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La Generación Z ha cambiado las reglas hasta en el Mundial. Si Uruguay cayó fue porque sus jóvenes no aguantan ni 10 minutos de charla y los expertos le dan la razón

La Generación Z ha cambiado las reglas hasta en el Mundial. Si Uruguay cayó fue porque sus jóvenes no aguantan ni 10 minutos de charla y los expertos le dan la razón

"Había que hacer charlas más cortas y en días distintos para no sobreexigir la atención de los jugadores"

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La Generacion Z Ya Desespera Hasta En El Mundial Si Uruguay Cayo Fue Porque Sus Jovenes No Aguantaban Ni 10 Minutos De Charla Seguidos
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Rubén Márquez

Editor - Trivia
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Rubén Márquez

Editor - Trivia

Ha sido relativamente fácil ver la charla de Marcelo Bielsa sobre la caída de Uruguay en el Mundial 2026 y tomárselo a chiste. La idea de ver a un entrenador de 70 años completamente enajenado por tener que lidiar con un grupo de jóvenes de la Generación Z que no aguantan ni 10 minutos de charla es ya, a todas luces, un meme del choque entre Gen Z y Boomers. 

Contaba el argentino en ruedas de prensa que "las charlas nunca eran superiores a 10 minutos, y eran fraccionadas. Es algo que revisé e hice muchas consultas. Y la recomendación que recibí para adaptarme a las mentalidades más jóvenes y actuales es que había que hacer charlas más cortas y en días distintos para no sobreexigir la atención de los jugadores". La sorpresa frente la atención de los jóvenes es, lamentablemente para las nuevas generaciones y quienes tienen que lidiar con ellas, una realidad preocupante. 

El déficit de atención de la Generación Z

Hace apenas unos meses, a principios de año, Estados Unidos sentaba a diversos expertos frente al Senado. Su objetivo era intentar entender cómo el impacto del tiempo de pantalla durante las etapas de desarrollo de la infancia y la adolescencia marcaban cognitivamente a las generaciones actuales. El neurocientífico Jared Cooney Horvath planteaba la situación de la forma más cristalina posible. 

La Generación Z, la primera que se ha criado con internet ya desplegado a escala global y siendo parte de nuestras vidas, es también la primera en rendir peor en atención, memoria, lectura, matemáticas y cociente intelectual. No era un problema de Estados Unidos, ojo, eran métricas recogidas en todo el mundo sobre la generación más escolarizada de la historia de nuestra civilización. 

El problema, lejos de ser una causa desconocida, se remonta a lo que llevan estudiando expertos como Gloria Mark desde hace más de 20 años: la medida de tiempo que dedicamos a una pantalla antes de que nuestra atención salte a otro lado. En 2004 la media era de dos minutos y medio. Ahora, en pleno 2026, la media es de 40 segundos

Uno podría pensar que, claro, estamos mucho más ocupados de lo que estábamos entonces, que el ritmo de vida es distinto, que si las notificaciones, que si los correos, que si los vídeos de filosofía con imágenes apacibles y esa musiquita que inevitablemente te atrapa… 

El problema es más grave de lo que pueden llegar a arrastrar los endiablados algoritmos de las redes sociales. El problema es que nos autointerrumpimos tanto como nos interrumpen factores externos. Que nuestra cabeza echa el freno incluso antes de que el móvil lo haga con un mensaje, vamos, y de media necesitamos unos 25 minutos para recuperar el nivel de concentración que teníamos antes de ello. El problema, y me vais a permitir el atrevimiento de repetirme tres veces, es que no solo afecta a los jóvenes

En este declive estamos todos, desde la selección de Uruguay hasta los Boomers

Tendemos a creer que esta dinámica de perder cada vez más nuestra capacidad de atención es algo que sólo afecta a la Generación Z, que son nuestros hijos los que están sufriendo ese declive mientras nosotros los miramos por encima del hombro. Si bien es cierto que los jóvenes viven rodeados de pantallas y tienden a caer más en esa trampa, en realidad estamos acudiendo todos como moscas a la miel, sin importar si eres un adolescente o un entrenador de fútbol de 70 años.

La buena noticia es que sabemos qué está causando esa situación. Un análisis de 71 estudios y cerca de 100.000 participantes evidenció que el consumo intensivo de vídeos cortos estaba relacionado con una peor salud cognitiva y mental. La mala es que no es algo que quede estrechamente ligado a los jóvenes, es algo que nos afecta a todos, grandes y pequeños, por igual. 

Sumemos aquí otro factor adicional que pocas veces tenemos en cuenta al hablar de la Generación Z y, sobre todo, de cómo cada vez nos volvemos todos un poco más tontos: las herramientas. Estamos rodeados de muletas que nos ayudan en absolutamente todo porque, a grandes rasgos, las tenemos todas en el bolsillo en forma de móvil. Calculadora, notas rápidas, búsquedas de datos… Todo lo que antes implicaba un proceso de acción y memorización, ahora es una respuesta cada vez más automática. 

Ya hemos vivido esto. En un estudio sobre el hipocampo de los taxistas de Londres se descubrió que, pese a que antes lo tenían hipertrofiado por memorizar miles de calles, la media de su tamaño tendía a normalizarse con la llegada del GPS. Aquello de "el cerebro es un músculo que crece y se adapta" no era un cuento, vamos, y deberíamos empezar a admitir que nuestro nivel de exigencia con él es cada vez peor. 

La conclusión a la que llegaban aquellos expertos frente al Senado de Estados Unidos no era que los jóvenes de la Generación Z fuesen más tontos, sino que estamos ante un cambio de paradigma que ni siquiera hemos aprendido a medir bien. La transformación de nuestro entorno y las herramientas que tenemos a nuestro alcance son perfectamente capaces de explicar por qué la selección de Uruguay es incapaz de mantener la atención 10 minutos seguidos, pero también adelantan que, a la vuelta de la esquina, el problema va a terminar salpicándonos a todos por igual. 

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