El tiburón blanco se ha convertido en un sinónimo de "máquina maligna perfecta" por la forma en que se le ha retratado en el cine. Una parte de esa creencia se construye alrededor de una ventaja evolutiva que empieza a parecer una trampa: mantener partes del cuerpo más calientes que el agua que los rodea. ¿Por qué? Según un estudio publicado en Science liderado por investigadores del Trinity College Dublin y la Universidad de Pretoria, los grandes peces mesodermos (algunos tiburones y atunes) consumen casi cuatro veces más energía que especies de sangre fría de tamaño similar.
En un mar cada vez más cálido, ese motor biológico puede llevarlos al sobrecalentamiento. Esto provoca que la clave se encuentre en el equilibrio del calor, ya que los sensores colocados en peces de distintos tamaños permitieron estimar cuánto calor producen y cuánto pierden mientras nadan. Así, los investigadores afirman que una temperatura superior a 17 ºC ya empieza a ser problemática para un tiburón de una tonelada.
El peligro del termómetro oceánico
Esta situación le obliga a cambiar de comportamiento, buscar zonas más frías o reducir su actividad. El hallazgo no significa que los grandes blancos vayan a desaparecer mañana de todas sus áreas, lo que hace es añadir una presión silenciosa a una lista que no para de crecer.
NOOA Fisheries, por ejemplo, recuerda que el tiburón blanco es un depredador de crecimiento lento con baja capacidad reproductiva y vulnerable a impactos humanos como captura accidental, sobrepesca y pérdida de hábitat. Si a todo lo citado le sumamos los problemas de sus ventajas evolutivas, el resultado es más problemático que beneficioso.
Un país que refleja bien esa complejidad es Sudáfrica. En lugares como False Bay o Gansbaai, la caída de avistamientos ha alimentado titulares relacionados con "desapariciones", pero los investigadores piden cautela. A través de diferentes estudios, se ha demostrado que existen señales de desplazamiento hacia el este que se suman a declives locales, así que no solo se trata de una simple mudanza de una zona a otra.
Esto potencia la importancia del estudio publicado en Science, ya que mira dónde están los tiburones y dónde podrán seguir viviendo sin gastar más energía de la que pueden obtener. Si el calentamiento del océano reduce sus refugios térmicos y la pesca reduce sus presas, el problema deja de ser solo climático: va sobre espacio, alimento y gestión. En este escenario, proteger al tiburón blanco exige mapas dinámicos, menos capturas accidentales y olvidarnos de películas: no hablamos del villano del mar, hablamos de un termómetro visible.
Imagen principal de Oleksandr Sushko
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