Lo que apuntaba a ser una apisonadora capaz de arrasar con todo, con las Big Tech llenando nuestros campos de centros de datos ansiosos de agua, se ha cruzado con la resistencia más inesperada posible, la de familias dispuestas a rechazar ofertas de 26 millones de dólares por parte de sus tierras: “Nos llaman granjeros viejos y estúpidos, pero no lo somos”.
Cada vez surgen más historias como la de Ida Huddleston, de 82 años, que junto a su hija ha puesto freno a la intención de apoderarse de sus tierras de "una gran compañía de inteligencia artificial". Pese a que los terrenos de la zona se están vendiendo a cerca de 13.000 euros por hectárea, cuentan que la oferta que recibieron era mucho más alta que eso. Sin embargo, tienen claro cuál quiere ser su papel en el mundo actual.
La batalla de la IA contra las tierras de cultivo
La clave está en que pese al auge de los centros de datos y las ofertas multimillonarias que se mueven con estas adquisiciones, quienes han dedicado toda su vida a trabajar la tierra parecen tener bastante más conciencia que quienes lo vemos desde fuera y nos parece una locura rechazar ese dinero: "Sabemos que cada vez nuestra comida desaparece, nuestras tierras desaparecen, y no tenemos agua — y ese veneno. Bueno, sabemos que ya estamos hartos".
La de la familia Huddleston es una historia especial porque llevan controlando esas tierras desde hace generaciones y fueron uno de los pilares en la supervivencia del pueblo durante la Gran Depresión, cuando cultivaban trigo para alimentar a familias sin recursos. Saben que tanto el agua como la agricultura son un bien cada vez más escaso, y que es algo que la IA y sus centros de datos no van a llevar a mejor puerto.
Lamentablemente, no todos opinan igual, y agasajados por multimillonarias ofertas y empleos fantasma, otros granjeros de la zona sí han optado por ceder sus tierras. El resultado es que, si nada se tuerce, los Huddleston finalmente tendrán que convivir con un centro de datos en las tierras colindantes. Ahora sólo les queda esperar que, en forma de buenas prácticas como reciclar agua no potable y reutilizar agua, sus nuevos vecinos no terminen siendo el problema que ellos dan por hecho que serán.
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