Durante las últimas semanas, se ha levantado una considerable polvareda respecto a uno de los dos proyectos que Hideo Kojima tiene en desarrollo. Al parecer, PlayStation contactó con el creativo en junio a través de una videollamada para comunicarle que habían tomado la decisión de cancelar el juego, apenas dos años después de haberlo anunciado por todo lo alto como un exclusivo para la próxima generación de consolas. Durante el verano, Hideo Kojima y su equipo bascularon para intentar salvar el proyecto y llamaron a la puerta de Xbox, con quienes ya estaban colaborando en otro juego que, en teoría, está en una fase más avanzada de desarrollo. Después de unas rápidas negociaciones, Kojima firmó un acuerdo de publicación con Asha Sharma para rescatar Physint de las garras de la cancelación, lo que habría puesto al estudio independiente en serios apuros económicos. El intríngulis del proceso ocasionó muchos interrogantes que Jason Schreier, periodista que cubre la industria para Bloomberg, ha intentando despejar con su información.
Periodismo de investigación
Jason Schreier no necesita una introducción. Lleva años publicando piezas de investigación y artículos que explican muchos de los movimientos más notables de la industria del videojuego. Desde hace varios años trabaja para el medio de información financiera Bloomberg, aunque también tienen un podcast semanal bastante recomendable (Triple Click) y desde hace unos meses también ha empezado a traducir su contenido al formato YouTube. Ha publicado tres libros sobre experiencias entre bambalinas y en general está considerado como uno de los mejores periodistas del sector por la fiabilidad de su información y la calidad de sus fuentes. Su trabajo le pone a menudo en el disparadero por no alinearse con los intereses de las grandes empresas editoras y algunas el desacato no lo llevan muy bien. Como ejemplo, Schreier ha hablado muchas veces (aunque sin nombrarlo directamente) cómo Pete Hines le metió en una lista negra y Bethesda le bloqueó durante más de una década. Circunstancia que, por cierto, solo cambió de manera reciente aunque Hines lleva ya muchos años fuera de la compañía.
Schreier tiene los recursos, el know how, los contactos, la reputación y, por qué no decirlo, las agallas necesarios para hacer todo esto. En él confluyen una serie de parámetros que nunca abundaron precisamente pero que en estos momentos son prácticamente imposibles de conjurar. La mayoría de los que escribimos sobre videojuegos hacemos crítica, opinión, análisis de la industria, noticias o piezas más o menos académicas que buscan profundizar en las obras. Creo que todo esto tiene un valor considerable y que en general aporta mucho para que el medio sea un medio vivo y en constante evolución. Pero son muy pocos los que se dedican a hacer investigación de verdad, a cultivar fuentes, a indagar sobre asuntos que transcurren lejos del foco. ¿Por qué? Pues porque es un trabajo muy laborioso, muy desagradecido, que no suele compensar económicamente y que te expone a todo tipo de represalias. Personalmente, creo que los que lo hacen, en cualquier dimensión, son héroes que se merecen todos los elogios posibles.
Dudo muchísimo que a Bloomberg le compense económicamente el trabajo que hace Schreier
Dudo muchísimo que a Bloomberg le compense económicamente el trabajo que hace Schreier. No tengo ni idea de cuánto gana, pero viviendo en Nueva York y teniendo en cuenta las nóminas que se dispensan en un medio de comunicación de sus características, supongo que rondará en torno a los 150.000 dólares anuales. Todo para sacar quizá una o dos piezas de impacto al mes que al 99% de la gente le llegará por otros medios en vez de pasar por una suscripción. Sé que su trabajo también implica informar sobre movimientos cotidianos de la bolsa y que probablemente es ahí donde Bloomberg hace las cuentas, pero ante todo creo que es una cuestión de principios que hay que reconocerle a la cabecera. No podemos darlo por sentado porque todo, también el periodismo, está en constante evolución.
El control del relato
Hay una cita apócrifa que se atribuye a George Orwell sin ningún tipo de prueba que dice que el periodismo es publicar lo que alguien no quiere que se sepa, y que todo lo demás son relaciones públicas. Si nos regimos bajo esa máxima, está claro que Schreier hace periodismo, porque sus informaciones le han fastidiado la mañana a innumerables ejecutivos a lo largo de los años. Hideo Kojima es simplemente el último de la lista. Hay que tener en cuenta que, además de ser una brillante mente creativa (en mi honesta pero discutible opinión) es el CEO de una empresa con más de doscientos trabajadores que maneja presupuestos millonarios y por ende tiene un interés directo en controlar el relato. Las explicaciones que Schreier aportaba para contextualizar la decisión sorprendente (para los que no estamos en el ajo) de PlayStation ponían en cuestión el rol que Kojima había jugado en la ruptura de la relación, repartiendo las culpas entre ambas partes. Es más que evidente por qué a Kojima esa caracterización le puede incomodar.
Las explicaciones que Schreier aportaba para contextualizar la decisión sorprendente de PlayStation ponían en cuestión el rol que Kojima había jugado
Lo que quizá ha llamado la atención ha sido la reacción. En vez de negar taxativamente las informaciones o disputar algún punto específico, ha usado las redes sociales de su empresa para hacer un llamamiento al escepticismo de sus seguidores, recordándoles que la información no es oficial y que no se sustenta sobre declaraciones on the record. Como si estas fueran condiciones necesarias para confiar en una información. ¿A alguien se le ocurre algo así aplicado a la política? Todos damos por descontado que los políticos tienen todos los incentivos del mundo para mentir y ocultar información, y que es precisamente la prensa libre la que indaga y mantiene a raya los posibles excesos como cuarto poder. Está claro que en el orden general de las cosas, la política nacional e internacional es muchísimo más importante que los videojuegos y por eso los mermados recursos de los medios de comunicación se centran sobre todo en investigar estos asuntos, pero las empresas comparten incentivos análogos. Buscan controlar el relato, acallar las críticas y tapar sus vergüenzas. Todas. De maneras más agresivas o más circunspectas, pero el objetivo es el mismo.
El llamamiento de Kojima, si revela algo por encima de todo, es la gigantesca barrera cultural existente en lo relativo al tratamiento de la prensa. En ese sentido, recomiendo encarecidamente la serie de HBO Tokyo Vice, que recoge las experiencias del periodista americano Jake Adelstein en un periódico japonés durante los años noventa. Jake choca frontalmente con sus superiores por el servilismo aparente que mantienen con los portavoces policiales. Más adelante, va entendiendo que hay un cierto margen donde pueden maniobrar para ir más allá del relato oficial, pero es un espacio mucho más estrecho y traicionero que al que está acostumbrado en Estados Unidos. Ese espacio intuyo que ni existe en la prensa de videojuegos japonesa y que un perfil como el de Schreier les descoloca completamente. Es que no lo pueden ni entender.
Si a Schreier le creemos no es por otra razón que por su reputación, por su historial. Porque maneja buena información
Si algo he aprendido en mi tiempo cubriendo esta industria es que las empresas japonesas son las más celosas y desconfiadas a la hora de tratar con la prensa (con las chinas apenas he tratado, pero pintan bastos). He llegado a tener hasta 8 responsables de relaciones públicas presentes durante una entrevista con un desarrollador y la única vez que me cortaron a destiempo y de malas maneras una entrevista fue con una empresa japonesa (aunque el PR en cuestión no lo era, todo hay que decirlo). También son los más circunspectos, los que menos se mojan y los más reacios a salirse del discurso aprendido. Estoy convencido de que parte de esa desconfianza surge de las barreras idiomáticas y las diferencias culturales. Hay muchas cosas que se pierden en las traducciones y es obvio que hay malos actores que tergiversan las declaraciones a propósito. Pero hay un sustrato común inequívoco. Una pulsión de dominación, un desprecio de clase por así decirlo. Y de ahí proviene esa extraña mentalidad que proclama que solo podemos creer en la verdad oficial y que debemos cuestionar todo lo demás.
Si a Schreier le creemos no es por otra razón que por su reputación, por su historial. Porque maneja buena información y porque ha dado muchas exclusivas. Porque muchos en la industria con puestos relevantes confían en él y le filtran cosas que sus superiores no quieren que se sepa. Todo lo que ha publicado sobre el affair Physint resulta verosímil. Hideo Kojima, por todos sus defectos, es una mente brillante que hace juegos vanguardistas que hacen progresar al medio. Tiene gustos caros y probablemente no sea el más responsable con los gastos ni con los plazos. También me encaja que quisiera tirar la casa por la ventana con el que probablemente sea su último videojuego, uno que desde su punto de vista tiene un tirón comercial masivo e innegable. Creo que Sony ha cometido un error al cancelarlo, pero no creo que una decisión tan trascendental y tan radioactiva se haya tomado de manera arbitraria o sin dar ninguna señal previa. Kojima puede decir misa para tratar de salvar su reputación, pero las cosas no funcionan así. Si hay razones para ser escéptico es precisamente con un comunicado que ni siquiera entra en materia.
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