Cuando instalaste la cámara de seguridad para vigilar el portal o los alrededores de tu casa probablemente no pasó por tu cabeza que iba a convertirse en un activo de guerra. Los últimos análisis de lo ocurrido en Irán, en cambio, muestran una realidad completamente distinta a la planteada en su momento, una que ya dejó entrever Ucrania cuando se inició su conflicto.
Tal y como recoge una reciente investigación de ciberseguridad, el acceso no autorizado a cámaras de seguridad privadas y públicas durante las últimas semanas no sirvió como una forma de espionaje clásico, sino con la intención de analizar daños en combate y corrección de objetivos balísticos en ocasiones en las que el resto de sistemas permanecían cegados.
Las cámaras de seguridad privadas como arma en Irán
El informe, que destaca cómo varios grupos de hackers habrían vulnerado la seguridad de cámaras IP en países como Israel, Qatar, Bahréin, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, Chipre y Líbano, asegura que la coincidencia entre estas intrusiones y los posteriores ataques de misiles y drones iraníes no son casualidad.
La técnica en realidad no es nueva. Durante los últimos cuatro años, la invasión de Ucrania ha provocado accesos no autorizados por hackers rusos que aprovecharon estas cámaras de seguridad para monitorizar zonas a atacar, a veces incluso subiendo la señal a YouTube para seguir en tiempo real la situación, redirigir ataques y controlar qué daño causaban los mismos. Los ataques de Israel a la cúpula de Irán, sin ir más lejos, siguieron el mismo patrón.
Para quienes tengan cámaras de seguridad WiFi en casa, las recomendaciones de los fabricantes pasan por modificar las contraseñas para no mantener las que vienen por defecto, mantener actualizado el firmware para evitar vulnerabilidades, o incluso utilizar las cámaras tras una pasarela VPN que evite un acceso directo.
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