Los fans de Batman han visto al Joker morder el polvo en más de una ocasión. En cómic, en cine, incluso en finales ambiguos que todavía hoy generan debate. Desde El Regreso Del Caballero Oscuro de Frank Miller hasta la caída del villano en la película de Tim Burton, pasando por la inquietante última viñeta de La Broma Asesina, la muerte del Príncipe Payaso del Crimen no es territorio inexplorado. Pero lo que ha ocurrido ahora en la continuidad oficial de DC tiene un matiz diferente. Porque esta vez no hablamos de un universo alternativo ni de un "Elseworlds". Es canon. Y es incómodo.
Aviso de spoilers: A continuación se revelan detalles clave de DC K.O. #4, publicado recientemente en Estados Unidos. Si quieres llegar sin información previa, este es tu punto de salida.
Un torneo mortal para decidir el destino del universo
Según recoge CBR, el cuarto número del evento orquestado por Scott Snyder (con arte de Javi Fernández) confirma algo que durante casi 87 años ha sobrevolado el mito del Caballero Oscuro: si Batman hubiera querido, podría haber matado al Joker hace mucho tiempo. Y ahora sabemos exactamente en qué circunstancias lo haría.
DC K.O. gira en torno a una premisa potente: un torneo interdimensional donde héroes y villanos combaten a muerte para convertirse en King Omega, el único ser capaz de desafiar a Darkseid. El premio no es simbólico: quien gane podrá reescribir la realidad a su antojo. En el número 4 llegamos al tramo decisivo. El llamado "Final Four" enfrenta a Superman, Wonder Woman, Joker y Lex Luthor contra la Trinidad del Universo Absolute, versiones futuras de Superman, Wonder Woman y Batman, bajo la influencia de Darkseid. Todo parece inclinarse hacia el caos cuando el Joker traiciona a su equipo y cambia de bando. Y entonces regresa Batman.
Si seguiste DC K.O.: Knightfight, sabes que Bruce hizo trampas. En el primer número fue empalado por el Joker directamente en el corazón. Pero su traje incluía un sistema de contingencia que lo teletransportaba fuera del torneo al morir. Eso es muy antiportivo, pero, bueno, es Batman. El ente que controla la competición, el Corazón del Apocalipsis, lo sometió a simulaciones donde tuvo que enfrentarse a versiones adultas de los Robins, culminando en un duelo con Damian Wayne. Bruce supera la prueba. Y vuelve. Su regreso no es épico ni grandilocuente: es quirúrgico. Se enfrenta al Joker y lo atraviesa por la espalda, replicando exactamente la forma en la que él fue asesinado. Sin discurso. Sin vacilación. Lo más perturbador no es el acto en sí, sino la facilidad con la que lo ejecuta. El mensaje es claro: siempre pudo hacerlo. Vamos, que es lo que todo fan de Batman sabe de siempre: que Batman no ha matado al Joker antes porque no ha querido.
Con Batman de vuelta, los héroes resisten lo suficiente para que Superman rompa el control de Darkseid sobre Booster Gold. Pero el verdadero giro llega después, cuando Darkseid aparece y arrasa con casi todos, Lex Luthor comprende la verdad: el torneo necesita un vencedor. Y actúa en consecuencia. Lex mata a Superman, y así se convierte en King Omega. El nuevo "dios" del Universo DC deberá enfrentarse en el próximo número a Darkseid en combate directo. Aunque el epílogo sugiere que puede haber un tercer jugador en la partida: Time Trapper, una evolución futura de Doomsday.
Mientras tanto, descubrimos que Darkseid trasciende el tiempo, pasado, presente y futuro, y que su influencia sobre el Universo Absolute crece con los años, controlando incluso versiones futuras de su Trinidad hasta que decide liberarlas. Un movimiento que deja claro que, para él, el torneo nunca fue más que un trámite. "Darkseis es".
La única excepción al código
Lo relevante aquí no es solo que Batman mate al Joker. Es el contexto. En un torneo donde la muerte es una regla explícita y donde el ganador puede restaurar la realidad, el peso moral cambia. ¿Justifica este cálculo estratégico que Batman se salte su principal línea moral? DC establece oficialmente que existe un escenario dentro del canon principal en el que Bruce Wayne rompe su norma. Esto redefine el debate que lleva décadas dividiendo a los lectores: Batman no mata porque no quiere, por si quedaba alguna duda.
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