La inteligencia artificial se ha convertido en la tecnología que define la era en la que nos encontramos. A pesar de que muchos expertos aluden a una hipotética burbuja de la IA que acabará con el sector, lo cierto es que los avances de compañías como Nvidia, OpenAI o Meta están consiguiendo transformar la forma en la que entendemos el mundo. Sin embargo, su impacto futuro sigue siendo tan incierto como polémico, ya que muchos aseguran que la IA podría llegar a acabar con el sector laboral tal y como lo conocemos.
En una reciente reflexión, The Conversation ahonda en cómo la apuesta por la inteligencia artificial podría traducirse en una mayor abundancia material y resolución de problemas médicos, sociales o de ingeniería, pero también hay que estudiar la cara amarga de esta evolución. Como ejemplo, trazan una relación entre el desperdicio de comida y la inseguridad alimentaria en Australia: mientras se desperdician 7,6 millones de toneladas al año, una de cada ocho personas sufre inseguridad alimentaria. Así, en línea con este ejemplo, han decidido trasladar el debate hacia la IA y la escasez laboral.
¿Qué pasará si la IA nos quita el trabajo?
Si la lógica del mercado se basa en la escasez y la necesidad de trabajar para obtener ingresos, la abundancia y las promesas de las empresas apuntan a que la inteligencia artificial desafiará a este modelo. La IA, por tanto, sería capaz de generar desempleo masivo que nos lleve a vivir una sociedad con empleos sin remunerar, una situación que conduciría hacia el ostracismo de los mercados actuales. Así, se viviría el ejemplo que mostró Keynes, ya que hizo hincapié en cómo las crisis económicas en el capitalismo pueden crear pobreza incluso con recursos y capacidad de producción disponibles.
Durante la pandemia, una época que algunos añoran por las ventajas laborales que introdujo en campos como el trabajo remoto, el aumento de los subsidios y las transferencias de efectivo consiguieron reducir de forma drástica la pobreza y la inseguridad alimentaria en países como España, Estados Unidos, Japón y otros 200 más. Así, este aspecto reforzó las propuestas en torno a un ingreso básico universal (IBU) capaz de gestionar la transición ecológica, pero algunos economistas tienen sus más y sus menos con esta idea: mientras algunos la critican, otros señalan que debería ser un "derecho legítimo" derivado de la riqueza colectiva creada por la tecnología y la cooperación social.
Otras opiniones, por su parte, defienden que los servicios básicos universales como la salud, el transporte, la energía o la educación gratuita son más prioritarios que las transferencias monetarias. De hecho, ni siquiera la IA garantiza un futuro utópico en el que las personas dediquen su tiempo a realizar actividades satisfactorias en lugar de trabajar, ya que algunos expertos apuntan a ideas como el tecno-feudalismo que dará un poder concentrado a unas pocas empresas tecnológicas. Por ende, el mensaje de la reflexión de The Conversation es que no necesitamos la IA para acabar con la pobreza o el hambre, sino que debemos utilizar los recursos y los conocimientos que ya tenemos.
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