Aunque el debate sobre la semana de cuatro días parece haberse enfriado durante los últimos meses, la situación del mercado laboral ha empujado a ciertos grupos como la Generación Z a seguir luchando por una reducción de la jornada que ya no se plantea como una solución a un problema, sino como una cuestión de supervivencia.
Desde que los experimentos sobre el cambio de la semana laboral echasen a rodar con grandes ejemplos como el de Islandia, las voces sobre hasta qué punto nacía por una mera cuestión de pereza de los jóvenes Gen Z ha ido cayendo por su propio peso. Mientras los jefes demandaban más horas y productividad, las razones para apoyar el salto hacia la semana de 4 días han crecido con más fuerza.
Las razones de la Generación Z para apoyar la semana de 4 días
En primer lugar, la Generación Z habla de ello como una cuestión de psicología y salud mental. Frente a una época en la que la ansiedad y la depresión vinculada al entorno laboral está a la orden del día, la lucha contra el burnout y el estrés pasa no por trabajar menos, sino por trabajar mejor. Implementar de forma correcta la semana de cuatro días pasa también por acabar con tiempos muertos en la oficina, reuniones innecesarias y traslados de una hora que minan la moral de los equipos.
En la misma línea va la lucha contra el presentismo, el gritar a los cuatro vientos que pasar más horas que nadie en la oficina no necesariamente te hace mejor trabajador, y que sólo a través de resultados reales puede medirse el cambio. Dicho de otra forma, acabar con la idea de que más tiempo en la oficina equivale a más productividad cuando, de hecho, los estudios sobre ello van justo en la dirección opuesta.
Con la vida diaria cada vez más cara, abrazar la semana de cuatro días no sólo supone un incentivo para mejorar el tiempo libre de los trabajadores con la idea de tener más tiempo para consumir, también porque el ahorro en combustible, transporte público y comer fuera de casa, aunque sea a costa de un domingo de batch cooking, supone una subida salarial de forma indirecta.
Por último, la Generación Z avala la semana de cuatro días como una forma de crecimiento personal y laboral. Gozar de ese quinto día libre supone tener más tiempo para seguir formándose o incluso desarrollar proyectos personales, lo que de rebote implica trabajadores más y mejor preparados y, en cierta medida, una estabilidad financiera que termina incidiendo sobre todos los puntos anteriores.
Imagen | Alena Darmel
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