Todos queremos que las películas históricas sean lo más fieles posible a la historia real, ¿pero qué pasa cuando la historia es tan extravagante que resultaría poco realista para los espectadores? Pues no es solo un hipotético. Existe, se llama "efecto Tiffany" y muchas películas han tenido que lidiar con él.
Uno de los casos más famosos se dio con la Gladiator original. La cinta de Ridley Scott tiene algunas inconsistencias importantes, como el hecho de que su protagonista ni siquiera es una figura histórica sino una amalgama de varias influencias, pero su representación de Roma en aquella época es bastante fidedigna en muchos aspectos. Desde su conflicto con las tribus germánicas hasta el proceso por el cual un gladiador podía ganar su libertad recibiendo una espada de madera.
Sin embargo, la película puede haber dramatizado un poco de más la experiencia de los gladiadores. Hay una concepción tradicional de que todos estos combates eran a muerte que los expertos no han dado como cierta. Puesto que el objetivo era mayormente el entretenimiento, muchos de estos enfrentamientos terminaban con alguien rindiéndose para vivir y ganarse el pan un día más. De igual modo, los famosos gestos del emperador con los pulgares para decidir si alguien moría o vivía tampoco se han verificado históricamente.
El aspecto más bizarro que prefirieron omitir se lo lleva el mundo del marketing de los coliseos. Expertos han descubierto a través de antiguos mosaicos que los combates se anunciaban por las ciudades días antes de que se celebrasen, incluyendo incluso el nombre y pinturas de estos como si fueran un combate de la WWE. Estos anuncios tenían diferentes versiones según se dedicaban a los que sabían leer o a los analfabetos. Algunos historiadores han sugerido incluso que había alguna forma de product placement que tenía lugar en los coliseos, ya que eran lugares en los que se compartía bebida y comida con asistentes.
Ridley Scott fue el primer sorprendido con todo esto. En la primera versión del guion veíamos la cara y el nombre de Maximo en carteles repartidos por toda Italia, así como un momento en el que el protagonista participaba en un anuncio de aceite de oliva. Scott no creyó que esto pudiera de ninguna manera colar entre los espectadores por mucho que pudiera acercarse a la realidad, así que decidió prescindir de ello.
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