El Pentágono quiere que la IA sea una rutina y EE.UU. ya habla sin miedo de "chatbots militares"

El Pentágono quiere que la IA sea una rutina y EE.UU. ya habla sin miedo de "chatbots militares"

Los planes del país norteamericano ya no suenan a experimento, sino más bien a ambición de uso masivo de la IA

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Guerra Ia
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Abel Hernández

Editor
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Abel Hernández

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Si te digo que pienses en un mando militar mirando una pantalla, formulando una pregunta en lenguaje natural y recibiendo una recomendación sobre qué hacer, lo más seguro es que te imagines alguna película de ciencia ficción con temática bélica. Lo más llamativo de este asunto es que esa imagen ya no está en el terreno de la fantasía, ya que países como Estados Unidos están estudiando cuánto poder, presupuesto y rutina diaria es capaz de asumir una IA en una guerra.

La pieza que mejor resume ese salto es Marven, el sistema que el Pentágono ha decidido elevar a categoría de estructura viable. En marzo, Reuters reveló que el Pentágono había decidido convertir Marven Smart System en un programa oficial con continuidad, financiación y sitio fijo dentro de su estructura. La base de esta decisión fue un memorando del 9 de marzo firmado por Steve Feinberg, subsecretario de Defensa.

Así, el cambio importa porque marca el paso de herramienta útil a pieza central: Marven deja de ser una solución que funciona bien para convertirse en una capacidad que Washington quiere preservar a largo plazo. Según la información de Reuters, el sistema ya analizaba flujos de datos procedentes de satélites, drones, radares y otros sensores para detectar amenazas potenciales, y también ha respaldado miles de ataques estadounidenses sobre Irán en las semanas previas.

Palantir es la clave del asunto

Todo esto ha generado que la supervisión pase a la oficina digital y de IA del Pentágono, pero el Ejército asumirá la contratación futura. De esta forma, solo hace falta echar un vistazo a los movimientos de Estados Unidos para ver que esta decisión no llega sola: si sumas los tres contratos oficiales visibles del Departamento de Defensa vinculados a Marven, la escala deja claro que esto no va sobre una demostración tecnológica.

En mayo de 2024, el Pentágono adjudicó a Palantir un contrato prototipo de 409 millones de euros, una cifra que creció 85 millones más en septiembre cuando se sumaron al acuerdo aspectos como licencias, soporte y hardware. Un año después, en mayo de 2025, llegó una modificación de licencias por valor de 678 millones de euros relacionada con licencias de software Maven. Así, estos tres movimientos superan los 1.100 millones de euros, así que hablamos de una cantidad económica que refleja que esta tecnología ha pasado de promesa a infraestructura.

Lo más revelador del asunto es que el propio Departamento de Defensa ya no esconde el tono de fondo. En su estrategia oficial de enero de 2026, el ahora llamado Departamento de Guerra ordenó convertirse en una fuerza "AI-first", reflejando así que su intención es priorizar el uso de inteligencia artificial. De esta forma, el documento habla de acelerar el dominio militar de Estados Unidos con IA, empujar la experimentación con los mejores modelos del sector privado y eliminar trabas burocráticas para integrarlos más deprisa.

Palantir

Al mismo tiempo, también concreta proyectos que suenan a nombres de videojuego: por un lado, Agent Network, una plataforma orientada al apoyo a la gestión del combate y a la ayuda a la decisión desde la planificación de campaña hasta la ejecución de la kill chain; por otro, GenAI.mil, pensado para poner modelos punteros en manos de tres millones de empleados civiles y militares en todos los niveles de clasificación.

Según el texto oficial del departamento estadounidense, el éxito se puede medir en uso real, impacto en misión y velocidad de despliegue, pudiendo apoyarse además en experimentación continua en campo. Dicho de otra forma menos solemne, queda claro que el Pentágono busca que la IA deje de ser un departamento, un laboratorio o un piloto para pasar a ser una capa cotidiana del trabajo militar.

Los movimientos de Estados Unidos

Esa visión encaja con otra pieza oficial importante: Open DAGIR. Este enfoque, presentado por la oficina digital y de IA en 2024, busca escalar datos, realizar análisis y potenciar el uso de IA. Su promesa era construir un ecosistema interoperabilidad de varios proveedores que preservara la propiedad gubernamental de los datos y, al mismo tiempo, la propiedad intelectual de la industria. 

Visto así, importa porque explica la arquitectura del momento: no se trata solo de comprar un gran sistema, sino de crear una base común sobre la que distintas herramientas puedan convivir, intercambiar datos y no quedarse bloqueadas dentro de una sola caja negra. Sin embargo, la palabra "chatbot" no aparece aquí como un adorno

WIRED mostró en marzo tanto demos como registros del Pentágono en los que chatbots como Claude (Anthropic) podían ayudar a analizar inteligencia, redactar memorandos, compartir informes objetivos y situación enemiga, e incluso tenían la capacidad de sugerir qué bombardeos y municiones asignar a determinados blancos mediante una herramienta llamada "AI Asset Tasking Recommender". Además, otra pieza de WIRED contó que el ejército estadounidense trabaja en modelos entrenados con misiones reales para desplegar un chatbot pensado específicamente para soldados.

¿Es peligroso dar tanto poder a la inteligencia artificial?

Todo esto ha provocado que la conversación cambie: ya no se discute si una IA ve mejor una imagen o resume mejor un informe, sino si puede entrar en el tramo delicado en el que se ordena, se prioriza y se decide. Así, es evidente que cuanto más entra la IA en la sala de mando, más visible se vuelve otra dependencia: la de sus proveedores y sus modelos.

Como reveló Reuters, Palantir estaba teniendo que retirar código de Claude de Maven después de que el Gobierno vetara su colaboración por considerarlo un riesgo de cadena de suministro. Así, este episodio sirve para recordar algo incómodo: un sistema militar con ambición de permanencia puede depender de piezas comerciales externas y, al mismo tiempo, de sus propias políticas, límites y conflictos.

Palantir ha defendido que la decisión final en acciones letales sigue siendo humana, pero el problema va más allá de lo ético al hacerse industrial. Si una parte del engranaje se cae o deja de estar disponible, el sistema entero se resiente. Por eso, mientras el aparato militar acelera, el frente cibernético también se mueve al ver cómo muchos actores pasan de un uso experimental de IA a una ronda de operaciones completas con herramientas capaces de reescribir código, adaptarse y moverse con menos supervisión humana.

Maven importa como noticia porque mientras el uso de la IA se dispara, vemos cómo acaba llegando a campos tan delicados como el de la guerra teniendo un peso tan determinante en este. La inteligencia artificial observa, resume y sugiere, y cuando una herramienta hace esto dentro de un sistema que determina quién vive y quién muere con miles de millones de euros involucrados, la gran pregunta deja de ser si estamos ante una moda: ahora queremos saber cuántas decisiones toma una IA que puede determinar el futuro de muchas personas.

Imagen principal de 20th Century Fox/Disney

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