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Si crees que en España tenemos problemas con el tabaco, en China tienen uno mayor al querer prohibirlo

En China el Tabaco es un símbolo de estatus social, y la legislación antitabaco cuesta que se aplique

Si Crees Que En Espana Tenemos Problemas Con El Tabaco En China Tienen Uno Mayor Al Querer Prohibirlo
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Alberto Moral

Editor - Guías
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En España, si enciendes un cigarro donde no debes, lo normal es una mirada de reproche, una queja al camarero, y si alguien se pone estricto, multa al canto por infringir la Ley Antitabaco, aunque nadie espera que la cosa vaya a mayores. En China, no obstante, ese mismo gesto ha terminado en peleas, cacheos policiales y cuentas de redes sociales silenciadas, todo por intentar que se respete una prohibición que, sobre el papel, ya existe.

En junio, un hombre resultó herido en un restaurante de Shanghái al intentar proteger a su esposa embarazada del humo ajeno. Meses antes, en abril, la policía de Shenzhen sometió a un registro corporal a una mujer que había increpado a un fumador en una parada de autobús. Ese mismo mes hubo otro episodio parecido en el Shanghai Disney Resort. La realidad es que China consume aproximadamente la mitad de los cigarrillos que se fuman en el mundo, y la aplicación real de las prohibiciones locales varía entre laxa y prácticamente inexistente.

Una generación que ya no calla ante el humo ajeno

El salto generacional en China está intentando ser un poco más cívica y restrictiva con el tabaco. Amanda Zhang, estudiante de veintitantos años, vivió su propio episodio en un centro comercial de Nanjing mientras organizaba una cena con su madre, recién operada de cáncer de pulmón. Al encontrarse con humo frente a un restaurante, avisó a quien estaba fumando de que hacerlo en espacios cerrados está prohibido en la ciudad. La respuesta fueron insultos, una reprimenda familiar y fotos cruzadas para denunciarse mutuamente. La policía se negó a sancionar a los fumadores por considerarlo una infracción menor, aparte de que sus quejas ante organismos municipales no llegaron a ningún sitio, y cuando contó lo sucedido en redes, sus cuentas acabaron silenciadas.

Casos como el suyo se repiten porque hay un cambio generacional de fondo: solo el 10% de los chinos de entre 15 y 24 años fuma en 2024, menos de la mitad de la media nacional. Hay además una lectura de género muy marcada: la mitad de los hombres chinos fuma, frente a menos del 2% de las mujeres, una brecha que el antropólogo de Stanford Matthew Kohrman atribuye a la propaganda del siglo XX, que llegó a estigmatizar el tabaquismo femenino como una "humillación occidental". Esa generación más joven, mucho menos fumadora, es la que ahora se enfrenta cara a cara con quienes sí encienden un cigarro donde no toca, y la que está pagando el precio de exigir que se cumpla la ley.

El regulador y el fabricante son la misma empresa

Detrás de la escasa aplicación de las normas hay algo más que dejadez administrativa: la Administración Estatal del Monopolio del Tabaco de China regula el sector y, al mismo tiempo, opera la Corporación Nacional de Tabaco, el principal fabricante del país y -con diferencia- el mayor productor de cigarrillos del planeta, muy por delante de Philip Morris International. Entre beneficios e impuestos, el tabaco representa en torno al 7% de los ingresos anuales del Estado chino, una cifra parecida a lo que el país dice gastarse en defensa

Con ese peso fiscal de por medio, no sorprende que hace una década esa misma administración bloqueara un proyecto de ley para prohibir fumar en interiores a nivel nacional, ni que expertos como el epidemiólogo de Oxford Chan Ka-Hung resuman la situación sin rodeos: quienes venden el tabaco son los mismos que diseñan las políticas para controlarlo.

Hoy, ciudades como Pekín y Shanghái tienen sus propias prohibiciones, pero sigue sin existir una ley nacional, y el mayor control estatal de los últimos años ha frenado tanto las campañas mediáticas antitabaco como las demandas legales contra quienes incumplen la norma. El resultado es una exposición al humo que, según informes conjuntos de la OMS y el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades, alcanza a varios cientos de millones de no fumadores, con más de 100.000 muertes anuales atribuidas solo al humo pasivo. Incluso en las universidades, donde apenas un 7% del alumnado fuma, cerca de un tercio dice estar expuesto de forma habitual en sus propias residencias. La distancia entre lo que dice la ley y lo que ocurre en la calle sigue siendo, para muchos, una cuestión de quién se atreve a plantarle cara al vecino de mesa.

Imagen de portada: Steve Evans (vía Wikimedia Commons CC BY-SA 2.0)

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