No deja de ser curioso que hoy existan 11 películas de Fast & Furious —incluyendo el spin-off—, la mayoría protagonizadas por Vin Diesel. Y os cuento todo esto porque, al terminar la entrega original de la saga de acción en 2001, el actor dejó claro que esta debía ser una película autoconclusiva, una obra de culto. En aquel momento, ni una fortuna de dinero logró convencer a la joven promesa para subirse a la secuela de una franquicia que empezó con carreras de coches y hoy es todo lo que quiera y busque Hollywood.
"Les dije: 'No podéis volver a hacerlo. No podéis tocarlo. Tenéis que dejarlo estar'"
"Recuerdo estar en una sala llena de grandes directivos y de los dueños de la franquicia. Estábamos en una cena en Londres celebrando el éxito de la película. Uno de ellos me dijo: 'Tenemos que volver a hacer esto'. Recuerdo decirles a todos los presentes en la mesa: 'No podéis volver a hacerlo. No podéis tocarlo. Tenéis que dejarlo estar'", recordaba Vin Diesel en una entrevista con Hashtag Legend recuperada hace unos meses por SlashFilm. "Si hacíamos una secuela de la forma en que los estudios lo hacían en ese momento, simplemente juntando una historia a la fuerza, arruinaría la oportunidad de que la primera se convirtiera en un clásico [...] Yo era un idealista y, para mí, el guion no continuaba la historia. Si vas a hacer una secuela, hazla al estilo de Francis Ford Coppola, hazla como uno de los grandes de la literatura, pero eso no era lo que ellos estaban haciendo. Estaban capitalizando la marca y exprimiendo su éxito todo lo que podían".
¿Rechacé 25 millones de dólares por mi ego?
Universal Pictures y el resto de socios productores entonces tenían motivos económicos más que suficientes como para no hacer caso al deseo de Diesel y se pusieron manos a la obra para hacer 2 Fast 2 Furious. Inicialmente buscaron convencer a la estrella de la forma que se hacen estas cosas en Hollywood, con un cheque con muchos ceros, pero no funcionó: "¿Rechacé 25 millones de dólares por mi ego? Si mi ego es lo suficientemente sano como para decir: 'No voy a hacer un... refrito de la misma película solo porque queréis que lo haga rápido. ¡Así de grande es mi ego!", podemos leer de él en LA Times.
Pero, por supuesto, Vin Diesel cambió de opinión y en la tercera entrega lo tuvimos protagonizando un legendario cameo. El motivo detrás de esta decisión fue salvar una saga de ciencia ficción que estrenará en los próximos meses película, Riddick, pero a la postre resultó ser bastante beneficiosa para el actor. Tanto que en estas dos décadas no ha parado de sacar películas de Fast & Furious, largometrajes que además han arrasado en cines hasta recaudar cerca de 7.500 millones de dólares y rivalizar con sus estrenos con muchas de las superproducciones del cine de Marvel Studios en su edad dorada.
De las 11 entregas de la franquicia, diez están ya disponibles en Netflix, que acaba de subir la saga para garantizar a los espectadores un verano sin un minuto de aburrimiento. Si aún no te has lanzado a verla, es probable que descubras en Fast & Furious un producto pop de acción tan excesivo como adictivo: una mezcla de velocidad, familia, acrobacias imposibles y un sentido del espectáculo que ha ido creciendo película a película hasta convertirse en uno de los fenómenos más reconocibles del cine comercial contemporáneo, y que todavía tiene que despedirse debidamente en los cines.
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