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PlayStation, Nintendo y el formato CD, la historia de un amor imposible

PlayStation, Nintendo y el formato CD, la historia de un amor imposible

Por  /  12 de abril de 2020       
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Esta es la historia de cómo uno de los errores empresariales más grandes de Nintendo inició el imperio una de las marcas de videojuegos más prolíficas de la actualidad: PlayStation. Un amor que acabó en tragedia para una de las partes… y en gesta para la otra. Y todo por el CD-ROM.

Nuestra historia comienza con Ken Kutaragi. Con un diploma de graduado en Electrónica bajo el brazo, entró en Sony, una compañía en que entonces mandaban más los ingenieros que los ejecutivos. El que un día se convertiría en el CEO de Sony Computer Entertainment, ya era alguien admirado por aquel entonces, en los años ochenta. Resolvía problemas, participaba en proyectos exitosos y tenía buenas ideas. Una de ellas vino de forma absolutamente fortuita, cuando un buen día vio a su pequeña jugar con una Famicom (NES).


Kutaragi, el que se convertiría en el padre de PlayStation, escuchó atentamente los sonidos ochobiteros que salían del televisor, y pensó que eran muy mejorables. Así que se puso manos a la obra. En una época en que Sony no tenía el más mínimo interés por la industria del videojuego, lo único que pudo hacer el nipón fue trabajar a escondidas, invirtiendo horas y horas para crear el chip de sonido que acabaría usando la mítica Super Nintendo. Sus jefes no estaban nada contentos cuando lo descubrieron, y el despido estuvo más cerca que una palmadita en la espalda, hasta que apareció Norio Ohga (el entonces presidente de Sony) para decir: "Continúa con el proyecto, chaval". Había negocio… vaya si lo había.


El entonces joven ingeniero tokiense terminó con éxito el SPC700, un chip avanzado para su época, responsable de que juegos como Star Fox, Super Mario World o Chrono Trigger sonaran tan bien. Pero diréis, ¿qué tiene que ver esto con el nacimiento de PlayStation? En realidad, fue el inicio de todo, porque gracias al contrato firmado con motivo de este chip sonoro, Nintendo y Sony se acercaron con gran intensidad. Una con su Super Nintendo. La otra con el novedoso formato CD. El romance acababa de empezar. La cuestión es si tendría un desenlace feliz...


El CD-ROM de la discordia


Este prototipo de PlayStation ejecutaba cartuchos de SNES y juegos en formato CD. Jamás llegó a comercializarse. Foto: Heritage AuctionsEste prototipo de PlayStation ejecutaba cartuchos de SNES y juegos en formato CD. Jamás llegó a comercializarse. Foto: Heritage Auctions

Quedaban un par de años para el lanzamiento de Super Famicom en Japón, y Nintendo quería mantener su posición de liderazgo en el campo de las consolas domésticas. Estábamos en la era de los formatos, así que aliarse con uno de los gigantes del sector, como Sony, no parecía mala idea. Ambas compañías llegaron a un ambicioso acuerdo, que se concretaría en dos dispositivos: un periférico para ejecutar CDs (el jamás lanzado Super NES CD-Rom Adapter) y, el más importante, una nueva consola capaz de reproducir tanto cartuchos como discos: la PlayStation... pero no la que conocemos actualmente.


Esta PlayStation era muy especial, debido a su carácter híbrido, muy apetecible para los desarrolladores. Disponía de una bahía para cartuchos de SNES, pero también admitía el formato Super CD del que se vanagloriaba Sony. El punto problemático era que Nintendo había cedido los derechos de los juegos publicados en CD para esta plataforma. Y no sólo eso: la licencia del chip de sonido de SNES seguía sin pertenecerles, algo que obligaba a los de Kioto a pagar altas sumas de dinero a Sony por las herramientas de desarrollo. El presidente Hiroshi Yamauchi, comúnmente dibujado como un empresario muy autoritario, no estaba dispuesto a negociar por tales asuntos. No quería soltar un yen más… así que planeó en la sombra un movimiento empresarial tan imprevisible como letal.


Stand de Nintendo en el CES de Las Vegas (1991)Stand de Nintendo en el CES de Las Vegas (1991)

Veían a Nintendo y Sega como empresas de juguetesPhil HarrisonLa particular boda de sangre tuvo lugar en junio de 1991, en el CES de Las Vegas. Creyendo amor eterno, Sony reveló su flamante consola, mitad cartucho, mitad CD-ROM, diseñada por el mismísimo Ken Kutaragi. Sin embargo, al día siguiente Nintendo subió a la palestra con un auténtico bombazo: la firma de un acuerdo con Philips para entrar en el ansiado mundo de los CDs. ¿La razón? Yamauchi consideraba que el acuerdo previamente firmado con Sony era tremendamente desfavorable para su empresa, ya que estaba cediendo el poder sobre su software a una tercera compañía. El resultado de este encontronazo fue la producción de cerca de 200 consolas Nintendo PlayStation que jamás se pusieron a la venta.


Así fue cómo Nintendo acabó con la colaboración con Sony. La ruptura no fue total porque ambas compañías debían seguir manteniendo relaciones por el chip de sonido de SNES. Sin embargo, en Japón esta acción fue vista como la mayor de las traiciones: una empresa nipona jugándosela a otra, en favor de una compañía extranjera (Philips). Aunque fue aún más doloroso para Nintendo conocer años después que esta maniobra hizo nacer a su peor rival, PlayStation, uno que desplazaría su liderazgo en la industria durante generaciones.


A todo esto, podéis imaginar a Kutaragi en el momento de la ruptura, completamente desolado al comprobar que su proyecto se iba directo al cubo de la basura. Probablemente también su empleo. Todo había acabado fatal. No obstante, el presidente Ohga seguía confiando ciegamente en él. Era su ángel de la guarda. Y no sólo eso. La humillación sufrida iba a tener respuesta, en forma de un proyecto de consola. No fue fácil. El famoso Phil Harrison comentó sobre Sony que era una empresa con miedo de perder su imperio quincuagenario: "Veían a Nintendo y Sega como empresas de juguetes". Esto les estaba haciendo perder una grandísima oportunidad.


Pero Kutaragi contaba con el apoyo de Ohga. Eso era lo que importaba. El ingeniero trataba a aquella PlayStation como su bebé, e iba a sacarla adelante a pesar de la oposición directa de sus propios compañeros de trabajo. En una reunión en que se iba a decidir el futuro de dicho proyecto, el nipón reveló que había estado desarrollando un sistema de videojuegos basado en CD-ROM con la capacidad de renderizar gráficos en 3D. El problema era que el chip que necesitaba era diez veces más exigente que el mejor que tenía Sony por aquel entonces.


Los directivos de Sony, temerosos por apretar el botón que les llevara al desastre empresarial, no hacían más que reírse y menospreciar el proyecto PlayStation. Entonces Ohga tomó una decisión: recolocar a Kutaragi en Sony Music. El movimiento, aparentemente sin sentido, no podía ser más inteligente. Se trataba de una división de éxito, basada en apostar por las ideas y los nuevos talentos. Pero lo mejor es que ahí se trabajaba con el formato CD para la música, cuya manufacturación era prácticamente idéntica a la de un videojuego. Kutaragi por fin veía la luz al final del túnel.


Nintendo, probablemente estupefacta, se lamentaba por su trato con PhilipsCuriosamente, Nintendo siempre creyó que tras su jugada, a Sony se le quitarían las ganas de crear una nueva consola. Parecía una jugada empresarial para sacar del tablero a su más directo competidor. De hecho, todo apuntaba a que así ocurriría. No obstante, la tenacidad de Kutaragi era enorme. En el año 1993, la PlayStation se estaba haciendo realidad, un proyecto retomado desde cero, y cuyo éxito se debe principalmente al compact disc. Por un lado era mucho más barato que el cartucho, algo que abarató los costes de producción. Por el otro permitió experimentar con escenas FMV (full motion video) y los novedosos gráficos en 3D.


Los Zelda de Philips CD-i no fueron diseñados por Nintendo, sino por la compañía rusa Animation MagicLos Zelda de Philips CD-i no fueron diseñados por Nintendo, sino por la compañía rusa Animation Magic

Nintendo, probablemente estupefacta, se lamentaba por su trato con Philips: no había sido un buen negocio. Abandonó la idea de usar el formato CD, y a cambio dejó a la compañía holandesa crear una máquina (CD-i) que ejecutaría videojuegos tan infames como Zelda's Adventure. Dantesco. La Gran N perdió una batalla de la que no se recuperaría hasta una década después. Permitió la entrada de un competidor feroz, aunque no son pocos los que piensan que fue una buena noticia para la industria. Desde luego, fue un episodio único, que merece ser no sólo contado, sino recordado durante décadas.


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