Llevo desde el viernes con un nudo raro en el estómago: Alan Moore acaba de conceder una entrevista a Observer para promocionar su nuevo trabajo y, cuando le han preguntado por Frank Miller, no se ha andado con rodeos y ha soltado una de las suyas: "Es una de las razones por las que me avergüenza estar conectado con la industria del cómic". Así, a pelo. Con esa sequedad inglesa que Moore convierte en un arte cuando quiere hacer daño.
Miller describía a los manifestantes de Occupy Wall Street como ladrones y violadores, parte de una banda de holgazanes sin oficio ni beneficio
El problema, y aquí empieza mi pequeño drama doméstico, es que Alan Moore y Frank Miller son los dos autores de cómic que más he leído, releído y subrayado en mi vida. Los dos cambiaron lo que yo entendía por narrativa secuencial y sus trabajos son pilares fundamentales de mi personalidad. Los dos publicaron en 1986 sus obras maestras, Watchmen y El regreso del Caballero Oscuro, dos cómics que cambiaron para siempre el la industria del cómic estadounidense, y entre los dos, sin proponérselo, redefinieron lo que un tebeo de superhéroes podía aspirar a contar. Y ahora uno acusa al otro de ser parte del veneno que le ha empujado a abandonar el cómic para siempre. La parte difícil de admitir, la que llevo días masticando, es que creo que los dos tienen razón. Y eso, para alguien que les debe tanto, es un dramita.
El Dark Knight de Frank Miller
Lo que Moore ha dicho ahora viene de muy lejos
Para entender por qué la frase del Observer no es un dardo más en la guerra particular de Moore contra el mundo, hay que retroceder a 2011. Ese año Frank Miller publicó en su blog un texto incendiario titulado "Anarchy" en el que describía a los manifestantes de Occupy Wall Street como ladrones y violadores, parte de una banda de holgazanes sin oficio ni beneficio. Lo escribió en plena resaca de la crisis financiera, justo cuando miles de personas acampaban en Zuccotti Park exigiendo cuentas a la banca, y Miller decidió posicionarse del lado del que siempre se ha situado, ahí no ha engañado a nadie. Moore, anarquista declarado en numerosas entrevistas a lo largo de cuatro décadas y autor de V de Vendetta, contestó tildando el discurso de Miller de misógino, homófobo y fascista en una entrevista memorable concedida a Honest Publishing.
Aquella bronca pública de hace casi quince años sigue coleando. Moore y Miller llegaron a estar en términos cordiales en los ochenta a pesar de sus diferencias, el propio Moore elogió El regreso del Caballero Oscuro en su día, pero esta relación cordial entre los dos quedó prácticamente liquidada en 2011. Conviene contextualizar bien antes de seguir: dos de los autores que reinventaron el cómic adulto a mediados de los ochenta llevan más de una década sin poder estar en la misma habitación. Y este 2026, justo cuando Watchmen y El regreso del Caballero Oscuro cumplen cuarenta años, los dos sacan libros nuevos: Moore con I Hear a New World el 21 de mayo y Miller con sus memorias Push the Wall en julio. El mundillo editorial tiene un sentido del humor cruel.
Imagen de sin city de Frank Miller
Soy fan de Frank Miller, y cada vez resulta más complicado de admitirlo
Como fan todo esto me afecta. Yo soy fan de Frank Miller. Lo soy desde que devoré Born Again. Lo soy desde que descubrí que en Año Uno podía caber toda la mitología de Batman en cuatro números. Lo soy desde que entendí, leyendo Sin City, que el blanco y negro no es la ausencia de color sino la presencia de algo más puro, más esencial, más cercano al expresionismo alemán que a cualquier cómic de superhéroes. También porque tenía un crush con la peña y letal Miho. Los diálogos de Miller se me quedaron grabados como tatuajes mentales: ese "vale la pena morir, vale la pena matar, vale la pena ir al infierno por ello" de Marv en Sin City sigue funcionando como un mantra siempre que necesito recordar lo que es la convicción narrativa absoluta. O el "no hay cadáver" de Kingpin en Born Again. ¿Y qué os voy a decir de Elektra? Vivo siempre bajo la sombra del regreso de Elektra.
Y aquí viene la parte incómoda, la que llevo años intentando articular sin sonar a apologista: hay rasgos del trabajo de Miller que me avergüenzan profundamente. Ya enseñaban la patita en 300, poco después se convirtieron en pura apología. La deriva islamófoba de Terror Sagrado (Holy Terror), por ejemplo, un cómic que él mismo describió como propaganda de guerra tra sel 11-S, los ramalazos reaccionarios que asoman cada vez con menos disimulo en sus últimas obras... No puedo defender eso. No quiero defenderlo. Pero tampoco puedo fingir que no me sigue fascinando su arte, la economía brutal de su línea, la manera en que coloca un personaje en una página para que el espacio negativo cuente la mitad de la historia... Admirar a Miller en 2026 es un ejercicio constante de separar la obra del autor.
Imagen de Daredevil: Born again
Miller ha sido también un cronista lúcido del mundo real
Y sin embargo, y aquí es donde la cosa se complica de verdad, hay algo que casi nadie le reconoce a Miller y que me parece justo subrayar: durante muchos años fue uno de los analistas más afilados del contexto social y político estadounidense desde dentro de un género tradicionalmente conservador. El regreso del Caballero Oscuro es, entre otras muchas cosas, una crítica feroz al Reagan triunfalista de los ochenta y al cinismo mediático de la era televisiva, escrita además por alguien que entendía esa cultura desde dentro. Born Again es una historia sobre la fragilidad del individuo frente al poder corporativo que en 1986 sonaba moderna y que en 2026 suena profética. Incluso Sin City, por más estilizada que esté, es un retrato amargo de una América podrida hasta los cimientos, sin policías honrados ni instituciones funcionales, donde la violencia es el único lenguaje que entienden los poderosos.
Admirar a Miller en 2026 es un ejercicio constante de separar la obra del autor
Lo curioso, y lo que hace que esto duela todavía más, es que muchas de las intuiciones políticas que Miller dejó caer en sus obras de los ochenta y los noventa han envejecido sorprendentemente bien, aunque su autor se haya enrocado en ciertas posturas ideológicas. Cuando releo Año Uno y veo cómo retrata la corrupción policial, el clientelismo municipal y la ineficacia institucional por parte de las élites económicas, me cuesta creer que ese tebeo lo escribiera el mismo señor que años después firmaría Terror Sagrado o que cargaría contra los manifestantes de Occupy. Esa contradicción no le exime de nada, pero tampoco hace que su trabajo pierda valor. El Miller que importa, el que cambió el cómic, era infinitamente más complejo que el señor muy de derechas actual y al que Moore parece despreciar con todas sus fuerzas.
Imagen de Terror Sagrado de Fank Miller
Por otra parte, Alan Moore siempre tiene razón
Lo digo medio en broma y medio en serio, pero más en serio que en broma. Llevo más de treinta años leyendo a Alan Moore y todavía no le he pillado en una. tiene trabajos mejores y peores, cierto. El hombre puede estar equivocado en cuestiones de magia ceremonial, en su devoción por el dios serpiente Glykon (una deidad cuya supuesta existencia el propio Moore considera un fraude documentado del siglo II, lo cual no le impide venerarla con seriedad ritua) o en su decisión de retirarse de hacer lo que mejor sabe hacer, que son cómics de superhéroes, pero cada vez que abre la boca para hablar de cómic, de literatura, de cultura popular o del estado del mundo, suelta un análisis tan preciso que habría que tomar notas. Cuando dice que la industria del cómic es venenosa, no está siendo dramático, está describiendo un sistema que él conoce mejor que nadie y del que ha sido víctima durante cuatro décadas a través de los litigios eternos por Watchmen y V de Vendetta. Cuando dice que el medio le sigue pareciendo glorioso pero la industria le repugna, lo dice por algo.
Moore puede ser muchas cosas, pero gratuito casi nunca lo es
Moore tiene esa habilidad rarísima de ser al mismo tiempo el escritor más erudito de su generación y un señor raro capaz de explicar conceptos hermenéuticos complejísimos. Sus entrevistas son pequeñas conferencias disfrazadas de charla amena, y el lector siempre sale sabiendo cosas que ni sospechaba querer saber. Por eso, cuando un tipo así dice que Frank Miller es una de las razones por las que se avergüenza de pertenecer a la industria del cómic, conviene escucharle hasta el final antes de descartarlo como un viejo gruñón. Porque Moore puede ser muchas cosas, pero gratuito casi nunca lo es. Y desde luego, tonto o gratuito, jamás. Cuando lanza un dardo de ese calibre, hay que asumir que lo ha meditado antes. La pregunta entonces deja de ser si tiene razón y pasa a ser otra mucho más interesante.
Imagen de Daredevil: Born Again
¿Y si Alan Moore tuviera razón pero por las razones equivocadas?
Esta es la pregunta que llevo días dándole vueltas y que creo que merece la pena darle vueltas. Os invito a ello. Que Miller se haya deslizado hacia posiciones reaccionarias es indiscutible. Que algunos de sus cómics contengan los rasgos misóginos, homófobos y fascistoides que Moore le señala es, también, bastante difícil de negar si uno lee con honestidad. Pero la fractura entre ambos no se explica solo por ahí. Hay una diferencia profunda en cómo entienden el oficio, la industria y la responsabilidad del autor que va mucho más allá del eje izquierda-derecha. Moore se exilió del cómic comercial cuando descubrió que las grandes editoriales no iban a devolverle nunca los derechos de sus obras y que el sistema estaba diseñado para exprimir al autor hasta dejarlo seco. Moore no es el único autor que ha spado por la maquinaria industrias de editoriales como Marvel y DC y ha terminado asqueado por la experiencia. Le pasó a Jack Kirby, y a él le debemos nada menos que el núcleo de la mitología del Universo Marvel. Miller, en cambio, abrazó esa misma industria, hizo carrera en ella, escribió y dirigió películas gracias a ella y se convirtió en una figura institucional dentro del mercado, lo cual es una diferencia estructural entre los dos: cobrar royalties de Hollywood y no parar de trabajar incluso cuando tu estado de salud pasa factura implica una posición ética muy distinta a la de quien se autoedita o publica en sellos pequeños tras renunciar al sistema.
Por eso me pregunto si Moore, además de tener razón en lo ideológico, no estará también ajustando cuentas en lo profesional. Miller representa todo lo que Moore renunció a ser. Y eso, para alguien que se exilió del cómic por motivos éticos, debe resultar especialmente difícil de tolerar. No estoy diciendo que su crítica sea menos cierta por eso, ni mucho menos. Estoy diciendo que el distanciamiento ideológico es más complejo de lo que parece, que en este conflicto hay capas profesionales, generacionales y casi existenciales. Reducirlo a "Moore tiene razón" o "Miller es un facha" empobrece una historia que, en realidad, habla de cómo dos genios pueden compartir punto de partida y terminar en planetas distintos.
Imagen de V de Vendetta
Duele, pero seguiré leyendo a los dos
Al final, después de darle muchas vueltas, vuelvo siempre al mismo punto. Que Moore tiene razón en lo que dice sobre Miller, sí. Que Miller, pese a todo lo que ha hecho que como lector suyo no puedo defender ni justificar, sigue siendo uno de los autores que más han cambiado el cómic moderno y que sin él no se entiende ni el Batman contemporáneo ni la Daredevil de Bendis ni las pelis de superhéroes, pues también. Que los dos tienen sus razones, y que reducir esto a un combate de buenos contra malos sería traicionar todo lo que ambos nos han enseñado a través de su obra a no creernos las narrativas fáciles. La cultura popular del último medio siglo se construye también sobre estas contradicciones.
Miller representa todo lo que Moore renunció a ser
Lo único que tengo claro es que voy a comprarme I Hear a New World el 21 de mayo y que las memorias de Miller las tengo reservadas desde hace meses. Voy a leer a los dos con la misma atención y con el mismo cariño, aunque a uno lo lea con más comodidad ideológica que al otro. A veces toca defender a creadores cuyas posiciones políticas detestas y reconocer su grandeza incluso cuando viene envuelta en cosas que te avergüenzan. Sé que Moore no va a perdonar a Miller. Sé que Miller, probablemente, ni siquiera contestará. Tampoco importa, como lector les sigo queriendo a los dos por motivos distintos y sospechando, en el fondo, que esa es la única manera honesta de respetar su trabajo.
¿Y tú qué opinas? ¿A quién quieres más, a papá o a mamá? ¿Eres más de Moore o de Milles?¿se puede ser de los dos y simplemente disfrutar de los buenos cómics? Puedes unirte al servidor de Discord de 3DJuegos y compartir tu opinión con otros fans.
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