Lo habrás visto en alguna red social esta semana. Quizás en X, quizás en Instagram, quizás te lo ha mandado alguien por WhatsApp con una foto de Aragorn y tres emojis de fuego. "¡Por Frodo!", y tú ahí tragando saliva y aguantando una lagrimilla. El mensaje dice siempre más o menos lo mismo: "Warner Bros. tiene 1.300 horas de metraje inédito de El Señor de los Anillos encerrado en una bóveda secreta bajo una montaña en Arizona". Y claro, nos volvemos locos, claro que sí. Comentarios de miles de personas exigiendo el montaje definitivo, comparaciones con el Snyder Cut, peticiones online para liberar el material, youtubers haciendo vídeos de reacción en los que se llevan las manos a la cabeza durante veinte minutos seguidos. La ola viral perfecta, con todos los ingredientes: una de las franquicias más querida, la promesa de contenido inédito, y un detalle pintoresco, el desierto de Arizona, que hace que todo suene mucho más interesante.
Lo que casi nadie se pregunta, sin embargo, es si el dato es real. No si el metraje existe en alguna forma, sino si esa cifra concreta tan exagerada de 1.300 horas, ese almacén bajo una montaña, ese secreto guardado en el desierto americano, tiene detrás alguna fuente verificable o si es, como tantas otras cosas que circulan en internet, clickbateo. La respuesta es fascinante, precisamente por explicar por qué seguimos necesitando que las historias de la Tierra Media sean épicas incluso cuando hablan de almacenes y derechos de distribución.
Jackson continuó rodando material de forma intermitente durante otros tres años más, incluso después de que las películas ya estuvieran en los cines
Lo primero que hay que hacer cuando un dato así empieza a circular con esa velocidad es rastrear su origen. ¿Quién lo dijo primero? ¿En qué entrevista, en qué artículo, en qué declaración oficial? La respuesta es desconcertante, pero lo esperable en estos casos: nadie lo sabe exactamente. La cifra de las 1.300 horas aparece siempre acompañada del dato de que hay 2.133.600 metros de negativo del rodaje de Peter Jackson almacenados en bóvedas de Warner Bros., al más puro estilo del final de El Arca Perdida. En ningún momento se cite la fuente original de ninguna de las dos afirmaciones. La cifra lleva circulando en foros de fans desde al menos 2023, cuando un pequeño blog de temática variada la popularizó en un artículo que pedía una edición especial del 25.º aniversario de la trilogía, pero ese blog tampoco citaba ninguna entrevista concreta de Jackson ni ningún comunicado del estudio. Simplemente asumía el dato como verdadero y construía su argumento sobre él. Lo más seguro es que la historia venga de antes y que apareciera por primera vez en Reddit o algún foro especializado. Yo no lo he encontrado, pero si dais con ello, avisadme.
Lo de "bajo una montaña en Arizona" es todavía más nebuloso, y es el tipo de detalle que debería encender todas las alarmas de cualquiera que haya pasado tiempo en internet. Warner Bros. sí tiene instalaciones de almacenamiento de material cinematográfico en Estados Unidos, como cualquier gran estudio, porque guardar los negativos originales en bóvedas climatizadas y controladas es práctica habitual e imprescindible en el sector. Pero la referencia concreta a Arizona, a una montaña, a un carácter secreto y subterráneo de la instalación, no aparece en ningún artículo periodístico verificable, en ninguna entrevista con directivos del estudio, en ningún documento público. A nadie se le escapa que esto tiene mucho que ver con la historia del cartucho de E.T. de Atari. Es el condimento de la leyenda, el hechizo que transforma un dato aburrido sobre logística corporativa en algo que parece sacado de las páginas del propio Tolkien. Una bóveda bajo una montaña, protegido por un dragón. Si no existiera, habría que inventarla.
Peter Jakcson durante el rodaje de El Señor de los anillos
Lo que sí dijo Peter Jackson, y es mucho más interesante
Ahora bien, que la cifra exacta y la ubicación geográfica sean cuestionables no significa que no haya nada detrás. Lo hay, y lo que hay es suficientemente impresionante como para no necesitar adornos. El rodaje principal de la trilogía empezó en octubre de 1999 y no paró hasta diciembre de 2000, filmando las tres películas simultáneamente en Nueva Zelanda, y Jackson continuó rodando material de forma intermitente durante otros tres años más, incluso después de que las películas ya estuvieran en los cines y hubieran ganado Oscars. Eso da una idea de la escala de la operación. No estamos hablando de un proyecto normal que deja unas tomas alternativas en la mesa de montaje. Estamos hablando de un rodaje que duró casi un lustro, que filmó prácticamente sin parar, y cuyo director era conocido por su incapacidad para decirle que no a una toma extra si creía que podía mejorar algo.
No son una leyenda urbana: estas escenas están en el guión original de la película, y fueron rodadas. Pero no se llegaron a usar en ninguna versión final de la película, ni siquiera las ediciones especiales
Lo que sí dijo Jackson, en una conversación recogida en detalle por comunidades de fans especializadas en el material inédito de la trilogía, arroja una luz muy diferente sobre el asunto. El director explicó que durante el rodaje se llevaron siete millones de pies de película al departamento de edición en Nueva Zelanda, y que cuando terminaron las películas propuso a New Line Cinema, el estudio original, antes de que Warner Bros. absorbiera todo, dejar ese material allí, bajo llave, para poder revisarlo después. La respuesta del estudio fue rotunda: no hacerlo.
Los drives digitales se borraron, aunque Jackson les suplicó que no lo hicieran, y el negativo físico en 35mm terminó en Los Ángeles, donde para hacer cualquier cosa con él habría que redigitalizarlo fotograma a fotograma. Eso ya cambia bastante el relato épico de la bóveda secreta, ¿verdad? No es un tesoro guardado esperando a que alguien tenga el valor de abrirlo. Es material disperso, parte borrado en su formato digital, el negativo físico en algún almacén de Los Ángeles, y un estudio que cuando tuvo la oportunidad de preservarlo decidió hacer exactamente lo contrario. La montaña de Arizona es mucho más romántica, claro, pero la realidad tiene su propio drama.
Aragorn contra Sauron: la escena que existió y que nadie ha visto terminada
Y sin embargo, aunque el dato concreto sea de origen dudoso, lo que sabemos con certeza sobre el material inédito de la trilogía es suficientemente apasionante como para justificar cualquier cantidad de titulares virales. La escena que más ha circulado en esta oleada de interés reciente, y la que probablemente la ha desatado, es el duelo entre Aragorn y el propio Sauron durante la batalla de la Puerta Negra en El Retorno del Rey. Pero hay más, como el momento en el que Legolas y Arwen se saludan en Rivendell. No son una leyenda urbana: estas escenas están en el guión original de la película, y fueron rodadas. Pero no se llegaron a usar en ninguna versión final de la película, ni siquiera las ediciones especiales. En el caso de la pelea de Aragorn parte del material fue editado posteriormente para sustituir la figura de Sauron por un troll gigante generado por ordenador, y la transición quedó tan fluida que es fácil creer que siempre fue un troll lo que estaba ahí.
Imagen de la pelea de Aragorn contra Sauron
La razón del cambio fue narrativa, y en retrospectiva bastante lúcida aunque duela admitirlo. Jackson consideró que introducir al Señor Oscuro en persona en ese momento desviaría demasiado la atención del espectador en el instante en que lo más importante que estaba pasando era el viaje de Frodo hacia el Monte del Destino. Creo que tiene razón, y además hay un problema de coherencia interna: si Sauron podía abandonar Barad-dûr para pelearse físicamente con Aragorn, ¿dónde quedaba el Ojo omnisciente vigilando a Frodo en cada paso? ¿Por qué no había ido el propio Sauron a buscar el Anillo en lugar de mandar a los Nazgul? En los guiones gráficos que se conservan de esa secuencia, Sauron aparecía con un diseño cercano a las ilustraciones de John Howe para el personaje de Morgoth, y empuñaba una espada en lugar de su maza característica.
Hay más, mucho más. Existe metraje filmado de Éowyn protegiendo a los refugiados en las Cavernas Centelleantes, una secuencia de heroísmo puro que nunca ha visto la luz en ningún formato. Existe la primera reunión de Aragorn joven con Arwen, que habría explicado el origen de su romance sin dar nada por supuesto. Entre el material no publicado hay secuencias completas del epílogo: la boda de Éowyn y Faramir, y la muerte y el funeral de Aragorn, imágenes del final de la vida del personaje central de la trilogía que nadie ha visto todavía. Ngila Dickson, la diseñadora de vestuario que ganó el Oscar por su trabajo en la saga, ha dicho que su creación favorita de todo el proyecto fue el vestido de boda de Éowyn, un traje que ningún espectador ha podido contemplar. Si buscáis por Internet daréis con algunas de estas escenas a una calidad bastante decente, los Valar sabrán cómo han llegado ahí.
Imagen de producción que documenta el rodaje de la boda de Eowyn y Faramir
Eso sí, conviene ser honestos sobre qué es exactamente lo que compone esa cifra tan impresionante, sea cual sea su origen real. Una parte muy significativa de ese metraje no son escenas dramáticas inéditas sino todo el material de recurso que Jackson filmó con la obsesión de un documentalista enamorado de su escenario: paisajes de Nueva Zelanda captados desde todos los ángulos posibles, tomas de entornos y localizaciones rodadas para sacar el máximo partido a cada decorado, los extras moviéndose en formaciones de batalla durante horas, y por supuesto esos vuelos en helicóptero tan característicos del director que parecen menos una decisión cinematográfica y más un reclamo publicitario para convencer al mundo entero de que debería irse a vivir a Nueva Zelanda inmediatamente. Jackson filmó su país con la devoción de alguien que sabe que está preservando algo irrepetible, y eso es admirable, pero también significa que buena parte de esas horas de metraje son material de producción que difícilmente va a emocionar a nadie en una sala de cine.
El Snyder Cut de Tolkien: ¿puede pasar o es un sueño?
La comparación con el Snyder Cut de Liga de la Justicia es inevitable cada vez que sale este tema, y es también muy interesante¡. En aquel caso, Warner Bros. invirtió 70 millones de dólares adicionales en finalizar el montaje alternativo de Zack Snyder para HBO Max, porque la presión fan había alcanzado dimensiones industriales, el momento mediático era oportuno, y la plataforma de streaming necesitaba contenido de impacto. "Las que entran por las que salen." El resultado fue una película de cuatro horas que se convirtió en uno de los eventos culturales del año. ¿Podría pasar algo parecido con El Señor de los Anillos? La respuesta es complicada, y eso que precisamente por falta de interés del público.
Buena parte de esas horas de metraje son material de producción que difícilmente va a emocionar a nadie
El Snyder Cut existía como ensamblaje coherente, con efectos visuales incompletos pero con una estructura narrativa definida que Snyder había supervisado personalmente. El material inédito de la trilogía de Jackson es algo fundamentalmente diferente: son fragmentos en distintos estados de finalización, secuencias que en algunos casos nunca tuvieron sus VFX terminados, escenas que se filmaron pero que nadie ha montado como parte de un corte alternativo. Buena parte del contenido tendría que redigitalizarse fotograma a fotograma desde el negativo en 35mm, algo ante lo que el estudio ha mostrado históricamente muy poca disposición, como ya hemos visto. Y luego estaría el asunto de completar los efectos visuales, sonoros, redoblaje, correción de color y luminosidad, y encajarlo con una banda sonora que, hasta donde se sabe, no contemplaba la existencia real de esos momento.
Eso hoy en día costaría una cantidad de dinero que Warner tendría que justificar muy bien ante sus accionistas. Jackson ha bromeado en más de una ocasión con la idea de ediciones del 25.º aniversario que reinsertan metraje eliminado, y algunos fans siguen aferrados a la esperanza de que esos comentarios escondan algo de verdad entre líneas. Bueno, ahora que hay nuevas películas de la franquicia en producción puede ser buen momento, pero de momento son solo guiños de Jackson a los fans. Pero son los guiños de un director que rescató 55 horas de metraje de los Beatles para Get Back precisamente porque no soportaba la idea de que ese material se quedara sepultado para siempre en un archivo sin que nadie lo viera.
Lo que nos dice esta historia sobre el cine, los estudios y nosotros
La historia de las 1.300 horas y la bóveda de Arizona es una versión romantizada y viralizada de algo que sí es real: existe muchísimo material inédito de gran interés artístico que los fans llevan décadas queriendo ver, y nadie ha tomado todavía la decisión de hacer algo serio con ello. Internet tomó un dato aburrido sobre logística corporativa y lo convirtió en un tesoro custodiado bajo una montaña del desierto, porque así es como procesamos las cosas que amamos: las magnificamos, las mitificamos, las convertimos en leyenda. Tolkien lo sabría apreciar. El material puede que no esté exactamente en Arizona, pero en algún lugar de la Tierra hay rollos de película en los que Viggo Mortensen se enfrenta espada en la mano a la forma física del Señor Oscuro de la Tierra Media. Eso, por mucho que el titular sea una exageración, sigue siendo perfectamente real.
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