Sabíamos que los pulpos eran increíblemente inteligentes, pero no hasta el punto de tener un "cerebro" por brazo. Que te inclines al girar en Forza tiene mucha relación

Sabíamos que los pulpos eran increíblemente inteligentes, pero no hasta el punto de tener un "cerebro" por brazo. Que te inclines al girar en Forza tiene mucha relación

  • El sistema nervioso del pulpo está lejos de ser algo controlado desde su cabeza

  • En cierto sentido, a nuestro cuerpo le pasa algo muy similar

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Sabiamos Que Los Pulpos Eran Increiblemente Inteligentes Pero No Hasta El Punto De Tener Un Cerebro Por Brazo Que Te Inclines Al Girar En Forza Tiene Mucha Relacion
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Rubén Márquez

Editor - Trivia
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Rubén Márquez

Editor - Trivia

Que los pulpos son una de las especies más inteligentes del planeta es algo que dejó de generar dudas tan pronto supimos que eran capaces de resolver puzles o incluso reconocer caras humanas. Pero lo que hasta ahora se quedaba a medio camino entre la poesía y la metáfora ha quedado más que confirmado por un estudio: cada uno de sus ocho brazos funciona como un cerebro independiente. 

Para ti, que tal vez llevas unos días sentado ante el televisor disfrutando de las carreras de Forza Horizon 6 por Japón, la idea de que los brazos de los pulpos sean como un cerebro probablemente te diga poco. Sin embargo, los expertos en neurociencia llevan años sosteniendo que, en realidad, nuestro cuerpo también funciona de una forma similar. Que no todo ocurre dentro de nuestra cabeza. 

Un sistema nervioso nada central

El estudio publicado en 2025 por la Universidad de Chicago ponía sobre la mesa una idea que los expertos llevaban años planteándose. Pese a que los pulpos tienen más de 500 millones de neuronas, sólo un tercio de ellas se concentran en su cabeza. El resto, repartidos por el resto del cuerpo, es lo que permite que un animal con ocho brazos pueda moverlos de forma individual. 

"Si vas a tener un sistema nervioso que vaya a controlar un movimiento tan dinámico, esa es una buena forma de organizarlo", contaba Clifton Ragsdale, autor principal del estudio. "Creemos que es una característica que evolucionó específicamente en los cefalópodos de cuerpo blando con ventosas para llevar a cabo estos movimientos propios de los gusanos".

Con brazos plagados de neuronas colocadas en estratégicos segmentos, los complejos movimientos del pulpo, sumados al hecho de que sus ventosas pueden saborear y oler todo lo que tocan, requerirían una concentración abismal. Lo que permite su sistema es que cada uno pueda tomar decisiones complejas por sí mismo sin esperar a que un cerebro central le diga qué tiene que hacer en todo momento. 

Estudiar estos sistemas de control modulares va más allá de la curiosidad sobre estos fascinantes animales, teniendo consecuencias importantes también en el desarrollo de robots cada vez más complejos, pero no sólo por eso. Su estudio también nos acerca a comprender un poco mejor por qué cuando tomamos una curva en Forza Horizon 6 nuestro cuerpo se inclina como si estuviésemos dentro del coche. 

Nuestro cerebro no es sólo un ordenador aislado

En 1991 se lanzaba un libro que lleva años generando un curioso debate en el mundo de la neurociencia. Los filósofos y psicólogos Francisco Varela, Evan Thompson y Eleanor Rosch, hablaban de algo llamado cognición encarnada. A grandes rasgos, su planteamiento formulaba que la mente y el cuerpo no son independientes, y que nuestro cerebro está lejos de ser un simple ordenador aislado que controla todo lo demás. 

La premisa, recogida en el libro The Embodied Mind, planteaba hasta qué punto nuestro cuerpo es mucho más que un mecanismo a la espera de las órdenes del cerebro, de cómo nuestra percepción del espacio genera ideas abstractas o cómo nuestros movimientos pueden llegar a alterar nuestro estado mental. La idea de forzar una sonrisa y sentirte mejor es el ejemplo más simple, el de cómo tu cuerpo actúa cuando estás conduciendo por el Japón de Forza Horizon 6 va un poco en la misma línea. 

Lo de apretar los pies para frenar, contener la respiración en una curva o inclinar el cuerpo cuando estás marcándote uno de los clásicos derrapes de las carreteras niponas, va un poco en la misma línea. Tu cerebro no está procesando sólo un videojuego, está inmerso en una situación de conducción y, lejos de seguir cualquier lógica, tu cuerpo está actuando en consecuencia por su cuenta. 

Puede que nuestras neuronas no posean esa anatomía modular de los pulpos, pero sin duda alguna hay algo fascinante en cómo nuestro cerebro parece desconectar de ciertas acciones, como si estuvieran inmersas en un bucle tan perfectamente dominado como condenado a repetirse. Es otra muestra más de hasta qué punto estamos muy lejos de saberlo todo sobre nuestra mente. 

Imagen | JeuxVideo

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