No me gusta estar de acuerdo con James Gunn, pero ha recomendado un cómic de superhéroes policías que yo también creo que deberías leer

No me gusta estar de acuerdo con James Gunn, pero ha recomendado un cómic de superhéroes policías que yo también creo que deberías leer

Cuando los superhéroes fichan al entrar y salir del trabajo: Top 10 de Alan Moore, una obra que mezcla sátira social, burocracia y crítica al mito heroico clásico

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Chema Mansilla

Editor - Cine y TV

Respeto a James Gunn como creador, eso lo tengo bastante claro desde hace tiempo. Sus películas de Guardianes de la Galaxia me parecen de lo mejor que ha hecho Marvel, con ese equilibrio tan suyo entre humor, emoción y un punto de caos controlado que funciona mejor de lo que debería. Su reciente aportación a la mitología cinematográfica de Superman reciente, en cambio, no terminó de convencerme como película, aunque entiendo perfectamente lo que quiere hacer con el personaje, y creo que es algo muy necesario a día de hoy. De verdad, lo respeto, incluso cuando no conecto con el resultado final. El problema es otro completamente distinto.

El problema es el personaje público que parece haberse construido alrededor de él, como si la figura del creador estuviera envuelta en un celofán brillante como un caramelo, tal vez un poco demasiado consciente de sí mismo. Pero es algo muy personal, insisto. El caso es que precisamente por eso me ha fastidiado estar de acuerdo con una de sus últimas recomendaciones en redes sociales. Porque ha señalado un cómic muy poco conocido que yo también considero más que recomendable. 

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Alan Moore y el cómic que no debería pasar desapercibido

El cómic en cuestión es Top 10, de Alan Moore y Gene Ha, una obra que sin ser de sus trabajos más famosos a mí me parece de los más interesantes, como casi todos los que publicó dentro del sello ABC. Cuando empezó a publicarse en el mercado estadounidense yo trabajaba fines de semana en una tienda de cómics, y literalmente me dejaba allí todo lo que ganaba para comprar de importación estos tebeos. Hacía lo mismo con La Liga de los Caballeros Extraordinarios o con Tom Strong. Por algo no es buena idea que la gente con problemas de bebida trabaje en un bar, o con problemas d ejuego en un casino. Yo tengo un problema con Alan Moore, y es que me gusta prácticamente todo lo que hace. O al menos, me parece interesante… Porque la verdad es que Lost Girl no me entra. 

Top 10 es una especie de realismo burocrático aplicado a lo imposible

El caso es que Top 10 seguramente sea un cómic desconocido para muchos aficionados, pero creo que es una lectura que merece mucha más atención, así que me alegro que Gunn se la haya dado y que la haya colocado en el escaparate social. seguro que Moore no se alegra tanto, pero bueno, eso ya es cosa suya. Y aquí es donde empieza lo interesante de verdad, porque Top 10 no es solo una rareza dentro de la bibliografía de Moore, sino una pieza clave para entender su evolución. Es una obra que se sostiene sobre una idea tan simple como brillante: ¿qué pasa si todo el mundo tiene superpoderes? A partir de ahí, Moore construye Neópolis, una metrópolis donde la excepción es no ser extraordinario, y donde la vida cotidiana sigue siendo, paradójicamente, tan burocrática como siempre.

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La estructura del drama policial frente a la epopeya superheroica

Aquí es donde Top 10 juega su carta más inteligente, porque no se comporta como un cómic de superhéroes tradicional, sino como un drama policial en toda regla. Moore toma la épica desmesurada del género y la encierra dentro de los límites de una comisaría, como si la fantasía tuviera que pasar primero por ventanilla a sellar por triplicado unos impresos antes de convertirse en la narrativa que uno espera de una propuesta de cantidades ingentes de superhéroes. La Comisaría 10, apodada con toda la ironía del mundo como "Top 10", funciona como un organismo administrativo que intenta mantener el orden en un entorno donde lo imposible es rutina diaria.

Neópolis es, en el fondo, una ciudad que funciona exactamente igual que la nuestra, solo que con más capas de absurdo

Esta estructura de rizar el rizo el género policial me recuerda inevitablemente a ese gag recurrente de Los Simpson sobre "policías polis", pero llevado a un extremo casi filosófico muy del rollo de Moore. Aquí no hay dioses salvando universos cada cinco páginas, sino agentes que fichan, rellenan informes y discuten jurisdicciones interdimensionales mientras intentan resolver incidentes absurdamente cotidianos. Es imposible no pensar también en el espíritu de Canción triste de Hill Street, donde el caos urbano se filtraba a través de procedimientos policiales humanos y desgastados. Moore tiene capacidad tremenda para trabajar con esos escenarios donde lo sobrenatural no interrumpe la rutina, sino que es la rutina, como ya pasaba con su Hellblazer.

El resultado es una especie de realismo burocrático aplicado a lo imposible. Los superhéroes no están por encima del sistema, sino atrapados dentro de él, y eso cambia por completo la forma en la que entendemos el género. La épica se diluye en formularios, turnos de noche y conflictos laborales que, aunque estén protagonizados por seres con poderes cósmicos, resultan sorprendentemente reconocibles. Y ahí está la genialidad: convertir el mito en tediosa burocracia.

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Neópolis no es solo un escenario, es un experimento social disfrazado de ciudad. Moore construye un entorno donde la diversidad biológica es absoluta, pero donde las jerarquías siguen siendo brutalmente humanas. La existencia de mutantes, robots conscientes y entidades imposibles no elimina la desigualdad, la reorganiza repitiendo los errores de nuestra experiencia diario. Porque uno podría imaginar que en un mundo donde lso dioses (o semidioses) caminan sobre la tierra, todo sería diferente, ¿verdad? Pues no, tienes que domiciliar el IBI de tu Fortaleza de la Soledad o tu Batcueva igual. Eso convierte la ciudad en una exagerada alegoría directa de nuestra sociedad y del capitalismo contemporáneo, donde el valor no depende de lo que eres, sino de lo que puedes producir o representar. Es que Moore siempre tira con bala.

No hay una caída del héroe, porque el héroe nunca fue real en términos éticos

Los seres deformes, marginales o simplemente incompatibles con la arquitectura urbana por ser demasiado grandes, o pequeños, o con demasiados brazos o piernas, quedan relegados a los bordes del sistema. No importa que tengan poderes extraordinarios; si no encajan en el modelo productivo o estético dominante, quedan fuera. Moore utiliza esta lógica para hablar de algo muy reconocible: la exclusión sistemática de quienes no encajan en los parámetros funcionales del mercado. El resultado es un retrato incómodo de una sociedad que ha normalizado la desigualdad incluso cuando la biología debería haberla eliminado. Neópolis es, en el fondo, una ciudad que funciona exactamente igual que la nuestra, solo que con más capas de absurdo visibles en la superficie.

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La falacia del heroísmo corporativo

Si hay un elemento donde Top 10 se vuelve especialmente punzante es en su crítica a las instituciones que controlan el relato del heroísmo. Los llamados Siete Centinelas funcionan como una parodia evidente de los grandes equipos super heroicos tradicionales, pero también como una crítica directa a la construcción mediática del mito, uno de lso caballos de batalla típicos de Moore que vertebra algunos de sus obras más conocidas, como Watchmen y V de Vendetta. No son héroes, sino productos cuidadosamente diseñados, sostenidos por una maquinaria corporativa que manipula la percepción pública. No, todo esto no lo inventó The Boys, solo han sido los que más ruido han hecho,

Moore lleva esta idea hasta un punto especialmente oscuro al revelar que detrás de esa fachada de heroísmo se esconden dinámicas de abuso, explotación y corrupción institucional. Completamente inesperado, ¿verdad?  La obra no se limita a desmontar el mito del héroe, sino que lo ensucia deliberadamente para mostrar cómo se fabrica la autoridad moral. Y lo hace sin necesidad de grandes discursos, sino a través de la propia lógica del procedimiento policial que estructura toda la serie. Lo más inquietante es que la corrupción no aparece como una anomalía, sino como parte estructural del sistema. No hay una caída del héroe, porque el héroe nunca fue real en términos éticos. Solo existía como construcción narrativa útil para sostener una determinada idea de orden social. Y cuando esa construcción se examina desde dentro, lo que queda no es épica, sino control de daños.

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Intentando superar Watchmen

Hablar de Top 10 sin situarlo frente a Watchmen sería quedarse a medio camino. Si Watchmen fue la gran demolición del mito superheroico, Top 10 representa algo más complejo: la convivencia con sus ruinas. En lugar de insistir en el nihilismo o en la descomposición moral absoluta, Moore opta aquí por un enfoque distinto, casi inesperado, donde la vida cotidiana persiste incluso dentro del colapso del ideal. Claro, Watchmen sigue siendo una obra prácticamente insuperable en fondo y forma, pero creo que podemos considerar a Top !0 como una apéndice que señala con un discurso algo más actualizado que el de los últimos años de la década de los 80 los problemas estructurales de nuestra sociedad.

En Watchmen, los héroes eran símbolos rotos atrapados en una maquinaria histórica implacable. En Top 10, en cambio, son trabajadores intentando sobrevivir en una oficina que resulta ser una comisaría interdimensional. Esa diferencia cambia por completo el tono filosófico de la obra: todos podemos disfrutar ya de aquella utopía del neoliberalismo, todos podemos ser el Übermensch de Nietzsche, todos somos superhéroes. Todos podemos ser guapos y ricos, y donde "cada uno tiene las propiedades que se ha ganado". Ya no se trata de demostrar que los héroes son imposibles, sino de aceptar que, incluso si existieran, seguirían teniendo que hacer papeleo y una vida moderadamente miserable, porque el problema nunca ha sido el individuo, siempre extraordinario, sino el sitema. Top 10 no niega la oscuridad de la distopía superheroica, sino que además la lastra con algo inesperado: la rutina. Y en esa rutina, extrañamente, hay más verdad de la que uno esperaría encontrar en un género acostumbrado a los dioses disfrazados. James Gunn te recomienda este tebeo, y yo también.

¿Y tú qué opinas? ¿Conocías ya Top 10, vas a darle una oportunidad? ¿Te basta con que lo recomiendo James gunn (o yo) para no querer leerlo o para comprarlo inmediatamente? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.

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