Tendemos a pensar que la época de la Guerra Fría estaba marcada por los avances tecnológicos que permitieron la carrera espacial, pero como antes de correr hay que aprender a andar, a principios de los 50 el mundo de la aviación recibió también un avance crítico. Con el salto de los aviones mecánicos a los cazas a reacción, el control de los cielos entró en una etapa de puro caos.
Si a día de hoy la tasa de accidentes por cada 100.000 horas de vuelo es cercana a cero, allá por 1952 la cifra ascendía hasta una media de 50 accidentes. El número tendría cierta lógica en plena contienda, pero en realidad tanto la URSS como EEUU estaban perdiendo cientos de aeronaves al año en prácticas controladas. Con los pilotos ganando cada vez más miedo por subirse a la cabina, había que encontrar una solución.
Los accidentes que permitieron que tu móvil vibre
Acostumbrados a los aviones de la Segunda Guerra Mundial, donde la vibración de la estructura les indicaba en todo momento la situación de la nave para poder maniobrar en consonancia, el salto a los sistemas eléctricos traía un problema bajo el brazo. Sin pistas que indicasen que el avión estaba entrando en pérdida, los pilotos se encontraban con el desastre cuando ya era demasiado tarde.
La clave para entenderlo está en lo que en aeronáutica se conoce como ángulo de ataque. Para quienes no controlamos cómo funciona el concepto, lo podemos resumir en el ángulo entre el ala y el aire que hace que la fuerza de este último permita la sustentación del avión. Al alcanzar un punto conocido como ángulo crítico, el aire deja de pegarse al ala y, en consonancia, el avión empieza a caer como una piedra.
En los aviones mecánicos este acercamiento al ángulo crítico se traducía en unas turbulencias que sacudían al avión y al piloto y servían como señal, pero al dar el salto a naves más modernas, ese temblor desaparecía por completo. Piensa en ello como la pérdida de tracción en carretera con un coche antiguo frente a los sistemas ABS actuales, pero con consecuencias mucho más extremas.
Para solucionarlo, soviéticos y occidentales dieron con un sistema que fuese capaz de trasladar ese riesgo a los mandos. De la mano de un motor con un peso descentrado, cuando los sensores detectaban que el piloto se acercaba a una pérdida, el motor empezaba a girar a gran velocidad y, gracias a ese peso desbalanceado, los mandos del piloto vibraban con fuerza para alertarle.
Si alguna vez has tenido un mando de videoconsola abierto ante tus ojos, probablemente te has sorprendido al ver lo básico que es su sistema de vibración: un peso descompensado girando a gran velocidad. La misma tecnología que sirvió a la aviación para salvar a sus pilotos es la que hoy te permite sentir el golpe de una espada o, en las antípodas de lo que supuso aquella revolución militar, el aviso de que un pez de Animal Crossing ha picado en la caña.
Imagen | Wallycacsabre
En 3DJuegos | EEUU quería crear el avión definitivo, pero Rusia tenía el mineral que necesitaba. Nada que unas pizzas no puedan solucionar
En 3DJuegos | Rusia ha enviado 75 ratones y 1.500 moscas al espacio. Pese a que no todos los roedores han regresado, ha sido un éxito
Ver 0 comentarios