperando? En este artículo voy a intentar ser muy breve y contarte por qué deberías darle una oportunidad a un programa que llega con el sello de una producción creada por Steven Spielberg y Robert Rodat, su guionista en Salvar al soldado Ryan, y que se mantuvo a lo largo de sus cinco temporadas gracias al trabajo de varios escritores procedentes de Battlestar Galactica. Muchos consideran esta última la mejor serie de ciencia ficción del siglo XXI, y hay que decir que Falling Skies comparte con ella notables similitudes argumentales: la resistencia como motor dramático, el peso de la moral en tiempos de guerra y la construcción de una comunidad en medio del colapso.
Eso sí, aquí sustituíamos las naves espaciales por autopistas abandonadas, ciudades en ruinas y armamento contemporáneo, y en vez de enfrentarse a las máquinas, a los cylons, la humanidad tenía que lidiar con una invasión alienígena mucho más compleja de lo que parece en un primer momento. Hay que decir que Falling Skies no empieza con un Día Cero tal y como vemos en Independence Day o la más reciente Invasión, que podemos ver en Apple TV. En lugar de ello, nos lleva directamente a un mundo donde los gobiernos han perdido la guerra contra las fuerzas de ocupación y los civiles se unen en grupos de resistencia.
Que esté Robert Rodat detrás —guionista también de la estupenda El patriota, de Roland Emmerich y Mel Gibson— no es casualidad. Falling Skies se siente, en muchos sentidos, como si narrara una segunda guerra de la independencia estadounidense, solo que esta vez contra invasores extraterrestres. Y ahí es donde entra en juego Noah Wyle: su personaje, Tom Mason, no es un exmarine con músculos de acero ni un agente secreto con entrenamiento de élite, sino un profesor de Historia militar de la Universidad de Boston que aplica tácticas reales de guerrilla para tratar de superar a un enemigo superior en casi todo.
También ejerce de brújula moral: de nada sirve derrotar a los alienígenas si, en el proceso, nos convertimos en monstruo. Y no solo eso: Falling Skies —quizás por tener a Spielberg entre sus impulsores— insiste una y otra vez en la importancia de la familia como núcleo temático y como motor de resistencia. La serie no solo muestra la lucha por la supervivencia, sino también la necesidad de preservar los vínculos, la empatía y la humanidad en medio del colapso. No es algo exclusivo de este programa, pero creo aquí sus guionistas lo hicieron medianamente bien.
No es un simple mata-mata, hay complejidad
Lo que os he contado hasta ahora es solo el punto de partida. Falling Skies se extendió durante cinco temporadas —52 episodios, para ser exactos—, así que hubo margen de sobra para introducir giros argumentales y ampliar su lore.
Sin entrar en detalles que puedan arruinaros la experiencia, basta decir que la invasión alienígena no es un bloque monolítico: con el tiempo descubrimos que existen varias facciones con motivaciones bastante distintas. La serie evita así estancarse en el clásico "humanos contra monstruos", presentando un mapa galáctico que se vuelve enormemente complejo y donde la resistencia se ve obligada a replantear alianzas, estrategias y mucho más. También tenemos que hacer frente a amenazas que van más allá del simple mata-mata, con misterios capaces de provocar ese "solo un episodio más y me acuesto".
¿Y no hay nada malo? Bueno, sigue siendo una serie de nicho de principios de los 2010, antes de que las plataformas de streaming irrumpieran con presupuestos cinematográficos para captar tu atención, por lo que a Falling Skies a veces se le notan las costuras, aunque los alienígenas, en mi opinión, están conseguidos. También son 52 episodios —52 horas de contenido— en los que no todo está al mismo nivel, si bien tampoco creo que haya un gran bajón de una temporada a otra. Su desenlace, eso sí, no fue del agrado de todos los espectadores, aunque eso, ahora que estamos con The Boys, ya casi parece una tradición.
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