A finales de los años 70, China estaba intentando transformar su industria después de décadas marcada por un modelo económico muy diferente. Deng Xiaoping quería modernizar el país y, entre las decisiones tomadas entonces, hubo una que acabaría teniendo consecuencias enormes décadas después: apostar por las tierras raras, un grupo de 17 elementos imprescindibles para fabricar desde componentes electrónicos hasta motores eléctricos, turbinas o sistemas militares.
Parte de aquel salto comenzó cuando Fang Yi, responsable estatal de ciencia, envió ingenieros chinos a visitar instalaciones estadounidenses para aprender de su tecnología. Al regresar, China dedicó recursos a desarrollar procesos capaces de separar tierras raras de forma mucho más barata. Esto hizo que Baotu (Mongolia Interior) pasara de ser conocida principalmente por sus reservas de hierro a convertirse en uno de los grandes centros mundiales de esta industria.
China convirtió una ventaja industrial en poder político
El resultado fue una ventaja difícil de recuperar para el resto del mundo. China tenía grandes yacimientos y ahora se le sumaban instalaciones, conocimientos y una industria capaz de procesar estos elementos a precios con los que otros países tuvieron dificultades para competir. Mientras numerosas plantas occidentales cerraban durante los años 90 y 2000, Pekín reforzó una cadena de suministro que hoy sigue siendo esencial para buena parte de la industria tecnológica mundial.
Aquella estrategia explica mejor lo que está ocurriendo en 2026. China lleva tiempo utilizando controles de exportación sobre determinados materiales y tierras raras, pero las tensiones comerciales han vuelto a mostrar la dependencia de otros países. Como informó Reuters el pasado 4 de septiembre, varios proveedores chinos han detenido algunos envíos hacia Estados Unidos ante el temor a las consecuencias derivadas de las crecientes disputas entre ambos países.
El problema para Occidente es que encontrar nuevos depósitos no basta. Extraer tierras raras es solo una parte del proceso: después hay que separarlas, refinarlas y convertirlas en materiales aprovechables por la industria. Precisamente ahí reside buena parte de la ventaja acumulada por China, ya que Estados Unidos y Europa están invirtiendo para crear cadenas alternativas, pero levantar toda esa infraestructura requiere años y mucha inversión económica.
Casi medio siglo después de aquellas visitas a fábricas estadounidenses, la decisión china parece todavía más importante. Deng Xiaoping resumió la situación en 1992 con una frase que terminó siendo una declaración de intenciones: Oriente Medio tenía petróleo y China tenía tierras raras. En 2026, con industrias enteras pendientes de las decisiones de Pekín, esa comparación resulta bastante menos exagerada de lo que podía parecer entonces.
Imagen principal de id things (Midjourney)
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