A nadie en su sano juicio se le ocurriría poner el mismo capítulo cinco veces por semana antes de saltar a uno nuevo al lunes siguiente. Sin embargo, cuando en los 90 se estrenó la serie Blue’s Clues -Las pistas de Blue- lo hizo precisamente con esa fórmula. Según Daniel Anderson, psicólogo infantil de la Universidad de Massachusetts, lo que necesitaba el programa para resultar útil era precisamente esa repetición constante.
Si te preguntan a ti, probablemente prefieras meterte astillas en las uñas a tener que ver cinco veces lo mismo día tras día, pero hay una razón por la que los niños te piden siempre que leas el mismo cuento y que pongas la misma película. Esa certeza de qué va a pasar a continuación les da seguridad y, de rebote, con aquella serie la psicología demostró que entregaba algo más.
Cinco días para aprender a jugar con Blue
La primera vez que se enfrentaban a un capítulo, el lunes, lo que hacían era asimilar qué narices estaba pasando en pantalla. Conforme avanzaban los días y conocían la historia, la participación de los niños crecía exponencialmente, se fijaban más en las pistas de Blue, y se anticipaban a las respuestas cuando el programa dejaba esos silencios incómodos que tanta tirria nos generan a los adultos.
En 1999, un estudio juntó a 108 niños de entre 3 y 5 años y los sentó a ver el programa. Mientras los investigadores grababan todo el proceso, unos sólo veían el capítulo una vez y otros lo hacían durante cinco días consecutivos. Fueron estos últimos los que, además de resolver los problemas de la serie mucho mejor, también utilizaban esas mismas estrategias para enfrentarse a problemas nuevos. No sólo habían comprendido mejor lo que estaban viendo, también lo habían interiorizado por una mera cuestión de machaque puro y duro.
Precisamente eso, lo que más preocupaba a Nickelodeon cuando se planteó el experimento de la repetición, dejó de ser un problema cuando se asomaron a los índices de audiencia. Para sorpresa de los directivos, la estrategia planteada por aquél psicólogo no hacía que los niños abandonasen la serie conforme avanzaba la semana. Las audiencias eran completamente planas porque ningún niño se cansaba de ver cómo su participación mejoraba.
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