Hoy en streaming puedes ver esta obra maestra de la ciencia ficción que creo que es mejor que Interstellar

Olvida Interstellar por un momento: esta obra maestra disponible en streaming propone un viaje mucho más interesante dentro del género

Solaris Interstellar
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Me alegra coincidir con la opinión de mis compañeros alemanes de Filmstarts: Solaris es una obra maestra de la ciencia ficción, y sí, también me parece que está por encima de Interstellar. Y no porque Interstellar no sea una tremendísima película, que lo es, ni porque Christopher Nolan no juegue a ser un cineasta "tramposillo", que también, en el mejor sentido de la palabra. Su cine dialoga con el espectador desde el artificio, desde la mecánica narrativa, y eso tiene un valor incuestionable. Pero tengo motivos para preferir Solaris, de Andrei Tarkovsky.

Dos formas de entender la ciencia ficción

El cine de ciencia ficción siempre ha utilizado el espacio como un lienzo sobre el que proyectar nuestras obsesiones más primitivas. La exploración del cosmos no es solo una cuestión tecnológica, sino una excusa narrativa para hablar de nosotros mismos. En ese sentido, tanto Solaris como Interstellar parten de una premisa similar: llevar a sus protagonistas al límite físico y emocional para confrontar cuestiones universales como el amor, la pérdida o la supervivencia. Sin embargo, lo que hacen con ese punto de partida es radicalmente distinto.

Mientras la película de Nolan abraza la épica científica y el espectáculo visual para transmitir una idea de progreso, Solaris se repliega hacia el interior. La cinta de Tarkovsky no está interesada en conquistar el espacio, sino en desentrañar la mente humana. Y ese matiz lo cambia todo. Donde una busca respuestas, la otra formula preguntas incómodas. Donde una mira hacia fuera, la otra obliga a mirar hacia dentro. 

 La exploración del cosmos no es solo una cuestión tecnológica, sino una excusa narrativa para hablar de nosotros mismos

Uno de los grandes logros de Interstellar es su capacidad para generar asombro. El agujero negro Gargantua, los planetas imposibles o la dilatación temporal son ejemplos perfectos de cómo el cine moderno puede fabricar lo sublime. Nolan entiende el lenguaje del blockbuster y lo utiliza para emocionar desde la escala, desde lo gigantesco, desde lo inabarcable. Tarkovsky, en cambio, juega en otra liga. Su idea de lo sublime no tiene que ver con lo visual, sino con lo emocional. En Solaris, el verdadero horror no es el espacio exterior, sino la materialización de nuestros propios recuerdos. El planeta no destruye naves ni genera catástrofes, sino que obliga a sus visitantes a enfrentarse a su culpa. Y eso es mucho más perturbador que cualquier agujero negro. Claro, también hablamos d euna película de 1972, que a nivel técnico se ve mucho más limitada… Y sin embargo no resulta menos ambiciosa.

Es imposible hablar de estas dos películas sin mencionar a Stanley Kubrick y su monumental 2001: Una Odisea del Espacio. La obra de Kubrick redefinió la ciencia ficción y dejó una huella imborrable en generaciones posteriores. Pero lo interesante es cómo Tarkovsky y Nolan reaccionan de forma completamente opuesta a ese legado. Tarkovsky rechazó frontalmente el enfoque de Kubrick, al que consideraba frío y excesivamente técnico. Su Solaris es una respuesta humanista, una película donde la tecnología queda relegada a un segundo plano. Nolan, en cambio, abraza esa herencia y la actualiza. Interstellar es, en muchos sentidos, una evolución de 2001, con más emoción, más ritmo y una clara vocación de conectar con el gran público.

Interstellar 01 Imagen de Interstellar

Mostrar o explicar: dos formas de narrar

Además del terreno práctico, hay otro aspecto de estas dos pelis donde la diferencia entre ambas se vuelve más evidente. Nolan tiene una tendencia clara a explicarlo todo. Sus personajes hablan, razonan y verbalizan constantemente lo que sienten y lo que ocurre. Es un modelo narrativo muy hollywoodiense, que pretende llevar al espectador de la mano incluso por los terrenos argumentales más escarpados. Esto hace que Interstellar sea accesible, pero también le resta misterio. Tarkovsky, por el contrario, confía en el espectador. Es algo que el cine comercial parece haber dejado de lado en las últimas décadas, tal vez convencidos de que así más gente verá las películas. En Solaris no hay respuestas claras ni explicaciones detalladas. Todo se sugiere, todo se intuye. La historia avanza a través de imágenes, silencios y simbolismos. Es un cine que exige más, pero que también ofrece mucho más a cambio.

Un buen ejemplo de esta diferencia de enfoque es el uso del concepto del tiempo, un elemento clave en ambas películas, pero su tratamiento no podría ser más distinto. En Interstellar, el tiempo es un problema físico que hay que resolver. La dilatación temporal se convierte en una herramienta narrativa que genera tensión y urgencia. Es un recurso brillante, pero también muy calculado. En Solaris, el tiempo es algo casi tangible, una presencia constante que se siente en cada plano. Tarkovsky hablaba de "esculpir en el tiempo", y eso es exactamente lo que hace. Sus escenas se alargan, respiran, se detienen. No buscan avanzar la trama, sino sumergirte en un estado emocional.

Interstellar 02 Imagen de Interstellar

El amor es el motor de ambas historias, pero su significado cambia por completo. En Interstellar, el amor es una fuerza casi científica, capaz de trascender dimensiones y salvar a la humanidad. Es una idea poderosa, pero también muy optimista. En Solaris, el amor es dolor. Es culpa, es memoria, es algo que pesa. Es una fuerza de la conciencia, una fuerza psicológica. El personaje de Kris Kelvin, interpretado por Donatas Banionis, no encuentra redención, sino confrontación. Su relación con Hari no es una segunda oportunidad, sino un castigo emocional. Y ahí es donde la película alcanza una profundidad que pocas obras han logrado.

Solaris Imagen de Solaris

Dos finales, dos filosofías

El desenlace de Interstellar es esperanzador. La humanidad sobrevive, avanza, conquista el espacio. Es un final coherente con su planteamiento, optimista y reconfortante. Nolan cree en el progreso, en la ciencia, en la capacidad del ser humano para superar cualquier obstáculo. El final de Solaris es todo lo contrario. Es ambiguo, inquietante, profundamente triste. Es un cierre que no busca tranquilizar, sino incomodar. Mientras Interstellar apuesta por el confort emocional, Solaris ataca nuestros propios traumas y nos enfrenta a la realidad dejando en nuestras manos la responsabilidad de buscar respuestas. Y precisamente por eso creo que resulta mucho más memorable.

Quizá la capacidad para incomodar de Solaris, para hacer pensar y para resistir el paso del tiempo, la peli de Tarkovsky sigue siendo una obra única. No es una película fácil ni complaciente, pero tampoco pretende serlo. Las dos son cine en estado puro, pero una hace más concesiones al espectador que la otra. Si te interesa comprobarlo por ti mismo, hoy mismo puedes ver Solaris en Filmin. Y si quieres revisitar la propuesta de Nolan, Interstellar está disponible en Prime Video, HBO Max y Movistar+. Dos formas de entender el cine, dos viajes al espacio, y una conclusión clara: a veces, mirar hacia dentro es mucho más revelador que explorar el universo.

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