El nombre de Grigori Yefimovich Rasputín es uno que podría helar la sangre a sus propios compatriotas, acostumbrados a uno de los inviernos más gélidos del mundo. El que a principios del S.XX fuera una de las figuras más cercanas a los zares y su enigmático consejero religioso y gurú espiritual y medicinal es considerado por muchos como LA leyenda negra de Rusia.
Pero así como su leyenda negra es bien conocida, su muerte para muchos ha sido objeto de debate y controversia, llegando a atribuirle poderes místicos y sobrenaturales, y gozando de una resistencia y fuerza de voluntad sobrehumana como para resistir sus intentos de aseinato... pero nada más lejos de la realidad. Su muerte fue tan mundana como otras, aunque las teorías en torno a ella se mantuvieron vivas y fueron bastante magnificadas por sus propios verdugos.
El mito de las muchas muertes de Rasputín
Contrario a la creencia popular, Rasputín era el menos interesado en que los zares cayeran; aparte de ser el principal consejero espiritual del palacio de San Petersburgo, su cercana relación con la zarina Alejandra le garantizaba una posición de poder e influencia dentro de la corte.
Precisamente esa influencia sobre la figura más cercana al zar Nicolás II se cree que fue lo que firmó su sentencia de muerte. En la noche del 16 al 17 de diciembre de 1916, aproximadamente unos tres meses antes de la caída de los Romanov y del Zar Nicolás II tras la Revolución Soviética, el Príncipe Félix Yusupov (marido de la sobrina del zar) invitó a Rasputín a una reunión nocturna. Yusupov sospechaba que Rasputín estaba manipulando a Nicolás II a través de Alejandra, sugiriéndole que Rusia saliera de la Primera Guerra Mundial para proteger a la nación y a sus ciudadanos, algo que no interesaba para el desarrollo global de la contienda. La idea de Yusupov junto al resto de conspiradores -el Duque Dmitri Pavlovich, el diputado de la Duma Vladímir Purishkevich, y el oficial médico de la Guardia, el Dr. Stanislav Lazovert- era envenenar a Rasputín con cristales de cianuro potásico en el vino y los pasteles que le ofrecerían durante la reunión.
La penetrante mirada de Rasputín fue lo que más ayudo a avivar su reputación oscura y mística
Según se dice, Rasputín comió y bebió del vino, pero tras más de dos horas seguía en pie y gozando de buena salud. Frustrado, el príncipe Yusupov salió de la cámara para volver con una Browning con la que disparó a Rasputín en el costado izquierdo del pecho. Al ir a comprobar si estaba muerto, se dice que el monje aparentemente muerto lo ataco con una fuerza y una furia animal casi demoníaca. Un segundo disparó en su espalda durante ese ataque, y un último disparo en su frente deberían haber bastado para rematarlo.
Pero ahí no acaba la cosa. Los conjuradores arrojaron su cuerpo al helado rio Neva, pero se rumorea que lo vieron moverse y tratando de subirse al hielo. Unos días después se halló el cadáver. Pero la autopsia no solo reveló que Rasputín no era tan resistente, sino quizás otros conspiradores con motivos más lógicos para su muerte.
Rasputín solo murió una vez ¿por el MI6?
La autopsia del cadáver de Rasputín y su propia hija fueron los principales responsables de desmontar parte del mito cuando se publico en la revista National Geographic la investigación que Helen Rappaport realizó para la publicación. Primero, según testimonio de la hija de Rasputín, María, este odiaba los dulces. Entre eso y que no se encontró veneno en su cuerpo se descarta el envenenamiento.
Luego están los disparos. Sí, Rasputín recibió tres disparos: uno en el pecho, otro en el costado -y no en la espalda como se creía-, y un tercero a bocajarro en la frente. La realidad es que con el primer y el segundo disparo ya fueron suficientes; debió tardar 20 minutos en morir, y desde luego no podría moverse, con lo que el tercero y de remate fue perimortem. Y sobre su intento de revivir en el agua helada moviéndose, fue una versión épica explicada por el propio Yusupov en un libro que publicó en París varios años después de ser exiliado por el zar Nicolás II cuando su sobrino político y el resto de conjuradores confesaron el crimen.
Sin embargo, otro documento publicado también por National Geographic y que recoge investigaciones de la BBC, sugiere que los verdaderos artífices del asesinato de Rasputín no eran sólo los tres antes mencionados, sino el MI6. Inglaterra era uno de los principales contendientes en "la Gran Guerra", y hay artículos que sostienen que, durante los días en los que se desarrolló esta conjura y asesinato de Rasputín, oficiales del servicio secreto británico destacados en Rusia recibieron ordenes de acabar con su vida.
El motivo, el mismo que Yusupov y sus conspiradores perseguían, eliminar al que estaba convenciendo a los zares de abandonar la Guerra. Algunos escritos especulan que el último disparo -el de la frente- fue efectuado no por una Browning, sino por el arma reglamentaria del MI6 en aquella época, una Webley. Es tan solo una teoría, pero de haber ocurrido así y de haberse sabido, podría haber tenido serias repercusiones para el desarrollo del conflicto. Así que probablemente, las historias sobre las muchas muertes de Rasputín no fuesen más que una elaborada y tétrica cortina de humo (como la mayoría del resto de su leyenda) para desviar la atención de una posible injerencia extranjera en la política interna de la Rusia de los Zares.
Imágenes del artículo: Wikimedia Commons
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