Hay voces que conviene pararse a escuchar, y la de Anne-Laure Le Cunff es una de ellas. Suyo es el estudio y ensayo de psicología y neurociencia sobre por qué nos pasamos la vida agotados pese a descansar todo lo que podemos. Pese a tener y gozar la oportunidad de apalancarnos los fines de semana en el sofá con el móvil en la mano, y el llegar a casa del trabajo y dejarte caer sobre él para hacer lo propio, están lejos de funcionar como pensamos.
Le Cunff, doctora en psicología y neurociencia del King’s College de Londres, que además fue directiva de Google y lleva años viviendo de la escuela de la productividad, descubrió eso mismo mientras compaginaba el doctorado con la escritura de su libro Tiny Experiments. Siendo como era una experta en el campo, no entendía por qué su cerebro no conseguía desconectar y huir de ese agotamiento diario si lo estaba haciendo "todo bien". Lo mismo nos pasa a nosotros.
Descansar pegados al móvil tiene el efecto contrario
La clave, explicada en cómo simplemente descansar no recupera energía, equivale a dejar de pensar en nuestro cuerpo como una batería. Tendemos a pensar que, igual que ocurre con nuestro móvil, tumbarse en el sofá y ponernos a repasar las últimas actualizaciones de la red social de turno equivale a enchufar la batería a un cargador.
La lógica está clara, de la misma forma que dejas el teléfono sin tocar cuando se está cargando para que la batería se recargue más rápido, a nivel físico y psicológico nuestro cuerpo debería actuar igual. Estate quieto. No hagas nada. Quédate un rato tirado en la cama con el móvil. Ponte la tele y húndete entre los cojines del sofá. Descansa.
El problema, tal y como explica Le Cunff, es que nuestra energía no se rellena a base de no usarla, así que lo de no hacer nada no siempre funciona como normalmente creemos. De hecho, el principal problema es que, en ciertas situaciones en las que estamos especialmente estresados por el trabajo o preocupados por algo, esa dinámica es aún más contraproducente.
Desde hace años, estudios sobre el sedentarismo alertan que, al forzar periodos de inactividad, tu cuerpo termina siendo menos eficiente y estando menos preparado para esos desafíos, lo que se convierte en un círculo vicioso del que cada vez es más difícil salir. Como estás cansado te mueves menos, y como te mueves menos tu cuerpo se acomoda a ese nivel de energía y te sientes más cansado. No es el único problema, y justo ahí es donde entra en juego el móvil.
Lo que dice la psicología sobre por qué siempre estás cansado
Aunque desde fuera puede parecer que haberte quitado los zapatos para tumbarte en el sofá mientras ves vídeos de gatitos en Instagram parece una forma espléndida de descansar, en realidad estamos alimentando dos monstruos distintos que están evitando por completo que esa tarea se complete: el de la dopamina y el del estrés.
Ese chute de dopamina constante con el que las redes sociales juegan a la lotería con nuestro cerebro hace que, a nivel neurológico, el sistema esté más centrado en ese flujo de pequeñas recompensas que en otra de sus tareas principales: regular la motivación para llevar a cabo otro tipo de actividades.
De rebote, lo que consigue el móvil es hacer que ese estrés que arrastrábamos hasta apalancarnos sobre el sofá siga ahí. A nivel psicológico seguimos alerta: a ver qué nos muestra el móvil, a ver qué mensaje nos ha llegado, qué tengo que hacer mañana. Estamos quietos y parece descanso, pero cuando volvemos a la carga no tenemos la sensación de haber recargado las pilas.
Tiene sentido, pero entonces qué narices hago. Le Cunff habla de descanso activo, de regular nuestra energía a nivel metabólico, neurológico, psicológico y autónomo. De cómo, por ejemplo, las mejoras en la circulación que provocan salir a dar un paseo alrededor de nuestra manzana por el mero hecho de querer hacerlo puede ser suficiente para recuperar energía. No mientras miramos el móvil o escuchamos un podcast, limitándonos a realizar pequeñas tareas que puedan resultarnos hasta aburridas antes de empezar a hacerlas.
Que te tumbes en el sofá si quieres y es lo que te pide el cuerpo, pero que dejes el móvil cargando en la habitación para evitar caer en ese pozo de dopamina y estrés otra vez. Que te aburras, que también es necesario de vez en cuando. O cambia el chip. Si lo de la meditación te suena a guasa (me declaro culpable), te vale ponerte a charlar con alguien, o cambiar las rutinas para que el tedio no se convierta en cansancio, o buscar un hobby que no implique enchufarte a otra pantalla. Que no nos guste admitirlo no necesariamente significa que no tenga sentido.
Imagen | Sergey Makashin
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