Raro es el día en que alguien no saca su teléfono móvil, toma una fotografía con él, y la publica en las redes sociales o la comparte con sus amistades en varios medios. El hábito de fotografiarlo todo sería mucho menos común si tuviéramos que emplear cámaras tradicionales, por no hablar de que es algo más caro si tenemos que llevarlas a revelar (y tener un cuarto de revelado en casa tampoco es barato).
El caso es que el boom de la fotografía digital, tan presente en las redes sociales, no se lo debemos a que los fabricantes de móviles ya supieran que el acto de sacarle foto a todo lo iba a petar, sino a la NASA. Concretamente, a una de las primeras misiones interplanetarias con el objetivo de llegar físicamente a la superficie de otro cuerpo celeste: Marte.
El sensor CMOS, miniaturizar al extremo una lente de cámara
En 1990, Eric Fossum, ingeniero del Jet Propulsion Lab (JPL), recibió el encargo de conseguir que una cámara de alta resolución de la época pudiera caber en un espacio no mayor que el que ocuparía una taza de café, para ser incorporado en las primeras sondas que se mandaron al planeta rojo con las que tomar imágenes de su superficie. La tecnología mayoritaria en aquel momento era el CCD. El problema es que requería de fabricación especializada, no podía reducirse tanto y tenía un elevado consumo energético. Fossum comenzó a experimentar con otro tipo de sensor: el CMOS.
Sus propios compañeros del JPL lo tildaron de idiota al querer apostar por una tecnología que muchos consideraban inferior a la CCD, pero su CMOS-Active Pixel Sensor (o APS), demostró que el consumo era 100 veces menor, y lo que es mas importante, realizaba su propia conversión de imagen analógica a digital; y por supuesto, el dispositivo de captación de imágenes que lo debía integrar ocupaba mucho menos espacio físico.
El caso es que, paralelamente a sus funciones en el JPL, crearon una suerte de "start up", Photobit, que fue la primera en comercializar este tipo de sensores. En ella produjeron los primeros modelos, tanto los usados en las misiones a Marte como los prototipos que años después se instalarían en el grueso de los dispositivos móviles desarrollados a partir de ese momento. Resulta que esta innovación que nadie quiso en su momento marcó el camino a seguir para la industria de los smartphones.
7.000 millones de sensores CMOS que valen un importante premio
Aunque la NASA originalmente no planeara esta explosión de interés por una tecnología que había creado, en 2024 ya circulaban por el mundo más de 7.000 millones de sensores CMOS integrados en dispositivos móviles de lo más comunes; desde Smartphones hasta tabletas o webcams. En esencia, un spinoff tecnológico para una mision al planeta rojo se había convertido en el complemento más ubicuo de toda la historia.
El impacto del CMOS provocó que las redes sociales evolucionaran para incluir la posibilidad imágenes reales tomadas con cámaras de alta resolución que caben en la palma de la mano, y han sido una herramienta tan válida para la cobertura mediática de ciertos eventos o noticias como lo puede ser el equipo que los profesionales usan (no es raro que en muchos noticiarios del mundo se citen hilos de X o de otras redes sociales con vídeo o imagen como fuente primaria por su nitidez y calidad).
Para más inri, la aportación de Fossum no fue la de un "idiota" como muchos le llamaron en el JPL cuando comenzó a desarrollar el CMOS. En enero de 2026 la Academia Nacional de Ingeniería de Estados Unidos le concedió el Premio Draper. Este galardón es considerado por muchos expertos como el equivalente al "Premio Nóbel de Ingeniería" (a falta de que dicha categoría exista en los galardones suecos). Reconocieron su "innovación, desarrollo y comercialización del sensor de imagen de píxel activo" y que ayudó a interconectar de forma más visual a la sociedad. Una parte del premio de 500.000 fue donado por Fossum a organizaciones de ciencias para potenciar el desarrollo de nuevas tecnologías.
Imagen de portada: Brooke Cagle (vía Unsplash)
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