En una escalada cada vez más evidente en la que China quiere plantar cara a la hegemonía militar de Estados Unidos, el desfile militar de la Plaza de Tiananmén de Pekín ha dejado clara una cosa: las guerras ya no se libran a base de fuego y acero. La marcha más ambiciosa hasta la fecha del país asiático no sólo contó con la presencia de líderes como como Vladimir Putin y Kim Jong‑un, también con un salto tecnológico donde la potencia pasaba a un segundo plano para convertir al software en protagonista.
Custodiados por los nuevos lobos robot, unos drones terrestres de 70 kg y preparados para realizar reconocimientos, transportar mercancías e incluso entrar en combate, el ejército de China mostró también nuevos misiles intercontinentales con ojivas nucleares, submarinos inteligentes no tripulados, y drones de ataque furtivo destinados a acompañar y servir de apoyo a sus aviones tripulados. Sin embargo, lo más peligroso de toda esa fuerza de ataque no es la potencia en sí, sino el programa de innovación tecnológica que lo apoya.
China apuesta por la fusión de lo civil y lo militar
En una estrategia poco común hasta la fecha, donde las innovaciones venían de la mano del propio gobierno, China ha reconocido haber adjudicado el 85% de sus contratos relacionados con IA militar a universidades y empresas civiles. La idea detrás de esta fusión entre lo civil y lo militar parte de acelerar lo máximo posible una carrera en la que la innovación lo es todo, lo que le confiere una ventaja importantísima frente a países como Estados Unidos más estancos respecto a la procedencia de su tecnología y software.
Si bien ejemplos como el del LY-1, un arma láser capaz de inutilizar equipamiento enemigo o cegar sensores a distancia, se convierten en aliados primordiales en los conflictos actuales, de nada serviría todo ese despliegue de fuerza sin la gestión adecuada. Justo ahí entran las unidades de ciberespacio y apoyo informático que, alzadas sobre los hombros de la inteligencia artificial, permiten llevar la comunicación entre tropas y armas a un nuevo nivel.
La intención de estos sistemas de software autónomos no sólo pasa por dejar en un segundísimo plano a los soldados convencionales, sino también a su cadena de mando. China quiere que sus decisiones se tomen en nanosegundos en vez de tener que lidiar con aprobaciones que pueden alargarse de forma ineficiente, y aunque es evidente que dejar todo en manos de una inteligencia artificial plantea no pocas dudas, saben que la verticalidad que mantenía hasta el momento la jerarquía del país asiático ha dejado de ser una opción.
Imagen | Skynews
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