Aunque sólo sea por una mera cuestión de estadística, estoy seguro que le has pedido alguna cosa absurda a la IA. En cualquier caso, no estamos aquí para juzgarte, sino todo lo contrario. Acudo en tu ayuda para decirte que, incluyendo tu caso, es probable que no sea lo peor que se le ha pedido a Gemini o ChatGPT. El cómo librarte de una condena de 27 meses de cárcel se lleva la palma.
En verano de 2024, en la ciudad de Christchurch de Nueva Zelanda, una mujer incendió de forma deliberada la vivienda que tenía alquilada y, lejos de quedarse ahí, decidió que era buena idea escalar aún más la situación. Cuando acudieron los servicios de emergencia no dudó en agredirles y, en plena enajenación, mordió a un agente de policía mientras le amenazaba de muerte. Como ya habrás imaginado, la historia no acabó ahí.
La peor forma de usar la IA
En vista de que la defensa de su caso era casi imposible, su abogada le recomendó optar por la vía de la redención como atenuante legal. Para quienes no estéis al día de ese tipo de jergas legales, digamos que frente a una reseñable muestra de arrepentimiento en forma de cartas de disculpas tanto a las víctimas como al propio tribunal que se encarga de un caso, el juez puede llegar a recompensar esa acción con una reducción de la condena. En este caso apuntaba a más de 2 años de cárcel.
Frente a esa situación, cualquiera optaría por sacar de su puño y letra el texto más profundo y sincero que pueda llegar a ocurrírsele, sacando al poeta que llevas dentro para demostrar hasta qué punto mereces esa reducción de condena de forma genuina. La señora en cuestión, en cambio, decidió pedirle a la IA que se encargase de la carta.
Al ver el juez que la carta estaba lejos de acercarse a una escritura lógica, por poco personal, decidió compararla con un prompt básico que él mismo introdujo en una de estas plataformas y, para sorpresa de nadie llegados a ese punto, la IA le mostró una carta sospechosamente similar a la recibida por la mujer. Acorralada por la situación, decidió confesar que era eso justo lo que había hecho.
El juez terminaba concediéndole una reducción mínima del 5% que él mismo calificaba como razonablemente generosa. Asegura que aunque el don de las letras no es algo que le haya tocado por gracia divina a cualquiera, delegar en una máquina la tarea de pedir unas disculpas sinceras que te salgan de dentro está lejos de ser lo ideal, así que finalmente se enfrentará a 27 meses de prisión.
Imagen | Amy Hirschi
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