Si como fan de la ciencia ficción siempre has soñado con las aventuras de un Conan del espacio recuerda esta saga de Vin Diesel

Si como fan de la ciencia ficción siempre has soñado con las aventuras de un Conan del espacio recuerda esta saga de Vin Diesel

¿Cómo la soledad del antihéroe critica la fragilidad institucional? Del enigma del acero al espacio exterior: Riddick y Conan nos preguntan si es la violencia un mal necesario o un acto moral en un universo hostil

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Riddick Conan 2
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

El otro día me volví a ver todas las películas de la saga Riddick, las pelis buenas y las no tan buenas, y llegué a dos conclusiones claras: necesito más películas de Riddick, y estas son, sin duda, las mejores películas jamás hechas de Conan en el espacio. No soy el primero en hacer esta comparación, claro, pero más allá de la musculatura y el mal carácter, hay algo que hermana a estos dos personajes: su desprecio absoluto por la civilización. Mientras observaba a Vin Diesel encarnar a Riddick, recordaba la fuerza bruta y la filosofía de Conan, y comprendí que ambos representan la misma idea, trasladada a universos distintos, de lo que significa sobrevivir y reafirmarse fuera del orden establecido.

No es solo una cuestión de acción o de tono. Tanto Riddick como Conan se construyen como arquetipos del outsider, del guerrero que opera bajo su propio código, que cuestiona la moralidad convencional y que no se deja domesticar por normas o instituciones. Muy de machotes esto, es lo que tienen los tipos que rompen cuellos como quien sacude las camisetas mojadas al sacarlas de la lavadora. Pero hay un poso filosófico interesante.

Riddick es un antihéroe que navega por un universo de ciencia ficción hostil, repleto de persecuciones, cazadores de recompensas, bichos que quieren comerle y culturas expansionistas como los Necróferos, mientras que Conan surge de los relatos pulp de Robert E. Howard y se desarrolla en una fantasía espada y brujería, enfrentándose a imperios corruptos, hechiceros y criaturas infernales. Sin embargo, ambos comparten un núcleo ideológico: la civilización, bajo su barniz de orden, es en realidad peligrosa.

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Riddick, Conan y el desprecio a la sociedad

Riddick, en la saga de Vin Diesel, no es un misántropo por teoría, sino por necesidad. Su desprecio por la civilización surge de la práctica, de enfrentarse a imperios que exterminan planetas enteros, de tratar con mercenarios y sistemas legales que solo funcionan para proteger a los poderosos. Cada decisión del personaje está condicionada por la supervivencia, y su aislamiento refuerza la tensión narrativa de la saga. No podemos olvidar que el personaje es un criminal perseguido. Desde Pitch Black hasta Riddick, la acción y la estrategia de Riddick se alimentan de su rechazo a depender de la civilización.

La ciudad, los líderes y las leyes son amenazas concretas que le obligan a confiar únicamente en sus instintos y habilidades, y en ese contexto, la violencia y la astucia son tanto herramientas como filosofía. Hay un momento en Riddick que cristaliza a esta idea cuando Riddic compara el comportamiento de las bestias salvajes del planeta en el que ha quedado varado con la civilización.

Para Conan la civilización es un barniz frágil que esconde corrupción, cobardía y podredumbre moral

Conan, en los relatos originales de Robert E. Howard, convierte su rechazo a la civilización en una postura casi existencial antes incluso de que el término estuviera de moda. Mucho antes de las adaptaciones cinematográficas, el cimmerio ya funcionaba como vehículo de una crítica frontal a las sociedades decadentes, a los sacerdotes hipócritas y a las leyes diseñadas para proteger a los poderosos. En relatos como La Torre del Elefante o Más allá del Río Negro, Conan no solo sobrevive: impugna el sistema entero. Ya sabéis cómo empiezan sus relatos, "para pisar con sus sandalias los enjoyados tronos". Para él, la civilización es un barniz frágil que esconde corrupción, cobardía y podredumbre moral. Su código no depende de tribunales ni de linajes; depende de la acción directa, de la fuerza, de la lealtad personal y de una justicia inmediata que desprecia la burocracia.

Ese comportamiento tiene mucho de biográfico. Howard creció en el Texas del boom del petróleo, observando cómo el supuesto progreso traía violencia, corrupción y miseria a su pequeña ciudad natal. Su desconfianza hacia las instituciones, su defensa del individualismo y su visión cíclica de la historia, esa idea de que la barbarie es el estado natural del hombre y que la civilización termina por colapsar bajo su propio peso, se filtran en cada gesto del cimmerio. se pegó un tiro, claro.

Conan Riddick 6

La famosa frase de la adaptación de 1982 dirigida por John Milius, cuando el padre de Conan le advierte que no puede confiar en ningún hombre, mujer o bestia, solo en el acero de su espada, no deja de ser una destilación cinematográfica de una filosofía que ya estaba en los textos de Howard. En el fondo, esa desconfianza radical hacia el mundo organizado no es solo una pose heroica: es la proyección literaria de un autor que veía la civilización moderna como una estructura tan hipócrita como vulnerable.

Riddick actúa bajo códigos pragmáticos, persiguiendo su propio ostracismo

El contraste entre ambos universos también explica los matices de su desprecio social. Riddick se mueve en un tono de ciencia ficción mezclado con acción y horror: su rechazo a la civilización es crudo, pragmático y, a veces, nihilista, pero tal vez nos parezca más comprensible a nuestros ojos modernos.  Conan, en cambio, opera dentro de un marco épico y mitológico. La narrativa está teñida de simbolismo y filosofía; el desprecio por la civilización es estético y normativo, una crítica directa a la modernidad y una exaltación de la fuerza y la libertad individual creada desde una sociedad rural de principios de los años 30. Ya comentamos en 3DJuegos hace algún tiempo que el Conan original tiene mucho de filósofo, no solo de guerrero descelebrado.

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El origen del conflicto también difiere, aunque las conclusiones que sacan ambos personajes sean similares. En Riddick, los desafíos nacen de la persecución, de la injusta interacción con estructuras de poder extremas: los Necromongers representan la amenaza del imperialismo total, mientras que otros cazadores de recompensas buscan su muerte como trofeo. En Conan, los enfrentamientos surgen de la colisión entre culturas y de la lectura moral de Howard sobre el poder: los bárbaros confrontan sociedades sin honor, mostrando que la civilización puede ser un experimento fallido. La moralidad de los héroes refleja estas diferencias: Riddick actúa bajo códigos pragmáticos, persiguiendo su propio ostracismo, con decisiones ambiguas que generan dilemas éticos para el espectador. Conan encarna un ideal: su fuerza y voluntad lo colocan por encima de la moral convencional, justificando su violencia como una respuesta directa a la corrupción y decadencia que lo rodea. En cualquier caso, creo que es fácil identificarse con ellos y de ahí su popularidad.

Tanto en Riddick como en Conan, la exaltación de la barbarie se lee de manera claramente política

El riesgo está en romantizar la violencia como único camino hacia la libertad individual. Las dos sagas mantienen la ambigüedad moral y evita la glorificación simple del aislamiento, pero la imagen del héroe solitario y brutal puede interpretarse como una apología del individualismo extremo. Tanto en Riddick como en Conan, la exaltación de la barbarie se lee de manera claramente política, y puede verse como una idealización problemática del poder y la imposición de las ideas y las morales por la fuerza. Sin embargo, desde una perspectiva narrativa y filosófica, estas interpretaciones solo refuerzan la profundidad del personaje y su crítica a la fragilidad de la civilización.

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Si buscas explorar el rechazo a la civilización desde la supervivencia y la ambivalencia moral, Riddick ofrece un enfoque contemporáneo, pragmático y fascinante dentro de la space-opera. Si prefieres una reflexión épica y filosófica sobre autenticidad frente a la decadencia social, Conan plantea la cuestión en términos mitológicos y normativos. En ambos casos, la musculatura y el carisma son solo la superficie: lo realmente interesante está en cómo cada héroe articula su respuesta, práctica o filosófica, al fracaso de las instituciones. el mundo no es más civilizado por su aparente falta de violencia, la deshumanización del sistema es un mal endémico de nuestro día a día y está estrechamente vinculado a unas instituciones que, en ocasiones, son víctimas del abuso y la falta de ética de los responsables que deberían velar por su correcto funcionamiento. ¿Cómo no rebelarse contra esto desde el individualismo?

Para los amantes de la ciencia ficción y la fantasía, revisitar las aventuras de Riddick es un recordatorio de que, más allá de los efectos especiales y la acción, existen universos donde la barbarie y la honestidad siguen siendo una forma de resistencia frente al caos civilizado. Y si alguna vez soñaste con un Conan en el espacio, Vin Diesel ya te lo ha entregado. La saga de Riddick es la prueba de que, incluso en un futuro de naves espaciales y planetas lejanos, la esencia de la barbarie sigue viva.

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