Una ola de 481 metros de altura. O lo que es lo mismo, el equivalente a una Torre Eiffel y media de alto. El megatsunami originado en el fiordo Tracy Arm podría haberse tragado a cerca de 20 cruceros y pequeñas embarcaciones plagadas de turistas, pero ese día tuvieron suerte. En vez de producirse a las 08h de la mañana, el desprendimiento que provocó el tsunami ocurrió tres horas antes.
Pese a que lo ocurrido en Alaska en agosto de 2025 se quedó en anécdota, expertos del University College de London y la Universidad de Calgary han disparado ahora las alarmas tras la publicación del informe sobre el desastre. Nos hemos obsesionado tanto con acudir a los fiordos para ver glaciares y auroras boreales, que no estamos teniendo en cuenta el peligro que suponen.
Lo que el turismo no te cuenta sobre ir a ver glaciares
El peligro crece aún más en un momento en el que el deshielo está acelerando y amplificando situaciones como estas. El hielo lleva miles de años actuando como cemento mientras sujeta bloques de rocas. En el momento en que ese cemento desaparece, lo que parecía una ladera estable se convierte en montañas inmensas precipitándose sobre el mar.
Con regiones montañosas cada vez menos estables, el riesgo de derrumbe e informes como el publicado ahora están empujando a varias compañías de cruceros a modificar sus rutas y estar cada vez más atentas a los sensores de microterremotos que adelantan este tipo de situaciones. Para un sector que sólo en Alaska mueve 1,6 millones de pasajeros al año, no es para tomárselo a la ligera.
El problema es que la cifra va en aumento porque el interés por este tipo de lugares ha terminado arrastrando a cada vez más turistas. Es decir, que no sólo estamos ante un escenario en el que el riesgo de derrumbes y tsunamis es cada vez mayor, es que también hay cada vez más gente asomándose por allí con todo lo que eso supone.
Imagen | U.S. Geological Survey
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