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La película de Ni No Kuni de Netflix no es ni Ghibli ni Your Name, pero lo intenta

La película de Ni No Kuni de Netflix no es ni Ghibli ni Your Name, pero lo intenta

Por  /  20 de enero de 2020       
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Ha llegado a Netflix el largometraje de Ni no Kuni, y no ha dejado indiferente a nadie. La película sigue las andanzas de Oliver y Drippy, dos personajes que se ven arrastrados al juego de realidades de los títulos de Level 5, y que nos dejan un largometraje entretenido sí, pero ni mucho menos memorable.

Netflix ha estrenado la película basada en el universo de Ni No Kuni que lleva el mismo nombre. Dirigida por Yoshiyuki Momose, diseñador de personajes y animador de los videojuegos, la cinta presenta una historia que puede ser disfrutada sin haber jugado a los títulos originales; así que vedla sin miedo.


De Ni No Kuni: La Ira de la Bruja Blanca y de Ni No Kuni II: El Renacer de un Reino comparte localizaciones, las reglas de su mundo de juego y algún guiño a personajes ya conocidos, pero nada más. No hay ningún spoiler durante la hora y cuarenta y seis minutos que dura.


Su historia no narra las peripecias de Oliver o Drippy, tampoco del rey Evan. En esta ocasión, la historia se centra en dos amigos que son estudiantes de instituto: Yuu y Haru. Los dos están enamorados de una chica alegre y llena de vida: Kotona. Yuu es un chico calmado e inteligente que va en silla de ruedas, mientras que Haru es un personaje más shonen: deportista, atolondrado y que no se piensa demasiado las cosas. La verdad es que recuerda a Shōyō Hinata de Haikyū!!, solo que más alto.


Parece que a Kotona le gusta Haru y que Yuu solo puede suspirar por ella. Un día, la chica regresa a casa desde el instituto y es asaltada por un hombre siniestro que le clava una daga en la tripa. Haru y Yuu salen al rescate. Moribunda, intentan llevarla al hospital en brazos, pero acaban sufriendo un accidente de tráfico. Solo que, en lugar de morir, son transportados a otro mundo.



Esta otra realidad es la que conocemos de los videojuegos y es la misma que la de estos. Si estáis atentos, incluso hasta podréis encontrar su sitio en la cronología de la serie. Este mundo paralelo es un espejo del nuestro. Hay otro allí con nuestro mismo aspecto, con otro papel en su sociedad y con las vidas de ambos conectadas. Cuando llegan, sus espíritus pasan al de su alter ego; así, Yuu puede caminar de nuevo.


Los dos chicos descubren que, aquí, Kotona es la princesa del reino y que ha sido también apuñalada, solo que mediante un hechizo. El resto de la película se desarrolla explicándonos por qué Kotona fue atacada en primer lugar y en cómo los intereses románticos de los protagonistas evolucionan hasta su desenlace, todo trufado por unas cuantas conspiraciones y las fabulaciones de un ejército enemigo.



La trama comparte el salto entre mundos y las reglas del universo Con este argumento, la película de Ni no Kuni se olvida de varias cosas claves y fabulosas de los videojuegos pero sin darnos nada mejor a cambio. Aquí no hay nada del primer y mejor representante de la franquicia. No hay un grupo de amigos variopinto que tiene que recorrer un mundo de fantasía para acabar con un mal, tampoco hay nada de esa deliciosa moralidad de La Ira de la Bruja Blanca.


La película de Ni no Kuni se olvida de varias cosas claves y fabulosas de los videojuegosAquel videojuego de PS3, y que podéis también jugar ahora en Nintendo Switch y Playstation 4, supo jugar muy bien con la idea de transitar entre dos mundos, y de cuáles eran las identidades que compartían identidad en ambos. Lograba que al viajar con nuestra pandilla resultase interesante conocer a nuevos conocidos que eran viejos en el mundo original. Eso está aquí, pero se pierde ese factor sorpresa.


Lo cierto es que toda la película se organiza para ser un triángulo amoroso con una princesa como vértice principal. De forma muy precipitada y apurada, se fuerza la trama para que los dos amigos se enfrenten, eliminando cualquier posibilidad de recorrer ninguna de las hermosas localizaciones que hemos jugado, de conocer a gente nueva o de que los personajes crezcan.


Eso también afecta a los únimos del primero, aquí no tienen ningún protagonismo y tan solo se hace una muy leve referencia a estos espíritus o familiares. De esta forma, la película pierde también la oportunidad de contar con algún personaje que sirva como alivio cómico o que haga de anfitrión de este mundo. Eso fuerza al argumento a precipitar las cosas y a no desarrollar apropiadamente las reglas del universo.


Quiere ser una película de Makoto Shinkai o de Mamoru Hosoda Estando Kotona enamorada de Haru, Yuu entiende que tiene vía libre para desarrollar sus sentimientos hacia la princesa del otro mundo sin molestar a su amigo. Habría sido interesante que se construyera esta nueva relación recurriendo a elementos propios de la franquicia, pero, inexplicablemente, se solucionan en dos escenas que pierden esta oportunidad. Una recuerda al famoso vuelo en alfombra de Aladdin con Jasmín y, cuando aterrizan, el juego decide emular secciones de Final Fantasy X protagonizadas por Yuna y Tidus.


Habría sido interesante que se construyera esta nueva relación recurriendo a elementos propios de la franquiciaEl problema de que el desarrollo de la película de Ni No Kuni no sea original, no decida usar las oportunidades brindadas por la franquicia para desarrollar ideas claves de su argumento, y de que recurra en demasiadas ocasiones a tópicos de otras películas de animación para que la historia avance, empeora con el uso de una estética que es prima hermana de la de Ghibli, porque hace que todo parezca más carente aún de alma o de intención.


En ocasiones, Ni No Kuni quiere ser La chica que saltaba a través del tiempo o Your Name, con sus protagonistas enfrentándose y encontrándose entre distintas realidades que los separan. En otras, prefiere ser una película de guerras medievales y más tarde pasar a ser una de intrigas palaciegas. En ningún caso le sale bien la jugada pese a que todo por separado y de manera independiente sí podría funcionar. Falta la unidad entre las partes.


Tres actos con un buen comienzo pero un final atropellado La película se estructura en tres actos, siendo el mejor el primero. En él, conocemos a los protagonistas que, a priori establecen una relación muy atractiva. Ellos son muy buenos amigos, se complementan y se apoyan pese a su mutuo afecto por Kotona que los enfrentará. Una vez que ocurre el intento de asesinato, y viajan al otro mundo, Ni no Kuni prefiere solucionar de inmediato esta cuestión. Salvan a su alter ego en un plis y la Kotona original revive, entrando la película en un incómodo impás.


A partir de aquí, entra el segundo acto en el que se duda de que su amiga común vuelva a estar a salvo realmente. Tras una primera parte convencional pero muy efectiva, en la que se cimientan las preocupaciones y motivaciones de los personajes, es ahora cuando empiezan los problemas. En lugar de hacer que los dos amigos viajen y descubran el mundo a sus anchas, la película los encierra en tan solo un puñadito de localizaciones sin nada de fantasía y movidos por las torpes intrigas de un tercero.


Aprovechando que Haru es tan tontorrón como cualquier otro personaje de shonen, la cinta fuerza la personalidad de los tres para que uno se convenza de una cosa y el otro de la opuesta porque sí, forzando las reglas del propio mundo para provocar un clímax torpe cuya conclusión queda telegrafiada mucho antes.


Finalmente, ya en el acto tres, la película pierde todo el rumbo, introduciendo una sucesión de batallas mal coreografiadas y resueltas sin ninguna gracia. De golpe y porrazo, el argumento decide inyectar de golpe un puñado de nuevo lore para explicar las acciones de un villano, lo que hace que todo el desenlace sea excesivamente abrupto. Por fortuna, Ni No Kuni salva el tipo al tipo al final con un giro de guion lo suficientemente sugerente para validar, de casualidad, ese interés por acercarse a los trabajos de Mamoru Hosoda.



Bonita y bien animada, pero artísticamente cojea En cuanto a la presentación del filme, sus diseños artísticos y decisiones musicales, se nota que aquí no está Ghibli dirigiendo el barco. El primer Ni no Kuni rebosaba Ghibli, había cariño por la naturaleza, dedicación a la infancia y a explicar lo difícil que es hacerse mayor y dejar atrás a los padres. Había amistad, amor, cariño y una violencia que sabía suavizarse con sonrisas y magia.


Ghibli se aleja todavía aún más de la ecuación hasta hacerse inapreciableNi no Kuni II dejó atrás la magnífica inocencia y la influencia de Hayao Miyazaki y los suyos. Los diseños de personajes y entornos fueron menos sutiles, menos evocadores, y entró de lleno la política, la monetización de las acciones y la construcción de un imperio. Había más Level-5. En la película, Ghibli se aleja todavía aún más de la ecuación hasta hacerse inapreciable. Aquí no hay ni pizca de realismo mágico, de las inteligentes metáforas de sus producciones o del primer juego; tan solo algún parecido en los rostros de los personajes.


El mundo de la película también se olvida de Totoro, de El Viaje de Chihiro o de La Princesa Mononoke, cuando una de las muchas intenciones del primer videojuego era interpretarlas. Solo hay tres guiñitos: el parecido de Yuu con el del protagonista de El Castillo Ambulante y cómo este intenta arrancar la daga del cuerpo de la princesa. De ella emana una oscuridad que recuerda a cuándo Sen le arranca al cliente del balneario el pedazo de chatarra de su cuerpo.


La arquitectura de las ciudades nos devuelve a momentos de los videojuegos, y los ropajes de los personajes secundarios y sus armaduras recuerdan a aquellas series de anime de los 80 tan inspiradas en la fantasía medieval, es decir, no consiguen tener personalidad y todo el conjunto estético acaba sumándose en esa deriva argumental.


La animación es buena salvo cuando no quiere serlo, y eso es cuando toca pelearLa animación es buena salvo cuando no quiere serlo, y eso es cuando toca pelear. Se emplean escenas rodadas por ordenador para representar multitudes, y no llegan a la altura de las empleadas por la trilogía de Berserk: La Edad de Oro, y estas tampoco eran nada del otro mundo. Donde sí funciona bien el diseño artístico es cuando nos quieren mostrar al Japón de la actualidad; es decir, durante todo el primer acto de la película.


El problema de su apartado musical es que como la película no consigue generar ningún momento original o memorable que acompañar, se queda como una agradable compañía, y poco más. Ni no Kuni emplea algún plano repetido y recurre también a elipsis para ahorrarse alguna explicación que considera necesaria, pero eso no hace más que alertar de lo perdida que va la película entre actos.


Ni mata ni da la vida Con todo esto que os he contado, seguro que pensáis que Ni No Kuni es un desastre como película, y no lo es. El problema real que tiene es que le falta alma, le falta saber qué quiere contar o qué quiere ser. No tiene claro si es una aventura de fantasía, de problemas políticos o de relaciones amorosas. Lo es todo en un momento u otro y tiene que solucionar todas las tramas que abre de golpe al final, lo que le cuesta horrores.


El problema real que tiene es que le falta almaPero como buena película de Netflix, se deja ver. Yuu es un buen personaje, tiene un par de guiños que gustará a los que disfrutasteis del primer juego y la conclusión de su arco de personaje funciona. Le sobran espadas, le falta magia y es un batiburrillo inconexo de referencias, pero es entretenida. La pena es que no es memorable y pone de manifiesto lo a la deriva que está esta IP de Level-5. Pero vaya, que podéis verla mientras jugáis en modo portátil a su videojuego en Switch.


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