Aquellos que coincidieron con Steve Jobs siguen recordando las anécdotas que vivieron con él más de una década después de su fallecimiento. El creador de Apple, que volvió a la compañía después de abandonarla y que uno de los dirigentes de Pepsi tomase el mando, era conocido por sus métodos poco convencionales que, en la actualidad, muchos califican como tóxicos. Sin embargo, para personalidades como Andy Cunningham, estas prácticas fueron necesarias para "alcanzar la excelencia" que caracteriza a Apple.
Desde los 80, hace más de cuatro décadas, Cunningham está especializada en marketing, razón por la que ha tenido la oportunidad de colaborar con las compañías tecnológicas más grandes del mundo a través de Cunningham Communication. Así, gracias a dicha labor pudo colaborar de forma estrecha con Jobs en el lanzamiento de dispositivos como el Macintosh. Pero, según relata la propia Cunningham, trabajar con el creador de Apple era estresante y realmente complicado.
Guarda un buen cariño de su etapa junto a Steve Jobs
En palabras de la propia Cunningham, Jobs no era "una persona con la que fuese fácil trabajar". Así, la norteamericana coincide en relatos previos de otros compañeros que tuvo Jobs y asegura que era realmente complicado ajustarse a sus peticiones. En concreto, recuerda que constantemente tenía miedo de que la despidiesen, lo que tristemente fue así.
Según relata, acabó en una sala de conferencias con la directora de finanzas de Apple, quien le espetó que su trabajo era horroroso y por tanto, iban a poner fin a su contrato. Cunningham le recordó que aún tenían una deuda con ella de unos 35.000 dólares, pero la directiva respondió que no tenía pensado pagar, alegando que su labor era muy mala y que no se los merecía.
"Si quieres que te pague Steve Jobs vas a tener que tener algo que le interese", le aconsejó un amigo. "No tengo nada que le interese a Steve Jobs", respondió ella. Sin embargo, sí lo tenía: "tu relación con la prensa".
Así que volví y me reuní con Steve. Como era amiga de su directora financiera, ella me consiguió una reunión. Entré allí, algo que él aceptó, lo cual fue increíble, y le dije: 'Steve, me debes 35.000 dólares. Necesito ese dinero. Tengo una empresa nueva. Necesito pagar las nóminas y quiero que me des un cheque por lo que me debes'. Y él dijo: 'No voy a hacer eso'. Le pregunté: 'Tienes que hacerlo. ¿Por qué no?'.
Y le contesté: 'Bueno, para que lo sepas, Steve, recibo unas 30 o 40 llamadas a la semana de la prensa de negocios con los que hemos estrechado lazos en los últimos dos años preguntándome qué clase de tipo eres para trabajar y, de momento, les digo cosas muy agradables'. Me hizo un cheque inmediatamente y me volvió a contratar.
Por lo que cuenta, Jobs estuvo tentado de despedirla en alguna que otra ocasión, pero finalmente siempre acababa cediendo. Lo que está claro es que el genio tras Apple no era alguien con el que pudieras trabajar de forma relajada. "Lanzaba cosas a la gente, nada pesado, pero tiraba fajos de papel, les insultaba, criticaba su ropa. Hizo todas esas cosas. Lo que hizo a ciertas personas fue obligarnos a que nos esforzásemos aún más y tratásemos de ser aún mejores, pero a algunas las destruyó. Afortunadamente para mí, fui de las primeras y le estoy eternamente agradecida por la experiencia, porque ahora soy mucho mejor en lo que hago de lo que habría sido sin él", concluye.
Imagen principal de James Mitchell (Flickr)
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