A mediados del siglo XIX, a Leonardo Torres Quevedo le cayó encima la lotería del patrimonio. Habiendo crecido en un País Vasco en plena revolución industrial, tras graduarse como Ingeniero de Caminos recibió una herencia capaz de cambiarle la vida a cualquiera, y eso fue precisamente lo que hizo. Lejos de ponerse a trabajar, se dedicó a recorrer Europa para empaparse de los últimos avances científicos y técnicos con la intención de convertirse en inventor. De aquella carrera nacería el primer mando a distancia de la historia.
Lo curioso de la historia de Torres Quevedo, originario de Molledo, en Cantabria, es que su particular invento nació mucho antes de que la televisión se colase en los salones de medio mundo generando una necesidad que ahora se antoja imprescindible. Ni siquiera ese baile de fechas impediría que su invento, el Telekino, se convirtiese en uno de los más importantes en la historia de la ingeniería.
El primer mando a distancia de la historia
Lo que hizo el cántabro no fue inventar el mando a distancia que se coloca en el reposabrazos del sofá, sino el primer control remoto operativo, un monstruo tan grande como una mesa del que luego nacieron los principios de operación de los sistemas de control a distancia. De hecho, en su cabeza la idea era que pudiese controlar dirigibles.
La idea era poder testear nuevos prototipos de dicho sistema de transportes sin poner en riesgo la vida de los pilotos, pero teniendo en cuenta el riesgo que conllevaba perder el control de un dirigible en plena prueba, decidió optar por los barcos. Tras asombrar a la Academia de las Ciencias de París en 1903, hizo lo propio con el rey Alfonso XIII al conseguir moverlo en un bote por el estanque de la Casa de Campo de Madrid haciendo uso de su control remoto.
Valiéndose de un sistema binario de instrucciones, emisor y receptor se comunicaban mediante impulsos electromagnéticos y, dependiendo del número que se activaba, los circuitos se cerraban en un punto o en otro para transmitir las órdenes adecuadas. Si la señal de radio se cortaba por interferencias, la máquina se detenía para evitar problemas.
Lamentablemente para el invento del Telekino, ni gozar de la patente ni la posibilidad de utilizarlo con fines civiles o militares sirvió de mucho. Sin presupuesto o inversores que quisieran invertir en él, el primer control remoto de la historia se quedó sin apoyo y Torres Quevedo abandonó el proyecto. Habría que esperar 50 años más para que, esta vez sí, la televisión adoptase por primera vez la idea de un mando a distancia. Uno que, para más guasa, funcionaba con un cable que quedaba tirado por el suelo.
Imagen | Glenn Carstens-Peters
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