A ver, todos hemos estado ahí, ya sea por tremenda viciada a Crimson Desert o por cualquier otra razón probablemente menos sana. Sabemos que la falta de sueño, sea por lo que sea, nos sienta regular al día siguiente. Que estamos alicaídos, cansados y faltos de reflejos, no es algo que la ciencia tenga que venir a explicarnos. Lo que no sabíamos hasta ahora, ni nosotros ni ellos, era el por qué. Qué ocurre exactamente en tu cerebro cuando te quedas hasta las 5 de la mañana despierto en vez de ir a dormir.
El descubrimiento se lo debemos al MIT, que publicaba recientemente en Nature Neuroscience los resultados del análisis más afilado que hemos visto hasta el momento sobre las consecuencias de dormir poco. Lejos de jugar con la idea de qué le pasa a nuestro cuerpo cuando le privamos de sueño de forma prolongada, lo que han querido descubrir es qué ocurre justo después de una noche sin dormir.
Ya sabemos por qué quedarte hasta las 5 de la mañana no es buena idea
Con una prueba realizada a 26 adultos de entre 19 y 40 años, la privación de sueño se analizó al día siguiente mediante distintas pruebas monitorizadas con distintos sistemas de escáner y resonancia. Para comprobar qué ocurría en sus cerebros, los pusieron a realizar distintas pruebas de atención en los que, en forma de audio o imágenes, debían pulsar un botón cuando notaban un cambio. Por ejemplo, si una pantalla mostraba una cruz, debías pulsarlo si la imagen cambiaba a un círculo.
Lo descubierto es no sólo que aquellos que no habían dormido eran más lentos en algunas reacciones, sino que algunos directamente no eran conscientes que se había producido un cambio. La clave, según los investigadores, era el flujo de líquido cefalorraquídeo que entra y sale del cerebro. Un fenómeno que, en realidad, ocurre cuando estamos durmiendo.
Pensemos en este líquido como un sistema de limpieza que entra por la noche, mientras dormimos, para dejar bien limpito el cerebro y que esté fresco y perfumado al día siguiente. Si por la noche no ha tenido esa oportunidad, empieza a realizar el proceso mientras estamos despiertos al día siguiente, y en el momento que ese líquido fluye entre las células para limpiar la zona, nuestra cabeza literalmente desconecta.
Si las personas que se estaban enfrentando a las pruebas fallaban al ver que algo había cambiado era porque, en el momento en que se producía el pitido, o el salto de una imagen a otra, el citado líquido estaba completando su función y desconectando sus capacidades de atención.
Un proceso que se agudiza en momentos críticos, pero que por la respuesta del resto del cuerpo (como la dilatación de las pupilas) han llegado a monitorizar durante 12 segundos que pueden resultar clave frente a ciertas situaciones. Si querías otra excusa para obligarte a descansar bien, lo de quedarte bobo de forma aleatoria durante varios segundos durante el día siguiente parece un buen clavo al que agarrarte.
Imagen | Erik Mclean
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