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Outlast
Outlast
Fecha de lanzamiento: 19 de junio de 2014
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PCPS4XOneSwitch

Análisis de Outlast. Un monstruoso sanatorio de locura y oscuridad

Análisis por  /  24 de junio de 2014       
5 comentarios
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No conforme con aterrorizar a los jugadores de PC y PlayStation 4, el notable Outlast llega ahora a Xbox One para demostrar que el género de los survival horror todavía tiene mucho que decir en la industria. Angustioso a más no poder, ¿os atreveréis a entrar en el claustrofóbico sanatorio mental en el que se ambienta su acción?

El éxito cosechado en PC y PlayStation 4 ha motivado al equipo independiente de Red Barrels a estrenar su notable Outlast también en Xbox One, con el fin de que los usuarios de la consola de Microsoft experimenten de primera mano el miedo que es capaz de transmitir con creces este angustioso survival horror. Y no exageramos. Porque solos ante el peligro, nos tocará lidiar con una panda de maniáticos homicidas que nos perseguirán incansablemente sin que podamos defendernos de ellos.


Correr y esconderse será, por tanto, nuestra única esperanza de salvación en este videojuego que, en los tiempos de insensibilización absoluta en los que vivimos, logra estremecernos y crear incluso algunas situaciones de auténtico pánico. Así que a poco que os gusten las aventuras de terror, por 19,99 euros (más 8,99 € si compráis también el descargable Whistleblower) Outlast es una compra más que recomendable y un buen ejemplo del enorme potencial que aún posee el género de los survival horror. ¿Listos para pasar miedo?


Nota: Si ya lo leíste en su momento el análisis de Outlast para PC sólo observarás pequeños ajustes en la mayor parte del texto para aspectos como el control, la dificultad y otros detalles de importancia relativa, pero puedes consultar directamente en la última sección, "Parias - Gráficos y Sonido-", para comprobar las más importantes diferencias estéticas y tecnológicas con la versión de Xbox One.

Instinto de SupervivenciaUna de las primeras normas del género de terror es la de poner el cerco alrededor del jugador en un lugar claustrofóbico y angustioso, y hacerle sentir que el mal en sí mismo se encuentra ahí. Poco tardamos en Outlast en darnos cuenta de que algo no va bien, y cuando lo hacemos es ya demasiado tarde para hacerse con un arma: estaremos solos y encerrados entre los siniestros muros de un gigantesco hospital psiquiátrico aislado del mundo con la única compañía de nuestra cámara de vídeo.


En el título somos un avezado periodista que viaja al conocido monte Massive, uno de los más emblemáticos picos de Colorado, para averiguar qué está pasando en unas instalaciones de lo más misterioso. Ahí hay un manicomio, un lugar de pesadilla sobre el que hace ya tiempo que se perdió el control, y en el que se rumorean experimentos de lo más bizarro de un puñado de doctores con un oscuro pasado y más bien pocos escrúpulos.


Todo lo que el protagonista, que responde al sonoro nombre de Miles Upshur, va a averiguar sobre lo que pasa aquí lo escucha de las voces de los supervivientes de este recinto cerrado, y especialmente de la ingente cantidad de documentación que encontraremos. Los pacientes y algún otro personaje que encontraremos por el camino nos darán pistas, en ocasiones muy confusas, sin embargo el usuario debe prepararse para leer, puesto que lo más útil lo encontrará en las hojas y hojas de archivos y textos con los que daremos por el camino. Para progresar en la aventura no hace falta consultarlos ni mucho menos, no es una obligación, pero sí es cierto que para comprender todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor sí conviene haber consultado todos estos papeles.


A pesar de estos pequeños descansos que proporciona la lectura, lo mejor de Outlast sigue siendo los momentos en los que el ritmo manda y se convierte en trepidante. Es cierto que ya hemos visto incontables películas sobre todo tipo de hospitales abandonados, pero el juego que nos ocupa tiene una virtud incontestable a la hora de tenernos agarrados para saber qué está pasando, qué ha llevado a la violenta demencia que exhiben a los pacientes del centro y cuál es el componente sobrenatural que se esconde detrás de toda su propuesta. Porque sí, hay enemigos humanos peligrosísimos, pero también hay algo que va más allá, y que va manifestándose cada vez más y más... Como mandan los cánones de este estilo de producciones.


Outlast análisisEl sanatorio del monte Massive es un lugar de pesadilla. El mal campa a sus anchas, y nosotros seremos testigo de la locura y lo sobrenatural.

La campaña individual ronda las seis horas, y durante ese tiempo vamos a vernos sumergidos en una constante espiral de investigación, huidas y juego de escondite con unos oponentes de lo más horripilante. El problema del título durante este tiempo está muy lejos de su cuidadamente calculada ecuación entre pavor y sentimiento de desamparo, y tiene más que ver con que la angustia a medio plazo tiende a disiparse cuando topamos una y otra vez con los mismos enemigos y situaciones, y cuando a los chicos de Red Barrels comienzan a vérseles las costuras de sus trucajes para conseguir la tensión. La identificación tan rápida que se hace de los pacientes que nos ponen en peligro y de los que resultan inofensivos juega en contra del sentimiento de tensión, y en más de una ocasión resulta incluso difícilmente justificable desde el punto de vista argumental.


Los primeros compases, eso sí, son los más brillantes del programa. Todo nos resulta tan extraño a nuestro alrededor como al protagonista, y la exploración del escenario nos deja situaciones cargadas de suspense y de lo más intrigante. Lamentablemente, y como a menudo sucede en estos casos, el juego va perdiendo poco a poco esa magia y ese pulso de hierro con el que nos acompaña al principio, y se pierde a veces en misiones rutinarias que parecen únicamente con la meta de llevarnos de un rincón a otro del manicomio, y cogernos de la mano en un puñado de sustos casi siempre bien orquestados, pero en ocasiones predecibles y meramente "alimenticios".


Outlast, con su media docena de horas de duración, tiene la habilidad de saber concluir en un punto en el que no le da tiempo a acabar siendo monótono o repetitivo, pero el último tercio de aventura ciertamente está muy lejos en cuanto a la valía de las sensaciones de lo que se consigue en los primeros compases. Como suele suceder en estos casos cuando le ponemos cara al mal que nos persigue, la sensación de pavor se ve recortada de forma severa. Pero, ¿cómo funciona el juego más detalladamente en cuanto a mecánicas? ¿Cómo nos defendemos con la única compañía de una videocámara? Ahora toca detallarlo.


RecEn el análisis de la versión de PC recordábamos ya que el cine ha aprendido en los últimos tiempos que no hay nada más aterrador que el ver la acción desde los ojos de quien la está sufriendo. Eso ha provocado la proliferación de cintas como El Proyecto de la Bruja de Blair o la patria Rec, y son dos referencias que Outlast ha tenido muy en cuenta. Nadie debe malinterpretarnos, puesto que el primer lugar de donde la propuesta de Red Barrels saca inspiración es de Amnesia obviamente, pero todo lo que hace referencia a la videocámara tiene un innegable aroma a las dos mencionadas cintas de horror. Su uso es opcional, pero como en el final de la película sobre zombies de Jaume Balagueró, el emplearla acaba siendo poco menos que una obligación en las partes más oscuras.


Outlast Xbox OneHay que echar siempre un vistazo a nuestro alrededor para encontrar información o pilas para la cámara. Los objetos útiles están destacados y brillan.

Así la obra en sus primeros minutos expone al jugador todos los movimientos que tiene que conocer, bastante básicos por otro lado, pero también nos empieza a familiarizar con el tipo de situaciones en las que deberemos sacar la cámara. Principalmente es conveniente que la mayor parte del tiempo la llevemos encendida, puesto que según ellos mismos explican en los consejos, sólo captaremos todos los detalles de lo que percibe el protagonista con ella. El juego divide todo lo que encontremos en documentos y notas. Los primeros escritos no admiten mayor descripción puesto que son los textos que encontraremos y que son revisitables en cualquier momento; los segundos en cambio son comentarios que el propio protagonista escribe en su bloc de notas cuando se da cuenta de algo. Al igual que el resto de pistas no son fundamentales para entender la aventura, pero sí que contribuyen a que esta sea más completa y cuente con un trasfondo más detallado.


Cargar con ella o incluso utilizar la cámara no gasta pilas, pero usar la visión nocturna con su característica lente que tiñe todo de verde sí que consume energía, y además a una velocidad endiablada. Outlast se regodea en obligarnos a caminar por los pasillos más lúgubres del edificio, y en algunas ocasiones incluso juega con apagar la corriente para dejarnos sumidos en la absoluta oscuridad. Es entonces cuando no hay linternas, ni velas... Es cuando debemos recurrir a la vista alternativa de la videocámara, y poder saber qué se esconde donde no llega la luz, y tenernos en un estado de tensión constante que en algunos momentos rozará lo insoportable.


Hay que usar esta herramienta con cuidado, claro está, puesto que las pilas son limitadas y habrá que explorar el escenario para dar con más. Esta mecánica de buscar y economizar la energía da unos resultados de angustia extraordinarios al principio de la aventura, aunque a medio plazo nos daremos cuenta de que salvo en la dificultad Demente (que además elimina la posibilidad de guardar), los suministros no son tan escasos como en primera instancia pudiera parecer. La cámara, por otra parte, permite hacer un útil zoom puesto que la visión en la oscuridad no nos permite ver más allá de unos pocos metros, pero el usuario debe saber que la mayoría de los sustos se esconden detrás de puertas o al doblar esquinas.


Como ya hemos explicado no hay armas, así que en un encuentro con un enemigo sólo nos queda la huida y el escondernos. El protagonista, Miles, es bastante ágil y de hecho protagoniza unas cuantas secciones que parecen sacadas de un juego de plataformas donde escalamos, nos descolgamos o saltamos peligrosas caídas, aunque la navegación no es todo lo perfecta que cabría esperar y en algunos momentos da lugar a ciertas imprecisiones, como si el héroe resbalara ligeramente al caminar. Esta puntualización es necesaria puesto que el juego, por lo demás, nos obliga a una exactitud tremenda, ya que en determinadas circunstancias cualquier fallo de cálculo puede acabar siendo letal.


Para evitar entrar en contacto ocular con los siniestros peligros que pueblan los angostos pasillos y los desgarradores salones del sanatorio mental tenemos muchas herramientas que van más allá de todo lo relacionado con la percepción que permite la videocámara. Por ejemplo podemos asomarnos por los rincones usando los gatillos del mando de la consola para hacerlo, y sacar la cabeza por una esquina lo justo para que no nos vean y así observar en cambio qué nos espera al doblar un rincón. La animación y su ejecución están muy cuidadas, y además se ven las manos del héroe apoyándose, lo que ayuda mucho a meternos en el papel y es un gesto que agradecemos.


OutlastEn Outlast hay que estar pendiente de la batería de la cámara. Sin su visión nocturna estaremos, literalmente, perdidos en su mundo.

Por otra parte también podemos sacar idénticas conclusiones de otros aspectos como el abrir puertas, un acto que admite dos formas de ejecución: el portazo para cuando tenemos prisa porque huimos de alguien y se limita a abrirla de golpe pulsando el botón X o, por el contrario, la posibilidad de irla empujando poco a poco manualmente para asegurarnos de que no hay ningún peligro. El pasar por espacios estrechos es ya algo más predecible, con una animación totalmente mecanizada que nos deja vendidos durante el proceso, y que al girar la cabeza nos brindará algunos de esos clásicos sobresaltos de lo más predecible.


¿Si todo esto falla? Ya sea porque hemos cometido un error o porque los abundantes scripts del título así lo ordenan, habrá muchas ocasiones en las que sólo queda correr. Plantar cara a los seres que habitan este mundo es literalmente imposible puesto que no existe posibilidad alguna de contrarrestar de ninguna forma sus ataques, y conforme vayamos recibiendo golpes de ellos la pantalla irá tiñéndose de rojo hasta que muramos... O quizá caigamos directamente en función del rival ante el que nos plantemos. Así que sólo nos queda correr, esquivar los objetos o saltar sobre ellos con la A, y tratar de llegar a un lugar seguro donde podamos esperar hasta que pase el peligro, ya sea debajo de una cama, dentro de un armario o sencillamente detrás de una caja. Lástima que la IA no acompañe, con comportamientos erráticos y algo torpes también en esta edición para consolas.


En el aspecto sonoro las ayudas para lidiar con los enemigos son muy necesarias y están muy cuidadas, pero nos quedamos con la sensación asfixiante de escuchar cómo un ser de auténtica pesadilla registra una habitación buscándonos, mientras nosotros esperamos con una respiración entrecortada y agitada a que se marche observando todo lo que hace desde la estrecha rejilla de una taquilla de metal. Inapelable y terrorífico lo que se sugiere en un videojuego que, cuando apuesta por insinuar en lugar de por enseñar, es mucho más efectivo que en las secciones de correcalles algo más pueriles por las que apuesta conforme vamos avanzando.


Outlast Xbox OneEl programa está plagado de detalles geniales destinados a incrementar la sensación de angustia. La iluminación es clave.

Parias - Gráficos y Sonido-Había mucho interés por saber cómo enfocaría Red Barrels el salto desde PC a consolas con Outlast, un título que no había sido puntero ni mucho menos, pero que sí había exhibido unos resultados rotundos para conseguir perfectamente lo que buscaba: elaborar una ambientación demoledora que se ocupe de buena parte de la creación de los sentimientos terroríficos que provoca en el jugador el programa. Los buenos gráficos son inmersión, eso es cierto, pero quizá con un poco menos de poderío tecnológico y un potencial artístico como el que se muestra aquí se pueden lograr también unas partes extraordinarias. Eso sí, también hay que dejar claro que hay luces y sombras en todo el trabajo visual, con algunas secciones que no han estado a la altura y que estropean, sólo parcialmente, el resto del conjunto.


Entre lo positivo está, como no podía ser de otro modo, el retrato del monumental edificio dentro del que nos movemos, sin olvidarnos tampoco de lo que hay fuera, ya que los exteriores también tienen su protagonismo en esta aventura. Aunque obviamente son las entrañas de la institución mental en la que hemos quedado atrapados las que de verdad nos lo harán pasar mal. Porque es ahí cuando Outlast se regodea sabedor de su robustez arquitectónica y de su extraordinaria ejecución.


No hay nada en el videojuego que no hayamos visto una y mil veces en cuanto a entornos decrépitos, sillas de ruedas tiradas por el suelo, manchas de humedad y paredes desconchadas; pero aquí como en tantas otras ocasiones el resultado funciona, y el efecto es fantástico. La oscuridad está casi siempre presente en todos los decorados, es muy importante calibrar el gamma adecuadamente con nuestro mando al comienzo, y hay que decir que los escenarios son terriblemente estáticos, pero casi siempre presentan algún rincón donde esconderse o algún secreto que descubrir.


Por el contrario los personajes que habitan el mundo ideado por Red Barrels están a años luz en términos de calidad de lo que podría deducirse de los decorados. Los diseños de los moradores de este infierno en la tierra no son nada imaginativos, y su ejecución deja también bastante que desear. Cuando los veamos en la distancia o cuando percibamos una sombra o un sonido huiremos despavoridos, pero después de verlos de cerca más de una vez y tras comprobar que la variedad de estos es más bien escasa y sus animaciones son de una gran pobreza, nos daremos cuenta de que se podía haber conseguido mucho más en este sentido, y que el juego y la sensación de horror se hubiera beneficiado notablemente de ello. Ver el cuerpo de nuestro protagonista desde la perspectiva en primera persona es, sin embargo, una de las grandes noticias que nos deja un videojuego que sabe sacar partido de ello en más de un momento.


OutlastDesde la óptica visual, Outlast en consolas mantiene el tipo con respecto a la versión de PC, aunque con algunos altibajos en aspectos muy concretos.

En cuanto a lo tecnológico, el equipo, de hecho, prometió que la versión de consolas sería idéntica a la de ordenador, y en algunos sentidos es cierto, pero en otros hay que recalcar que le ha faltado un empujón de tipo tecnológico a este port. Debemos recordar que la edición de PC tenía una optimización razonable pero no demasiado lograda dada una exigente implementación de Unreal Engine 3 que hacía que con algunos filtros el rendimiento decayera. En el caso de las consolas tenemos, sin duda, una versión mucho más regular en cuanto a la tasa de imágenes por segundo, y con una resolución de 1080p y un frame-rate de 60... Pero también es un conjunto que exhibe algunos severos recortes. Hay muchas situaciones que describen este tipo de descensos de calidad. Por ejemplo la sombra del personaje principal está pixelada hasta extremos desagradables, restando inmersión a su habitual figura proyectada sobre las paredes del sanatorio.


Por otra parte también hay incidencias abundantes de popping tanto en texturas, menos preocupante, como en algunos objetos que surgen de la nada desordenadamente. Eso puede provocar que desde lejos veamos a un personaje flotando en el aire, y que según nos vayamos acercando acabe dibujándose una silla bajo él. Esto último, en realidad, sucede en distintos casos y formas, y es una verdadera lástima puesto que debería ser uno de los puntos fuertes del programa. El producto trata con mucho acierto todo lo relacionado con las distancias y los juegos de sombras, creando una serie de situaciones, como decimos, mucho más hábiles a la hora de dar miedo de lo que las propias criaturas parecen sugerir. La increíble recreación de la cámara nocturna y la cuidada iluminación de la que se hace gala en todo momento ayudan de sobremanera a lograrlo.


El sonido es uno de los puntos fuertes del videojuego de Red Barrels. La música es fantástica, sabiendo muy bien cuándo tiene que ser histérica y atropellada y controlando también perfectamente cuándo debe guardar silencio y dejar todo el peso al sonido de ambiente. Éste, con todos sus cuidados efectos, es una de las partes más perfectas de un programa que es tan rico en este sentido que merece la pena ser disfrutado con unos buenos altavoces 5.1 para maximizar la inmersión. Mención especial para los jadeos y respiraciones entrecortadas y/o agitadas del protagonista en los momentos de tensión más altos. El lanzamiento, en otro orden de cosas, llega a nuestro país traducido únicamente en sus textos, con unas buenas voces en versión original: a menudo apropiadamente ininteligibles pero casi siempre terroríficas.


Outlast Análisis
“Muy Bueno”
Outlast
8,3
Lectores
(8)

Outlast llega a Xbox One cargado de momentos terroríficos, y ofreciendo a los usuarios de la consola de Microsoft la posibilidad de disfrutar de un Survival Horror que sigue la estela de juegos como Amnesia. El título, aceptablemente bien llevado a esta plataforma aunque con recortes, es una montaña rusa infernal capaz de poner los pelos de punta al tipo más duro. Cierto que es breve, y que tanto el ritmo como el impacto decrecen conforme avanza la aventura, pero con su precio tan bajo y su espectacular ambientación es una cita apasionante para los amantes de las emociones fuertes.

  • Ambientación arrolladora, terrorífica y angustiosa de veras.

  • Comienzo insuperable en cuanto a sensaciones.

  • Todo lo que tiene que ver con la cámara está muy bien resuelto.

  • El juego pierde algo de interés conforme progresa.

  • Algunos problemas tecnológicos en su salto a consolas.

Duración: 6 horas

Jugadores: 1

Idioma: Textos en español y voces en inglés

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