No solo hay gente que piensa que la tierra es plana, hay quien piensa que también es hueca, y allí están Brendan Fraser y King Kong

No solo hay gente que piensa que la tierra es plana, hay quien piensa que también es hueca, y allí están Brendan Fraser y King Kong

Desde la sismología hasta los mitos sobre bases nazis en la Antártida, la Tierra hueca combina historia, literatura y conspiraciones

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Viaje Al Centro De La Tierra
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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Al parecer, aproximadamente entre el 2% y el 10% de los estadounidenses cree que la Tierra es plana. La cifra puede resultar sorprendente en pleno Siglo XXI, habiendo bibliotecas, Internet, e incluso existiendo colegios, pero hay un fenómeno paralelo que pasa más desapercibido: la creencia en una Tierra hueca. Aunque el porcentaje de seguidores probablemente sea similar o incluso menor, la fascinación que genera esta teoría viene de lejos. Hay una explicación: una encuesta de 2022 del Carsey School of Public Policy encontró que alrededor del 10% de los encuestados en EE.UU. creía en teorías conspirativas científicas, desde la falsificación de los alunizajes por parte de la NASA hasta la implantación de microchips a través de las vacunas. 

La idea de una Tierra hueca nace en el siglo XVII: Edmond Halley propuso un modelo de esferas concéntricas para explicar las anomalías magnéticas

Esta cifra puede parecer anecdótica, pero en realidad es mucha gente y revela un dato fascinante: en plena era digital, millones de personas siguen convencidas de que bajo nuestros pies se extiende un mundo oculto habitado por civilizaciones avanzadas, dinosaurios y platillos volantes. La verdad, poco nos pasa. La teoría de la Tierra hueca no es solo una curiosidad histórica: es un caso perfecto para entender cómo nacen, evolucionan y persisten las teorías conspirativas. En un momento donde la desinformación se propaga más rápido que nunca, y con la cantidad de historias locas nuevas que podemos inventarnos: ¿por qué seguimos fascinados por mundos subterráneos?

Tierra Hueca 5

El origen de la Tierra Hueca

La idea de una Tierra hueca nace en el siglo XVII como una especulación científica más que como una afirmación empírica. Edmond Halley, el famoso astrónomo que dio nombre al cometa más famoso, propuso un modelo de esferas concéntricas para explicar las anomalías magnéticas observadas en la Tierra. Su hipótesis surgía de un contexto de conocimiento limitado sobre la estructura interna del planeta, y aunque ingeniosa, pronto quedó obsoleta con los avances de la geodesia y la sismología. No pasa nada, así es la ciencia y así es como avanza. Halley pensaba que las variaciones del campo magnético podían explicarse con múltiples esferas huecas, una idea que, con los datos actuales, sabemos que carece de fundamento, pero que en su momento abrió la puerta a siglos de especulación y creatividad.

A principios del siglo XIX se promovieron conferencias y expediciones para demostrar que existían aberturas polares que permitían acceder al interior de la Tierra

Durante los siglos XVIII y XIX, la hipótesis científica inicial se transformó en un terreno fértil para la literatura de aventuras y la pseudociencia. Experimentos geodésicos como los de Pierre Bouguer o el experimento de Schiehallion demostraron que la Tierra tenía una densidad incompatible con cavidades habitables, pero la idea era demasiado buena como para dejarla morir y se trasladó al fértil terreno de la ficción. Autores como Julio Verne con su Viaje al Centro de la Tierra o Edgar Rice Burroughs con Pellucidar convirtieron la noción de un mundo subterráneo en un subgénero de aventuras, lleno de dinosaurios, civilizaciones antiguas y paisajes imposibles. Paralelamente, figuras como John Cleves Symmes Jr., a principios del siglo XIX, promovieron conferencias y expediciones para demostrar que existían aberturas polares que permitían acceder al interior de la Tierra. Symmes no solo difundió la teoría: la convirtió en un fenómeno cultural y propagandístico que aún hoy resuena en la imaginación colectiva, y que como otras teorías parecidas, van de la mano de creencias como la teosofía y ariosofía, que ya os imagináis por dónde tiran.

Tierra Hueca 7 Diagrama de la tierra Hueca inspirado pro el concepto hebreo de "Sheol"

El siglo XX llevó la Tierra hueca hacia un territorio todavía más extraño: el pulp, el esoterismo y la ufología. Richard S. Shaver presentó en las páginas de Amazing Stories relatos sobre razas subterráneas, los Deros y Teros, como si fueran experiencias vividas, mientras Raymond W. Bernard consolidaba una narrativa moderna que mezclaba la Tierra hueca, OVNIs y reinterpretaciones de expediciones polares. La Tierra hueca dejaba de ser una simple curiosidad científica para convertirse en un símbolo de misterio y conspiración, como ocurría con los OVNIS en paralelo a la carrera espacial, capaz de absorber cualquier elemento fantástico o marginal de la cultura contemporánea.

No podemos ignorar otro hecho que ayudó mucho a que esta teoría echara raíces en algunos contextos muy concretos. Algunas teorías vinculan la Tierra hueca con la Biblia sugiriendo que ciertos pasajes sobre "los abismos de la Tierra", el "Sheol" o lugares subterráneos donde habitan los muertos podrían interpretarse literalmente como referencias a un mundo interior habitado, conectando así narrativas religiosas con la idea de cavernas y civilizaciones ocultas bajo la superficie. Claro, cuando te tomas muy en serio estas narrativas religiosas, pues tienes que ir hasta el final, no te puedes creer unas cosas sí y otras no. No es así como funciona la fe, ¿verdad? tienes que comprar todo el pack. El caso es que estas interpretaciones suelen formar parte de corrientes esotéricas que mezclan religión, misticismo y pseudociencia.

Richard E Byrd Richard E. Byrd. Foto: N. G. Thwaites—Hulton Archive/Getty Images, vía www.britannica.com

Expediciones reales y reinterpretación mitológica

Las exploraciones polares del siglo XX, desde Amundsen hasta Shackleton y Scott, cartografiaron regiones antes desconocidas, pero nunca encontraron entradas a un mundo interior. La famosa Operación Highjump de la marina estadounidense que tuvo lugar entre 1946 y 1947 con Richard E. Byrd al mando, tuvo un curioso papel en toda esta historia. La misión tenía objetivos claros: establecer la base Little America IV, entrenar en condiciones extremas y cartografiar la Antártida. Que además sirviera para establecer la presencia estadounidense en el continente antártico y prevenir que potencias comunistas, especialmente la Unión Soviética, accedieran a territorios o recursos estratégicos, imagino que fue una simple coincidencia. La operación militar y el papel de Byrd fue tremendamente publicitada, de dominio público, y documentada en todos sus detalles, pero los conspiranoicos reinterpretaron sus vuelos y mapas como evidencia de la existencia de un mundo subterráneo.

Los mitos sobre Byrd incluyen textos que supuestamente describen vuelos más allá del Polo y descubrimientos de amplias zonas de terreno bajo el hielo cubiertas de exultante vegetación con climas tropicales y, rizando el rizo, civilizaciones intraterrestres. Sin embargo, investigaciones periodísticas e históricas han demostrado que estas versiones son falsificaciones o reinterpretaciones sin base documental verificable. Claro, la respuesta fácil es que en realidad existen poderes ocultos interesados en que no se sepa la verdad, pero ya entramos en el terreno de los chips en las vacunas, el control mental en el G5 del teléfono y los chemtrails. 

Otras misiones militares y científicas, así como presuntas bases nazis en la Antártida, también han formado parte de esta ensalada de ideas, mezclando hechos con especulación para crear narrativas sensacionalistas que no resisten un examen riguroso, pero que nos han dejado en herencia películas tan estupendas como La Cosa.

La Cosa Imagen de La Cosa

Hoy en día, la Tierra hueca sigue apareciendo en teorías alternativas y esotéricas. Agartha, Shambhala y otros reinos intraterrestres surgen de tradiciones decimonónicas y se mezclan con la New Age y la ufología. OVNIs intraterrestres y bases secretas bajo el hielo son temas habituales en internet y documentales sensacionalistas. Incluso el nazismo esotérico se ha vinculado con supuestas expediciones a la Antártida, uniendo la teoría de la Tierra hueca con conspiraciones históricas, aunque ampliamente desacreditadas. 

Los mitos sobre Byrd incluyen textos que supuestamente describen vuelos más allá del Polo y descubrimientos de amplias zonas de terreno bajo el hielo

Socialmente, estas narrativas crean comunidades de creencia alternativa y fomentan la desconfianza hacia las instituciones científicas y gubernamentales. No quiero decir que las instituciones no manipulen la información y que la deformación de la realidad no esté sujeta a intereses, pero no creo que el punto de interés esté en ocultar la existencia de los supervivientes de la Atlántida en ciudades ocultas bajo el hielo polar. En el ámbito espiritual, estos supuestos extraterrestres se presentan como guías o custodios de sabiduría, integrándose en prácticas sincréticas. ya sabéis, Hermandades Blancas o reptilianos, según con quién hables. Políticamente, las teorías pueden ser instrumentalizadas para justificar agendas anticientíficas o extremistas, convirtiéndose, aquí sí, en vectores de desinformación y manipulación.

El esqueleto de la teoría de la Tierra hueca no se sostiene ante la evidencia moderna. Las ondas sísmicas muestran que la Tierra está formada por capas bien definidas: corteza, manto, núcleo externo líquido y núcleo interno sólido. Como decía al principio: lo que te enseñan en el colegio. No hay registro de cavidades gigantes habitables. Además, los modelos físicos y termodinámicos sobre convección del manto y generación del campo magnético confirman que un "sol interior" estable y un espacio habitable contradice la física de materiales y la termodinámica. Evaluaciones epistemológicas indican que las versiones modernas combinan anécdotas, falsificaciones y reinterpretaciones de expediciones, careciendo de metodología reproducible y evidencia verificable; en pocas palabras, son pseudociencia. Pero bueno, si tenemos en cuenta que a día de hoy hay que convencer a la gente de que la tierra no era plana y que la gravedad es una fuerza fundamental de atracción mutua entre objetos con masa o energía, esencial para la estructura del universo y la vida, que curva el espacio-tiempo según Einstein, y que realmente existe, pues a lo mejor lo de que la Tierra no está hueca también resulta difícil.

Godzilla Kong King Kong, Rey de la Tierra Hueca

La Tierra Hueca no es real, pero sí muy divertida

Aunque la Tierra hueca no exista, su influencia cultural es monumental. En literatura clásica, Verne y Burroughs convirtieron la idea en aventuras épicas llenas de dinosaurios y civilizaciones perdidas. El pulp norteamericano y autores como Bradshaw o Emerson continuaron el legado con mundos subterráneos y sociedades secretas. En cómics, DC y Marvel reinterpretan la noción con lugares como Skartaris o la Tierra Salvaje, mientras que Hellboy y otros títulos incorporan razas ancestrales y mundos ocultos. 

El cine y la televisión contemporáneos también se han apropiado del motivo. El MonsterVerse, especialmente con las últimas películas de Godzilla y King Kong, usa la Tierra hueca como ecosistema interior de los Titanes, explorando túneles subterráneos y civilizaciones perdidas. Películas de aventuras y ciencia ficción, desde En el corazón de la Tierra hasta City of Ember, continúan explotando el mito, mientras videojuegos y animes como Hollow Knight, Made in Abyss o Gurren Lagann lo transforman en metáforas de exploración, crecimiento y peligro. Incluso franquicias como Final Fantasy o Matrix aprovechan niveles subterráneos y civilizaciones antiguas para sus historias. La lista es prácticamente interminable.

El descenso al interior de la Tierra funciona simbólicamente como metáfora del inconsciente, crítica social o búsqueda utópica. No es nada nuevo tampoco: el descenso de Ulises al Hades o su entrada en cuevas y mundos subterráneos podrían considerarse prefiguraciones literarias de la idea de un "mundo interior" oculto bajo la superficie de la Tierra. Pero ahí ya empezamos a adentrarnos en sistemas ocultistas y corrientes esotéricas como el Rosacrucismo y Hermetismo, y no es cuestión de abrir ahora ese melón. Estas narraciones representan un viaje al interior, al desconocido y lo misterioso, un motivo que siglos después inspiraría la noción moderna de la Tierra Hueca como un espacio oculto poblado por seres o civilizaciones secretas.

La ficción permite explorar miedos y esperanzas sobre lo desconocido, reforzando que, aunque científicamente inviable, la Tierra hueca sigue siendo un terreno fértil para la imaginación. La persistencia de la Tierra hueca en nuestra cultura demuestra cómo una idea científica descartada puede convertirse en mito, literatura y entretenimiento. La Tierra hueca es, en definitiva, una idea con raíces históricas en la especulación científica que evolucionó hacia la ficción, el esoterismo y la pseudociencia. 

No existe evidencia verificable que respalde la existencia de cavidades habitables o civilizaciones intraterrestres; la sismología y la geofísica modernas describen una Tierra por capas incompatibles con esas hipótesis. Sin embargo, culturalmente la Tierra hueca sigue siendo poderosamente atractiva: alimenta historias, metáforas y subculturas. Nos recuerda la fascinación por lo oculto, lo imposible y lo desconocido en un planeta que parece habernos quedado pequeño y en el que ya no hay espacio para el misterio o la leyenda. Es una idea no se extingue con los hechos, sino que se transforma con el tiempo.

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