Hoy es el walpurgisnacht y yo lo voy a celebrar con Nicolas Cage y uno de los mejores manga de la historia

Hoy es el walpurgisnacht y yo lo voy a celebrar con Nicolas Cage y uno de los mejores manga de la historia

De Berserk a El Hombre de Mimbre: así la Noche de Walpurgis, la Inquisición y los ritos paganos explican una inquietante cara de la cultura pop

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Walpurgisnacht
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Dado que encender una fogata en mi casa es tentar directamente al demonio teniendo en cuenta las toneladas de papel impreso acumuladas en cada rincón, este Walpurgisnacht he decidido una alternativa más prudente y, a su manera, igual de evocadora: quedarme leyendo, acompañado por Guts, Christopher Lee y Nicolas Cage como si fueran dos espectros pop vigilando la frontera entre mundos. Bueno, no va a ser así literal, pero es que tengo mucha imginación. La idea no es tanto sobrevivir a la noche como entenderla, dejar que su imaginario se desborde desde la cultura popular, que siempre ha orbitado alrededor de lo oculto, lo hermético y lo mágico. Porque si algo tiene esta fecha es esa capacidad para convertir lo cotidiano en algo ligeramente inquietante, como si la realidad dudara de sí misma durante unas horas. Y en ese estado mental, la cultura pop se convierte en un espejo perfecto donde Walpurgisnacht sigue ardiendo sin necesidad de hogueras físicas.

La Noche de Walpurgis, o Walpurgisnacht, es mucho más que una fecha del calendario folclórico europeo. En La Mano del Extranjero, José Miguel García de Fórmica-Corsi lo explica muy bien: esta festividad representa una superposición de capas históricas donde la primavera pagana, la cristianización simbólica y la paranoia inquisitorial terminan fundidas en un mismo imaginario. En ese cruce de caminos, la figura de Santa Walpurga se convierte en un extraño punto de equilibrio entre la protección divina y el miedo a lo demoníaco. Y es precisamente esa ambigüedad la que ha permitido que su eco sobreviva en la ficción contemporánea con una fuerza sorprendente.

Beltane, Walpurgis y el fuego como frontera entre mundos

Antes de hablar de demonios cinematográficos o de dioses grotescos en páginas de manga, conviene recordar que Walpurgisnacht no nace del terror, sino del ciclo agrícola. En ese contexto, Beltane es una antigua festividad celta vinculada al fuego sagrado que celebra la llegada del verano, la fertilidad y el aumento de la luz. Marca el punto intermedio entre el equinoccio de primavera y el solsticio de verano y se celebra principalmente el 1 de mayo en el hemisferio norte. Tradicionalmente se asocia con la energía del dios solar celta Belenos, como símbolo del renacimiento estacional y la vitalidad de la naturaleza. Este tipo de festividades, muy extendidas por todo el continente, funcionaban como rituales de transición donde el fuego no era castigo, sino herramienta de fertilidad y protección. El ganado atravesando hogueras, las cenizas esparcidas sobre los campos y la celebración comunitaria del renacer natural formaban parte de una lógica simbólica profundamente ligada a la supervivencia. El fuego no destruía, sino que ordenaba el mundo, lo preparaba para volver a florecer.

Sin embargo, la cristianización de estas tradiciones alteró su lectura simbólica de forma irreversible. Lo que antes era celebración del ciclo natural pasó a convertirse en una noche sospechosa, un momento liminal donde el mal podía filtrarse entre los márgenes del mundo visible. Lo mismo ocurrió con las diosas lunares y, en general, con toda herencia cultural y religiosa que hubiera sobrevivido a la romanización. La Víspera de Santa Walpurga, que se celebra el primero de mayo entre otras cosas, se transforma en una especie de espejo oscuro de Beltane, donde las hogueras ya no invocan la fertilidad, sino que sirven como defensa contra brujas y espíritus. Mucho más siniestro, ¿verdad? 

La demonización de los rituales paganos implicó también una transformación del significado del fuego, que pasó de ser un elemento de comunión con la naturaleza y la comunidad a convertirse en una herramienta de exclusión, castigo y purificación violenta. ¿Cómo no iba a ser ese un campo fértil para todo tipo de historias? Aunque su forma física permanece, su función simbólica cambia por completo. Así, las hogueras dejan de unir a las personas con el mundo natural, la tierra con el cielo, al hombre con la deidad, y pasan a escenificar el miedo y la expulsión del “otro”. Este cambio de sentido convierte al fuego en un símbolo ambivalente, capaz de ser tanto rito como condena, y precisamente por esa tensión se convierte en un recurso narrativo especialmente fértil para historias que exploran el poder, la violencia y el miedo.

Berserk 3 Imagen de Berserk

Berserk y la Inquisición: cuando la herejía se convierte en paisaje

En este contexto simbólico, el manga Berserk de Kentaro Miura funciona casi como una enciclopedia emocional de la Europa imaginada de la Edad Media tardía. El "Arco de la Condena" es probablemente uno de los retratos más brutales y complejos del fanatismo religioso en la cultura popular moderna, y conecta de forma indirecta con ese imaginario de Walpurgisnacht donde la frontera entre lo humano y lo demoníaco se vuelve difusa. Miura construye un mundo donde la fe institucional no es refugio, sino arma, y donde la desesperación colectiva abre la puerta a la superstición más violenta.

Berserk no representa simplemente la herejía, sino el modo en que la historia convirtió la Walpurgisnacht en un escenario de proyección del miedo social

En ese escenario aparece el Inquisidor Mozgus, una figura que funciona como una encarnación directa de la lógica del Malleus Maleficarum, donde la bruja deja de ser un individuo para convertirse en un enemigo sistemático de la fe. En Berserk, Mozgus no es solo un inquisidor extremo, sino la expresión del pensamiento absoluto, donde la empatía desaparece por completo en favor de la doctrina. Este enfoque conecta de forma clara con el imaginario de la Noche de Walpurgis, entendido no como festividad, sino como espacio simbólico donde los miedos colectivos se proyectan sobre figuras demonizadas.

El manga refuerza esta idea situando a Midland en un colapso social marcado por la guerra, la peste y la hambruna, lo que reproduce el tipo de crisis que históricamente alimentó las cazas de brujas. La población desesperada busca refugio en la Santa Sede mientras la autoridad religiosa responde con una purga cada vez más fanática. En este contexto, Mozgus y los Caballeros de la Santa Cadena de Hierro no persiguen solo herejes, sino que encarnan una estructura donde el miedo convierte cualquier desviación en amenaza sobrenatural, muy en la línea de la paranoia asociada al Walpurgisnacht.

Berserk 2 Imagen de Berserk

Frente a esta ortodoxia extrema surge el culto del Gran Macho Cabrío, que actúa como su reflejo distorsionado. Su imaginería, vinculada a Baphomet (figura simbólica del ocultismo occidental, asociada históricamente a la herejía y a la imaginería de los templarios y la brujería ritual) y a tradiciones de demonización histórica, conecta con la construcción cultural del aquelarre como inversión del orden cristiano. Los rituales del culto en Albion reproducen los temores inquisitoriales sobre las brujas: intoxicación colectiva, visiones alucinadas y disolución moral en la masa. Así, Berserk no representa simplemente la herejía, sino el modo en que la historia convirtió la Walpurgisnacht en un escenario de proyección del miedo social. En conjunto, Miura utiliza estos elementos para mostrar que la Inquisición y el culto pagano no son polos opuestos, sino expresiones de la misma lógica de terror. La Noche de Walpurgis se convierte así en una estructura narrativa permanente, donde lo reprimido siempre retorna bajo formas deformadas, revelando cómo la cultura del miedo se perpetúa más allá de cualquier contexto histórico concreto.

The Wicker Man 1 Imagen de El Hombre de Mimbre (1973)

The Wicker Man: el fuego como sacrificio y la belleza del folk-horror

Si Berserk se hunde en la oscuridad medieval como un descenso directo a la lógica de la Inquisición y a los miedos distorsionados de la Walpurgisnacht, El Hombre de Mimbre (The Wicker Man, 1973), y su remake de 2006 con Nicolas Cage, hace justo lo contrario: traslada ese mismo imaginario al lado luminoso del terror, donde la amenaza no surge de la noche, sino de la luz diurna y de comunidades rurales que han convertido el paganismo en estructura social. Aquí no hay aquelarres nocturnos al estilo clásico, sino rituales de fertilidad en pleno día, en una estética que se apoya en la idea de Beltane como celebración del ciclo natural. La novela Ritual de David Pinner es la base indirecta del imaginario de esta peli, un clásico de este género tan de moda ahora, el folk-horror, y que en 1973 no recreaba el folclore de forma literal, sino que lo reconstruye a partir de lecturas como La Rama Dorada de Frazer, una obra fundamental de antropología y mitología comparada. El resultado es una versión del paganismo donde fertilidad y sacrificio no se oponen, sino que forman parte del mismo engranaje simbólico. No quiero ponerme muy serio o profundo con el tema, porque al final, todo se reduce al sumo social de un meme de Nic Cage

Tanto en la peli original como en la versión de 2006, la de Cage, nacen del choque entre ese sistema ritual y el puritanismo del protagonista. Su moral rígida, su rol como agente de la ley y su rechazo absoluto a la sexualidad lo convierten en el reverso perfecto de Summerisle, una comunidad donde la vida y la muerte funcionan como ciclos interdependientes. Estudios como los de Mikel J. Koven han descrito este enfoque como una "falacia folclórica", es decir, una reconstrucción del paganismo más basada en imaginarios victorianos que en prácticas históricas reales. En este contexto, la isla no es un vestigio auténtico del pasado celta, sino una proyección cultural donde la lógica de Walpurgisnacht, ese momento en el que el orden se invierte y lo reprimido emerge, se convierte en norma cotidiana.

Más allá del meme, la escena resume perfectamente la lógica del film: la invasión del cuerpo por la naturaleza, la pérdida total de control y la transformación

En el remake esta estructura se traslada a un matriarcado explícito que intensifica la lectura paranoide del relato, conectándolo con ecos de Salem y con una lógica de sacrificio biológico más que espiritual. Será que a los estadounidenses todo este origen celta y nórdica les pilla lejos. Pero en ambas versiones el elemento clave permanece intacto: el Hombre de Mimbre como culminación ritual. No os quiero hacer mucho spoiler por si os animáis a ver las pelis (teneis la original en Filmin), y os recuerdo que en Assassin's Creed  Valhalla hay una recreación de este ritual celta. El fuego final es una reactivación simbólica de Beltane y de los antiguos fuegos rituales y mágicos asociados a la Noche de Walpurgis. Es la idea de que el equilibrio natural solo puede mantenerse mediante la destrucción ritualizada de un individuo, convertido en mediador entre mundos.

Not The Bees Imagen de The Wicker Man (2006)

Y es aquí donde entra Nicolas Cage en su versión más involuntariamente mítica: atrapado en su propio descenso ritual mientras la película alcanza su clímax… y las abejas. Más allá del meme, esa escena resume perfectamente la lógica del film: la invasión del cuerpo por la naturaleza, la pérdida total de control y la transformación del protagonista en víctima de un sistema ritual que no entiende. En cierto modo, Cage no está actuando solo en un remake de El Hombre de Mimbre, sino protagonizando su propia versión desquiciada de Walpurgisnacht, donde el fuego, el sacrificio y hasta las abejas convergen en un mismo colapso simbólico. Nicolas Cage también hace películas buenísimas, recordadlo.

El fuego, en este marco, adquiere su dimensión más ambigua. En las tradiciones agrarias indoeuropeas las hogueras de Beltane no eran destrucción, sino refuerzo del ciclo vital, una forma de "negociar" con el sol para garantizar la fertilidad de la tierra. The Wicker Man invierte esa lógica: el fuego ya no acompaña la vida, sino que la exige. La purificación se convierte en violencia ritual, y la frontera entre celebración y sacrificio desaparece por completo. En ese intercambio, tanto la versión de 1973 como la de 2006 funcionan como variaciones modernas de la misma idea que subyace a Walpurgisnacht: cuando el ciclo natural se convierte en sistema moral o religioso, el fuego deja de ser renovación para convertirse en juicio… Que en realidad, en este caso concreto, tiene más que ver con la idea cristiana y judía del fuego asociado con el Espíritu Santo (como en Pentecostés) y representa la purificación de las almas o el juicio divino, o del fuego simboliza la presencia de Dios (la zarza ardiente) y se utiliza en contextos de purificación, como la quema de la jametz, y que se remontan al Zoroastrismoy al Imperio Persa. Pero no os voy a dar más la chapa.

The Wicker Man 4 Imagen de El Hombre de Mimbre (1973)

La noche de Walpurgis como espejo de la cultura pop contemporánea

Lo fascinante de Walpurgisnacht es que nunca ha dejado de reinventarse. Desde los tratados inquisitoriales hasta el cine folk-horror , o uno de los mangas más populares de la historia, su imaginario ha servido como un contenedor flexible donde caben el miedo, la fertilidad, la violencia y la transformación, todo junto y revuelto. Lo que en origen era una celebración del cambio estacional ha terminado convertido en un lenguaje cultural que articula nuestras propias ansiedades sobre la fe, el poder y la naturaleza. En ese sentido, tanto Berserk como El Hombre del Mimbre no hablan del pasado, sino de nuestra necesidad de seguir imaginando lo sagrado como algo peligroso, pero no son las únicas: Midsommar (Ari Aster), The Witch (Robert Eggers), Men (Alex Garland)...

Y quizá por eso esta noche de Walpurgisnacht sigue teniendo sentido iluminarla desde la ficción. Porque en ese espacio intermedio donde Christopher Lee sonríe con serenidad inquietante y Nicolas Cage pierde la cordura entre abejas y visiones, lo que realmente está en juego no es solo una interesante (y personal) concepción religiosa o espiritual, un duelo entre paganismo o adscripción a religiones organizadas Abrahamánicas, correterar dando por los bosques o ir a misa los domingos, sino nuestra relación con los relatos que explican el miedo. La línea entre el ritual y la representación siempre ha sido más fina de lo que nos gustaría admitir. Y en esa grieta simbólica, la cultura pop sigue encontrando su propio aquelarre permanente.

¿Y tú qué opinas? ¿Cómo vas a celebrar a noche de Walpurgis? ¿Has visto las pelis de El Hombre de Mimbre, cuál te gusta más? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.

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