Es muy triste y duro salir de la cama una mañana con tu pijama de Spider-Man puesto y, al llegar al trabajo, tener que dedicar tu primer texto del día a contar que ha fallecido Sal Buscema. No es solo la pérdida de un artista tremendamente influyente: es la sensación de que otra pieza clave de la historia del cómic de superhéroes se apaga para siempre. Buscema nos dejó a los 89 años, justo en la víspera de lo que habría sido su 90 cumpleaños, y con él se va un nombre que estuvo ahí cuando Marvel y DC estaban definiendo el lenguaje del género tal y como hoy lo entendemos.
Sal Buscema, un artesano incansable de Marvel
Hablar de Sal Buscema es hablar de trabajo, constancia y narrativa pura. Hermano pequeño del legendario John Buscema, Sal empezó muy pronto en la industria, primero como entintador y más tarde como uno de los dibujantes más fiables y prolíficos de Marvel Comics. Desde su incorporación a la editorial en 1968, se convirtió en una auténtica máquina de producir páginas, en una época en la que sacar adelante tres series mensuales no era una heroicidad, sino casi una exigencia del oficio.
Su nombre está ligado para siempre a cabeceras como El Increíble Hulk, donde permaneció nada menos que diez años, o The Spectacular Spider-Man, serie que ayudó a lanzar en 1976 y en la que firmó cerca de cien números. También dejó huella en Los Vengadores, Capitán América, Thor, Los Defensores, y especialmente en ROM: Caballero del Espacio. No exageramos si decimos que hay generaciones enteras de lectores que crecieron leyendo cómics dibujados por Sal Buscema sin ser del todo conscientes de ello.
El impacto cultural de un estilo reconocible
Buscema no era un dibujante de fuegos artificiales, pero sí un narrador excepcional. Su estilo, claro y directo, hacía que la acción fluyera con naturalidad. De hecho, el famoso Buscema Punch, ese puñetazo demoledor tan reconocible en Hulk, tan heredero del arte de Jack Kirby, es hoy parte del imaginario visual del personaje. Además, fue cocreador de personajes y conceptos fundamentales como Los Defensores, el universo de ROM, La Valquiria, o Starhawk, contribuciones que siguen resonando en la cultura pop décadas después y que ahora asoman regularmente por el UCM.
Guionistas como Steve Englehart, Bill Mantlo o J.M. DeMatteis siempre han destacado su capacidad para contar historias y su calidad humana. No solo era rápido y eficaz; era, sobre todo, un compañero generoso y un profesional de los que elevan el trabajo de todo un equipo creativo.
El adiós a una generación irrepetible
La muerte de Sal Buscema también es un recordatorio doloroso: la generación que reinventó el cómic de superhéroes entre finales de los años 60 y los 80 está desapareciendo. Aquellos autores de Marvel y DC, Buscema, Kirby, Romita, Kane y tantos otros, construyeron los cimientos de la industria moderna, llevaron a los superhéroes a terrenos más adultos y complejos y demostraron que las viñetas podían ser un medio poderoso de expresión cultural. Hoy, al despedir a Sal Buscema, no solo decimos adiós a un gran artista. Decimos adiós a una menguante generación de profesionales del cómic que dieron forma, muchas veces sin el reconocimiento que merecen, a la industria multimillonaria que conocemos hoy en día.
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