De un tiempo a esta parte, reconozco que, gaming o no gaming, solo me interesaban los portátiles estilizados. En este sentido, me llamaba más la gama Zephyrus que la SCAR, tratando de hacer las paces entre peso, estética y potencia. Pero, tras probar el nuevo ASUS ROG Strix SCAR 18, tengo que reconocer que sigue habiendo momentos en los que el tamaño importa. Así que no, el SCAR 18 de 2026 no intenta resolver la misma ecuación que un Zephyrus G16 ni convencerte de que puede sustituir a un ultrabook. Quiere ser un ordenador de sobremesa que te puedes llevar a otra habitación o a cualquier otro lugar.
Y, para estar ante uno de los portátiles más potentes del mundo —si no el que más a día de hoy—, lo consigue gracias a unas especificaciones de locura: una RTX 5090 que rompe los benchmarks, una gran pantalla Mini LED de 18 pulgadas, el procesador portátil más potente y un chasis pensado para que todo el flujo funcione sin limitaciones. Claro que todo tiene un precio. Y en este caso me refiero a los 5.799,99 euros que cuesta la configuración superior.
|
ASUS ROG Strix SCAR 18 (2026) G835LXG |
Características |
|---|---|
|
Procesador |
Intel Core Ultra 9 290HX Plus, 24 núcleos y 24 hilos, hasta 5,5 GHz |
|
Tarjeta gráfica |
NVIDIA GeForce RTX 5090 Laptop, 24 GB GDDR7 y TGP máximo de 175 W |
|
Pantalla |
Mini LED de 18 pulgadas, 3840 × 2400, formato 16:10, 240 Hz, 3 ms, G-SYNC, DisplayHDR 1000, Dolby Vision y 100 % DCI-P3 |
|
Memoria |
32 o 64 GB DDR5-6400 mediante dos ranuras SO-DIMM; ampliable hasta 128 GB |
|
Almacenamiento |
2 o 4 TB PCIe 4.0 mediante dos unidades M.2 |
|
Conectividad |
2 puertos Thunderbolt 5, 3 USB-A 3.2 Gen 2, HDMI 2.1, Ethernet de 2,5 Gb, Wi-Fi 7, Bluetooth 5.4 y conector jack de 3,5 mm |
|
Cámara y sonido |
Cámara FHD con infrarrojos para Windows Hello y sistema de cuatro altavoces con Dolby Atmos |
|
Batería |
90 Wh, cargador de 450 W y carga USB-C de hasta 100 W |
|
Peso |
3,73 kg |
|
Dimensiones |
39,9 × 29,8 × 2,35–3,50 cm |
|
PRECIO |
5.799,99 euros |
Los números no explican del todo lo que supone el equipo. Curiosamente, este SCAR es más manejable de lo que puede parecer en un principio, pese a sus más de tres kilos y medio. No abulta excesivamente sobre la mesa e incluso te puedes permitir manejarlo en algún momento sobre las piernas sin demasiada molestia. Lo mejor es que su panel de 18 pulgadas es perfecto tanto para trabajar como para jugar. Es interesante que ASUS haya optado por un panel Mini LED en lugar de uno OLED. El OLED sigue ganando en tiempo de respuesta y en la perfección de sus negros, pero esta pantalla consigue un nivel de brillo altísimo y un tratamiento de los reflejos sorprendentemente bueno. La capa AGLR permite utilizarla cerca de una ventana sin que se convierta inmediatamente en un espejo.
El HDR es otra de sus fortalezas. ASUS anuncia picos de hasta 1.600 nits y, aunque esa cifra se da en áreas muy pequeñas, la pantalla supera fácilmente los 1.100 nits en una ventana del 10 % y se mantiene por encima de los 900 nits incluso a pantalla completa. Ahora bien, el Mini LED sigue siendo Mini LED. Es una tecnología que a mí me gusta mucho porque tiene un poco de lo mejor de dos mundos, pero en algunas tareas de escritorio el blooming se puede notar, sobre todo con cursores, subtítulos u objetos blancos sobre fondos completamente negros. Hay más de 2.000 zonas de iluminación, pero no millones de píxeles autoemisivos. Es una pantalla excelente, posiblemente una de las mejores que he visto en un portátil gaming, aunque no se puede esperar el aislamiento perfecto entre luz y negro que ofrece un OLED.
Por fuera, el SCAR sigue teniendo aspecto de portátil gaming, pero no tanto como parece una vez que lo tocas. La construcción es sólida y apenas presenta flexión, y el recubrimiento metálico de la tapa le da una sensación premium que otros no tienen, aunque el resto sea de plástico grueso. La superficie suave de la zona del teclado y del trackpad ayuda a este conjunto. Y sí: es grande y aparatoso, pero la decisión se entiende perfectamente por el peso y las necesidades de refrigeración. De luces no se queda corto, aunque también son algo más estilizadas. No pasa por un equipo de oficina, claro, pero tampoco parece una nave espacial abandonada sobre la mesa. Hay una barra RGB alrededor de la base, iluminación por tecla y una matriz AniMe Vision en la tapa.
El teclado es bueno. Tiene un recorrido agradable, buena resistencia y cinco teclas de acceso rápido configurables. También incluye teclado numérico, algo que se agradece con tanto espacio. Sin embargo, creo que ASUS no ha aprovechado completamente el espacio disponible. En un equipo de 18 pulgadas, las teclas principales y el numpad podrían ser más grandes y estar algo mejor separados. No es incómodo, pero podría haber sido mejor. Con el trackpad soy bastante menos indulgente. Funciona correctamente y tiene una superficie amplia, pero continúa utilizando un clic mecánico convencional. En mi opinión, el trackpad sigue siendo una de las grandes tareas pendientes de ASUS, tanto en los Strix como en los Zephyrus, ProArt o Zenbook. En esta gama de precios ya no echo de menos únicamente un mecanismo mejor: echo de menos directamente un trackpad háptico.
Eso sí, hay un detalle de diseño que me parece brillante. Para abrir el portátil basta con deslizar una pestaña inferior, desplazar la cubierta y levantarla. No hacen falta destornilladores, herramientas para hacer palanca ni retirar otras cubiertas. Dentro tenemos acceso directo a los componentes: las dos ranuras SO-DIMM, los SSD M.2 y la batería.
Una bestia desatada
Ahora sí, vamos a ver cómo se comportan sus componentes principales. El Intel Core Ultra 9 290HX Plus es un procesador de 24 núcleos que, ya os digo, ofrece mucho más de lo necesario para videojuegos, pero que sí ayuda a la hora de utilizar otro tipo de herramientas y aplicaciones más centradas en la CPU. Así que no penséis en él únicamente como en un portátil gaming.
Por otro lado, tenemos una RTX 5090 Laptop con 24 GB de memoria GDDR7 y un TGP de 175 W, el máximo previsto para esta GPU. ASUS permite que la CPU y la GPU manejen alrededor de 320 W combinados, con pruebas extremas que han llegado a registrar unos 330 W sostenidos. Para refrigerarlas utiliza una cámara de vapor, metal líquido y tres ventiladores. El resultado es bastante impresionante: la RTX 5090 suele mantenerse entre 65 y 74 °C incluso aprovechando sus 175 W. El procesador es bastante más agresivo y puede superar momentáneamente los 100 °C cuando se le exige el máximo.
Lo importante es que el teclado y la zona donde apoyamos las manos no se convierten en una plancha. El tamaño del chasis permite alejar parte del calor y mantener una experiencia bastante razonable. Eso sí, en el perfil más extremo el ruido llega a casi 60 dBA. Las temperaturas y el consumo están muy bien resueltos, pero los ventiladores siguen siendo un aspecto muy difícil de resolver en los portátiles cuando hablamos de estas exigencias.
Lo bueno es que creo que no hace falta forzarlo tanto, porque exprimir los componentes aumenta bastante el ruido y apenas cambia la experiencia real. En los juegos más exigentes, en vez de seleccionar la resolución nativa, prefiero una máquina algo más silenciosa que aproveche las técnicas de escalado.
007: First Light, por ejemplo, representa muy bien la situación. En su resolución nativa de 3840 × 2400, con todos los ajustes al máximo, el rendimiento se situó normalmente entre 26 y 32 FPS. Al activar DLSS, pasó a unos 70 FPS o más. En Cyberpunk 2077 obtuve 48 FPS en Ultra y resolución nativa, pero solo 23 FPS con ray tracing. Con DLSS 4 en modo Rendimiento, en cambio, ese rendimiento con RT se dispara hasta los 105 FPS. Así que sí: incluso en uno de los portátiles más avanzados, DLSS no es aquí un extra, sino una parte fundamental de la experiencia a altas resoluciones.
Con todo esto, puede parecer que los 240 Hz están de adorno, pero en absoluto. En Counter-Strike 2, Valorant u Overwatch 2 sí podemos acercarnos mucho más. Y tampoco minusvaloremos la experiencia de movernos por el escritorio con esta tasa de refresco, más aún en un equipo que apenas está pensado para usarse desenchufado. Todo ello hace que sea un buen momento para hablar de la batería. Sobre el papel hay 90 Wh y algunas pruebas controladas han obtenido entre cuatro horas y cuarto y cinco horas navegando, reproduciendo vídeo y utilizando perfiles muy recortados. En uso real, lo cierto es que mi experiencia ha estado mucho más cerca de dos o tres horas, incluso desactivando la GPU dedicada y evitando cargas especialmente altas. Así que no esperes demasiado de ella: simplemente te puede resolver algunas tareas sencillas o de navegación, pero ni se te ocurra tratar de jugar con mucha exigencia, porque las matemáticas no van a fallar.
En cuanto a puertos, aquí también se nota el factor premium. Tenemos una conectividad muy completa: dos Thunderbolt 5, tres USB-A, HDMI 2.1, red Ethernet de 2,5 Gb y Wi-Fi 7. Echo de menos un lector de tarjetas, especialmente porque este equipo tiene potencia y pantalla suficientes para atraer a profesionales de la fotografía y la edición de vídeo. La carga de hasta 100 W que admite a través de USB-C puede sacarnos de un apuro o servir para trabajos ligeros, pero no permite obtener el rendimiento completo. Para jugar hay que llevar el adaptador tipo ladrillo de 450 W.
No me gusta esconder el precio en el último párrafo, y por eso lo he mencionado al principio del artículo y en la tabla, pero hay que hablar de los 5.799,99 euros que cuesta en la tienda oficial de ASUS. Es muchísimo dinero. Y, si el objetivo es únicamente jugar, creo que se pueden hacer concesiones respecto a la versión que nos han prestado para analizar. Por ejemplo, la variante con una RTX 5080 te va a ofrecer un coste por fotograma muchísimo mejor. La RTX 5090 tiene sentido para quien quiere el máximo rendimiento posible o incluso necesita sus 24 GB de memoria para algo más que jugar, por ejemplo, para tareas de inteligencia artificial local o renderizado 3D.
ASUS ROG Strix SCAR 18 (2026)
En definitiva, incluso reconociendo que soy más partidario de los portátiles estilizados, este nuevo SCAR 18 me ha hecho replantearme mi postura; no solo por ser uno de los portátiles más potentes actualmente, sino también porque, a pesar de su grosor, es muy estilizado y tiene un tacto agradable. Hay cosas que todavía no me convencen del todo, como el teclado y el trackpad, pero no falla en aquello para lo que fue diseñado: parecer un ordenador de sobremesa dentro de un dispositivo que te puedes llevar contigo. Quizá no sea la mejor opción para llevar todos los días en una mochila, pero sí para que descanse en tu mesa y lo muevas ocasionalmente. Incluso funciona sin necesidad de monitor externo, gracias a esas 18 pulgadas que voy a echar de menos cuando vuelva a las 16 del mío. Es la definición de una estación portátil.
En 3DJuegos | Es el portátil gaming que me compraría, lo que pasa es que cuesta casi 5000 euros. Análisis del ASUS ROG Zephyrus G16
Ver 0 comentarios