Phil Spencer gastó 80.000 millones en construir una catedral para Xbox, pero la Falacia del Costo Hundido es lo que ha acabado con él

Phil Spencer gastó 80.000 millones en construir una catedral para Xbox, pero la Falacia del Costo Hundido es lo que ha acabado con él

  • Phil Spencer es a Xbox lo que Steve Ballmer supuso para Windows

  • Asha Sharma, en cambio, es lo que Satya Nadella fue para Microsoft

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Spencer
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Rubén Márquez

Editor - Trivia
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Rubén Márquez

Editor - Trivia

Aunque la noticia de ayer sobre la caída de Phil Spencer como jefe de Xbox nos pilló a todos por sorpresa, no es menos cierto que era un titular fácil de imaginar desde hace meses. La perspectiva de Microsoft respecto a su negocio ha cambiado radicalmente durante los últimos años y, a tenor de los últimos movimientos de la industria, la espada de Damocles llevaba tiempo colgando sobre una forma de hacer marca y videojuegos que poco tiene que ver con lo que imaginaba el hasta ahora CEO de Xbox desde su entrada. 

La de Phil Spencer era una idea romántica. Pasaba por dar forma a una gran catedral de Xbox en la que la marca eran los cimientos, los estudios los bloques de ladrillos, y las vidrieras un catálogo de juegos destinado a iluminar de la forma más llamativa posible a los cánticos y misas que se escuchaban dentro. Esas que, con más fe que resultados, nos invitaban a abrazar un futuro en el que Game Pass debía convertirse en salvador. 

Microsoft necesita otra Xbox

El problema es que los casi 80.000 millones de dólares que Phil Spencer se ha gastado en dar forma a esa catedral, a base de adquirir gigantes como Bethesda o Activision Blizzard, además de otra docena de estudios y una inversión tremenda en promocionar la premisa de Game Pass, garantizaban la estructura de la catedral pero no a los fieles. Y sobre todo, estaba lejos de garantizar su rentabilidad. Digamos que el arquitecto de una catedral no se encarga de cobrar los diezmos por una sencilla razón, no es lo que mejor se le da.

Con el cambio de rumbo de Microsoft, uno apoyado en la IA y los servicios como principal baza, poner al arquitecto a deconstruir esa catedral no es una buena idea. Menos aún si, en vez de hacerse poco a poco tirando de un cincel con delicada maestría, se hace con una bola de demolición capaz de arrasar con lo que se le ponga por delante. 

Phil Spencer

Si Phil Spencer ha saltado del cielo a los infiernos para buena parte de la comunidad es precisamente por el desgaste psicológico que supone esa jugada. No puedes despedir con frialdad a los jefes y creativos de estudios con los que te has abrazado ante las cámaras. 

Para tirar abajo esa catedral y construir un centro comercial necesitas un verdugo. Alguien que no esté atado a esos lazos emocionales y pasión con los que identificábamos a Phil Spencer para que, de rebote, su imagen cada vez más ensuciada no termine salpicando a una marca que tampoco pasa por su mejor momento. Asha Sharma es la personificación de ese rol y, lejos de llegar al puesto bajo la sombra de ese espíritu gamer vestido con camisetas de sagas olvidadas, lo hace con la optimización de recursos que la IA ha convertido en imprescindible para salir adelante. 

Donde Phil Spencer veía legado, Sharma verá números, y a quien pudiese temblarle la mano o meterse en grandes debates y negociaciones para decidir si una figura clave como la de Halo debe salir o no en PS5. Si para Phil ese movimiento podía llegar a ser tan absurdo como colocar la estatua de un santo en un templo budista, la nueva CEO firmará ese papel sin que le tiemble el pulso. A ella no le afecta la Falacia del Costo Hundido que sí pesaba sobre Spencer.

La Falacia del Costo Hundido de Microsoft

Dice el sesgo de la Falacia del Costo Hundido que, empujados por la cercanía a ciertos proyectos de forma sentimental, o por el mero hecho de considerar que ya hemos invertido demasiado tiempo o esfuerzo como para echarnos atrás, tendemos a seguir obcecados en ese objetivo en vez de centrarnos de forma racional en lo que es lo mejor para el futuro. A ojos de la directiva de Microsoft, Phil Spencer era la viva imagen de esa tendencia irracional

Para entender este movimiento de Xbox no hay que irse muy lejos. Es algo que Microsoft ya ha vivido en sus propias carnes. Basta con asomarse a la era de Steve Ballmer, que se puso al frente de la compañía tras la salida de Bill Gates y representó para Windows lo mismo que Phil Spencer ha representado para Xbox. Era una figura capaz de defender al sistema operativo a capa y espada, apoyado en los días de gloria que esa idea había supuesto para Microsoft y, sobre todo, prodigando esa fe entre los fans por encima de lo que pudiesen marcar los números. 

Asha Sharma

Cuando Microsoft inició su descenso a los infiernos, Ballmer se vio obligado a quitarse de en medio para dejar paso a Satya Nadella. Él no venía de aupar a viejas glorias, venía de demostrar que la nube podía ser el futuro de la compañía a base de cifras. Su cambio de visión fue la clave para que el producto estrella de Microsoft dejase de ser Windows para convertirse en la nube de Azure. 

Nada de exclusividades. Si Microsoft Office podía hacer dinero en un iPad de Apple, las viejas rencillas de competencia en las que Ballmer peleaba como si Steve Jobs hubiese atropellado a su perro quedaban completamente fuera de la ecuación. Si había que cargarse divisiones enteras porque ya no resultaban igual de rentables, poco importaba si habían estado ahí desde el principio y personificaban el espíritu de Microsoft

A partir de ahí, pensar que Asha Sharma viene con la intención de vender consolas de plástico y besar un logo de color verde, está lejos de ser la perspectiva más lógica. Creer que donde Phil Spencer era el problema, Sharma va a ser la salvación, es como seguir rezando de rodillas y con los ojos cerrados dentro de esa catedral en ruinas. Esperando un milagro que, sumidos nosotros también en la Falacia del Costo Hundido, está lejos de ser lo más racional. 

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