La semana pasada Microsoft permitió que fuera Bethesda, una de sus subsidiarias, quien anunciara los planes de futuro respecto a Fallout, una última cortesía para iniciar una nueva etapa. Puede que para algunos el detalle no sea significativo, pero hay algunos factores que analizar que iluminan el estado real de las relaciones dentro del gigantesco conglomerado después de años de decepciones y profundas insatisfacciones a todos los niveles. El mensaje es claro. Los tiempos de indolencia, de personalismos y de cuitas miserables han pasado a mejor vida. Ante una crisis de semejante calibre, la compañía no se puede permitir respetar los egos desmesurados de ejecutivos con demasiado poder para sostener su hoja de servicios más reciente. El gran señalado, sin lugar a dudas, es Todd Howard y la manera en la que se ha conducido en la última década, con un narcisismo que ha llevado a Bethesda Game Studios a dormirse en los laureles, permitiendo que su competencia más directa la supere en todos los ámbitos.
Remar todos a una
Las noticias son amplias y significativas. Por un lado, tanto Fallout 3 como Fallout: New Vegas están en proceso de actualización gráfica con un remaster muy parecido al que Oblivion recibió el año pasado, es decir, una efectista capa de pintura a cargo de Unreal Engine 5 (aunque habrá que ver si la optimización esta vez está a la altura). Por otro, que Fallout 5 está en fase de pre-producción, algo que aunque pueda parecer relevante, era bastante lógico teniendo en cuenta que ya hace años Howard reveló que era lo siguiente en lo que se pondrían a trabajar cuando completaran su trabajo en el sucesor de Skyrim. Lo realmente noticioso es que Obsidian, después de más de 15 años, está de nuevo trabajando en la franquicia y con Josh Sawyer en la silla de dirección. ¿Qué ha tenido que pasar para que se den las circunstancias propicias para este reencuentro?
O reman todos a una, olvidándose de inseguridades y celos indebidos, o se hunden con todo el equipo
Durante muchísimos años, en los corrillos y mentideros de los desarrolladores de RPG se ha comentado la envenenada relación entre Bethesda y Obsidian. Fallout: New Vegas fue un juego creado en circunstancias dificilísimas, en poco más de año y medio de desarrollo, y aunque salió en un estado técnicamente calamitoso, con el tiempo se fue haciendo un hueco en los corazones de los jugadores de la franquicia. Puede que Fallout 3 fuera el responsable de traer la serie a la época moderna con unas transformaciones dramáticas, pero fue el diseño y la narrativa de New Vegas lo que explotó el potencial del nuevo paradigma. Obsidian precisamente brillaba en todos los aspectos en los que Bethesda aquejaba importantes carencias, y las comparaciones fueron inevitables, lo que no sentó nada bien en el cuartel general de Maryland.
Más allá de que en Bethesda se negaron a proporcionar un bonus por no llegar por un mísero punto al 85 de Metacritic que habían establecido como meta (nota a la que seguramente habrían llegado de sobra con un retraso de unos pocos meses), donde se ve de verdad la inquina que creció como una gangrena es que nunca más permitieron que Obsidian desarrollara una nueva entrega en la franquicia. Una decisión bastante inexplicable visto el buen resultado general. O quizá, visto de otra manera, una decisión claramente explicable. Celosos de la una franquicia que habían comprado y resucitado de entre los muertos, en Bethesda es muy posible que quisieran aniquilar cualquier posibilidad de comparación en un futuro. Con los planes de Fallout 4 firmes sobre la mesa, se garantizaron el único puesto en la mesa, aniquilando las esperanzas de los fans que deseaban averiguar lo que la creatividad de Obsidian podía llegar a conseguir.
Estos miramientos y estas miserias se han respetado en Xbox durante el reinado de Phil Spencer, en parte porque Bethesda seguía funcionando relativamente bien y en parte porque la personalidad del antiguo CEO no era muy dada a confrontaciones incómodas con las desarrolladores estrella. Pero con un nuevo sheriff en la ciudad, las cosas han cambiado dramáticamente. No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que cuando a Asha Sharma le explicaron por qué no estaban capitalizando a lo bestia el éxito arrollador de Fallout en Amazon Prime y le tuvieron que explicar los pormenores de la situación y por qué Howard no quería permitir a nadie más trabajar en la franquicia durante los más de quince años que Bethesda tardaría en lanzar otro Fallout, tuvo que montar en cólera. Parece que ella lo tiene claro. O reman todos a una, olvidándose de inseguridades y celos indebidos, o se hunden con todo el equipo.
Odios enconados
Otro de los signos de que las cosas están cambiando a marchas forzadas es que la semana pasada, los relaciones públicas de Bethesda se pusieron en contacto con el periodista de Bloomberg Jason Schreier para ofrecerle una entrevista con Todd Howard sobre esta nueva etapa para Fallout. El detalle es significativo, porque, a pesar de su posición preponderante en la industria y el enorme valor de sus exclusivas, Schreier llevaba la friolera de 15 años en la lista negra de Bethesda, donde le había puesto Pete Hines, el jefazo de PR durante décadas de la compañía y muy conocido por la manera dictatorial, antiprofesional y prepotente de llevar las relaciones con los medios. Hines dejó la compañía hace ya unos tres años, pero los odios que había incoado en la empresa perduraron por pura inercia en ausencia, de nuevo hasta que Asha Sharma pidió explicaciones.
Schreier no menciona el nombre de Pete Hines, pero explica bastante bien la situación en un reciente video en su canal de Youtube, y clarifica una situación que se ha tergiversado una barbaridad con el tiempo en el teléfono estropeado que es internet. Por mucho que haya gente acrítica que haya intentado justificar las acciones de Hines y unos rencores que se han prolongado durante 15 años, las razones de este supuesto blacklist siempre han sido espurias. Los detalles importan. Él lo explica perfectamente y no hace falta que yo lo defienda. Pero la idea de que filtró todo el guion de Fallout 4 es totalmente falsa y a pesar del tiempo transcurrido, hay gente que lo repite para justificar las maniobras mafiosas de un ejecutivo cabreado incapaz de poner las cosas en su sitio.
El asunto es relevante, porque los odios de Pete Hines al periodista más importante de una industria carcomida por abusos flagrantes e intereses espurios tienen mucho que ver con las envidias de Howard y otras vacas sagradas de Bethesda respecto a Obsidian que derivaron en un proteccionismo desmesurado con la franquicia. Revelan una forma de conducirse, de mantener las relaciones con terceros y, sobre todo, de un narcisismo exorbitante. No digo yo que ese narcisismo no tuviera una razón de ser en un origen. Vender 65 millones de copias de Skyrim o 35 de Fallout 4 no está al alcance de todo el mundo. Pero en una industria donde tenemos a gigantes como Larian, CD Projekt RED, From Software o incluso Warhorse a su nivel, mirar a todos los demás por encima del hombro es un tanto patético.
El narcisismo les ha llevado al inmovilismo y a pensar que todo el mundo iba a tragar con todo
El narcisismo les ha llevado al inmovilismo y a pensar que todo el mundo (jugadores, Microsoft, la industria en general) iba a tragar con todo, sin rechistar. Es la actitud que llevó al desastroso lanzamiento de Fallout 76 y al decepcionante Starfield. Y a pegarse casi veinte años sin procurar un Elder Scrolls VI. Tenían el convencimiento absoluto de que sus éxitos del pasado les iban a permitir hacer las cosas como querían, a su ritmo, sin responder a nadie y sin dar explicaciones. Algo que a la postre se ha demostrado un fallo de cálculo espectacular. En las economías capitalistas, la memoria es frágil y tu valor se reduce a la última cuenta de resultados. Los éxitos te ofrecen una cierta buena voluntad, pero no una pista de despegue infinita. Es obvio que el nuevo sheriff les ha retorcido el brazo. Que se han terminado las inquinas infantiles y los vetos prehistóricos. El reinado de las vacas sagradas ha llegado a su fin.
El reseteo de Xbox no puede quedarse en despidos y ventas de estudios. Si es un cambio de paradigma sincero, es momento también de acabar con toda suerte de ineficiencias que limitan la productividad. Puede que Obsidian no sea el mismo estudio que en 2010, pero todavía tiene talento de sobra para que, con un presupuesto decente, hacer un Fallout en condiciones que llegará, presumiblemente, mucho antes que Fallout 5. Esto de dejar franquicias en barbecho durante décadas por personalismos desaforados no tiene ningún sentido en tiempos de crisis como el actual. Por ahora, Xbox ha permitido a Bethesda figurar al timón, pero solo hay que leer entre líneas para averiguar que están intentando manejar una situación que no es de su agrado. Es lo correcto. No tiene sentido imponer humillaciones públicas innecesarias. Pero estoy convencido de que Obsidian va a disfrutar de mucha más libertad creativa e independencia de lo que a los de Maryland les gustaría.
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