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Ocho años antes de la guerra con Rusia, las noches de fiesta de Ucrania hacían llorar a las de Ibiza

La contracultura ucraniana surgió como herramienta de apoyo del Euromaidan de 2014

Ocho Anos Antes De La Guerra Con Rusia Las Noches De Fiesta De Ucrania Hacian Llorar A Las De Ibiza
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Alberto Moral

Editor - Guías
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Alberto Moral

Editor - Guías

Antes de que estallara la guerra con Rusia, Ucrania era uno de los destinos preferentes para los amantes de lo que se conoce popularmente como "la fiesta loca". El clubbing del país del este se convirtió en referencia para todo el continente, llegando a rivalizar con lo que se puede ver en localidades asociadas a las grandes fiestas nocturnas del fin de semana como Ibiza

Sin embargo, este movimiento no surgió solamente por aumentar el interés turístico de Kiev o sus otras principales ciudades; había un trasfondo político detrás de esta campaña de promoción de la rave ucraniana: el Euromaidan de 2014, aunque las raíces de este auge también se pueden rastrear hasta los 90, durante los primeros años que siguieron a la disolución de la U.R.S.S.

El clubbing post soviético, y su auge con el Euromaidan

Tras la caída del muro de Berlín, la modalidad rave de fiesta nocturna se expandió como la pólvora por los antiguos territorios de la Unión Soviética. Los jóvenes de dichos territorios comenzaron a ir en masa a locales de ocio nocturno y discotecas no sólo para celebrar el fin del comunismo duro que imperaba en la zona más oriental del continente. También era una forma de transformar el ocio que había sido mucho más contenido y "regulado". Es lo que antropólogos como Alexei Yurchak definen como la rave transformadora, la fiesta como espacio donde una generación reescribía en silencio los códigos heredados del Estado sin necesidad de un discurso político explícito.

No obstante, esta corriente de ocio nocturno no alcanzaría su pico hasta 2014, cuando tuvo lugar el Euromaidan. Locales como Closer (antigua fábrica soviética de Podil rehabilitada como local de ocio nocturno), o el colectivo Cxema, nacido en plena revolución para llenar el vacío de alegría que dejaba el trauma político, convirtieron la pista de baile en un espacio de identidad. El objetivo era distanciarse política y culturalmente de Rusia. Cuando la policía intentó cerrar Closer tras la caída de Yanukóvich, una rave de protesta frente al Gobierno le obligó a reabrir.

El contexto no era solo de liberación política, también social. El mejor ejemplo fue la rave de Veselka. Destinada al público queer (aunque no se restringió el acceso a nadie) su mantra era la liberación en el sentido más amplio del concepto -muy marcado también por la escena nocturna berlinesa, e incluso se animaba al destape parcial de los asistentes. Comenzó con apenas unos cientos de personas, y en solo medio año los clubes que albergaban fiestas de ese tipo mostraban largas colas para acceder.  En el caso de Kiev, lo que destaca fue la velocidad y la politización directa del proceso, que a diferencia de Ibiza donde se producen como reclamo turístico, en Ucrania su propósito es casi totalmente político y de reivindicación.

Ni la guerra puede detener esta forma de reivindicación

Se podría pensar que el estallido de la guerra en 2022 frenaría estas actividades, pero no tanto como cabría esperar. Lo que hizo fue redefinir el espíritu de estas fiestas nocturnas. De hecho, varios clubes pasaron a funcionar como refugios cuando los tanques se acercaban a la capital, y la escena retomó después su actividad con fiestas diurnas destinadas a recaudar fondos para el ejército. 

Estudios como los de Marco Biasioli y Thomas Drew sobre música ucraniana en tiempos de guerra documenta señalan además cómo artistas y colectivos asumieron de facto el papel de embajadores culturales ante la ausencia de una estrategia estatal coordinada. Incluso existen tesis de máster como la de Melvin Laur (HEC Montréal) que apuntalan la fiesta como acto político, reconstruida a través del discurso de los propios colectivos organizadores.

Lo mas llamativo es el precedente de encaje regional de la zona: la literatura sobre ciudades postsocialistas del sureste de Europa, con Cluj-Napoca como caso de estudio, describe un patrón similar de generaciones sin memoria directa del socialismo de Estado experimentando con nuevas formas de sociabilidad nocturna. Lo que distingue a Kiev dentro de ese patrón es la urgencia: no fue una generación que se alejaba en abstracto de su pasado soviético, sino una escena que se definió activamente contra un vecino concreto en plena escalada de conflicto.

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